| Como para arrancar el año,
me decidí a hacer una
actividad, aparte del trabajo. Claro, sí hago otras cosas.
Pero ninguna física. Desde niña pasé gimnasia
con un 6, de lástima. Carezco de elasticidad, facilidad,
movilidad. Soy una especie de esas tablas de madera donde se apoyan
los quesos, pero sin los quesos. Esas cosas que las ponés
en un lugar, y quedan ahí. Pero el tiempo pasa, el sedentarismo
de la vida cotidiana que te hace apoyar el culo horas y horas,
y gracias a Dios que estoy flaca pero una nunca sabe por cuánto
tiempo. Y empiezo a pensar en el futuro, y me imagino una vieja
que trata de alzar a un nieto sin éxito (puede ser un gato,
o una madeja de lana, también). Sumado a que me puse de
novia y quiero estar más "tonificada", como una
Paso de los Toros. Dios, yo no me puedo creer lo que acabo de
escribir. Me uní al gran sistema de novios. A esa matrix
que siempre odié. Que siempre critiqué. Antes no
podía
entender cómo alguien se podía quedar en casa un
viernes a la noche, mirando tele. Ahora no sólo entendí que
es lindo, sino que lo podés hacer lunes, martes, miércoles,
jueves. Sábado, domingo. Lunes.
Bueno, la cosa es que dije: "ok, gimnasio no". No es
para mi. Es Pachá, pero de día. Odio ese olor. Ese
sudor. Esos anabólicos. Esos gatos que ejercitan el culo
(no confundir con cola, por favor) para después mostrarla
en esos jeans de Kosiuko horribles. Hombres: 12 de cada 10 mujeres
que se viste en Kosiuko despluman billeteras. 14 destrozan familias.
17 sueñan
terminar saliendo con don Macri y heredar la casa en Punta y todos
los camiones de Cliba. No se dejen engañar.
Me fui de tema. La cosa es que empecé yoga. Está buenísimo.
Perdón si ahora esto se vuelve como una especie de speech
de Testigo de Jehová, pero el yoga es más o menos
eso, en un punto. Salís con una paz, una tranquilidad, ahh,
que ni te digo. Y no me siento una inútil: puedo hacer casi
todo, ya. Es lo que necesitaba: gente de todas las edades, que
entran en trance y hacen ejercicios lentamente, todo con los ojos
cerrados. Eso era finalmente lo que no me gustaba de lo demás:
no me gusta ver al otro chivando, y que el otro me mire a mi, más
chivada y que yo lo vuelva a mirar, y que él piense "qué grossos
nos vamos a poner" y que yo piense "cómo me tira
la pierna, carajo. ¿En cuánto terminará esta
mierda? Tengo que ir a Norte antes de que se termine el horario
de envío". En fin, el Yoga no cambió mi vida.
Pero en eso anda.
Para ir redondeando (tengo un Caserta mental que me está haciendo
gestos), me encantaría escribir sobre cosas más interesantes.
Sin ir más lejos, las vacaciones. Pero todavía no
me las tomé. Y no sólo eso, sino que no decidí dónde
ir. Ni cómo. Ni cuándo. Ni con quién. Nada.
Estoy en bolainas. Lo peor, mis compañeros no sólo
ya decidieron, sino que están volviendo todos bronceados
cual ex participante de Gran Hermano, llenos de havaianas y comentarios
como: "Ferrugem es un asco, Praia es lo más", "nunca
alquiles un auto sin aire acondicionado en Salta" o "cuando
llegás al aeropuerto de Rio el olor a es insoportable. Es
como olor a chivo, mezcla con alconafta". Este último
comentario me dio mucha curiosidad por ir a Brasil, definitivamente.
No sé. Por lo pronto sé que me compré una
bikini al pedo.
Laura |