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| "Brrrdon"
en el Salón Pueyrredón |
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La
noche ya venía complicada. Llegué de trabajar a las
12.30 de la noche, con perspectivas de tener que volver a laburar
al otro día a la tarde. Y replanteándome mi existencia
por 789929na vez. No tenía ganas de nada. Abrí la heladera,
y me calenté unos tirabuzones con aceite y queso rallado. Creo,
eran la opción alimenticia más acorde al momento. Puse Across the Universe.
Ese tema siempre me devuelve al lugar donde tengo que estar. Que
en realidad no sé cuál
es muy bien, pero bueno. Me devuelve ahí.
Puse la tele. Estaban pasando otra vez Los Secretos de Lulú.
Vi media escena y la abandoné, y volví a poner música.
Es una de esas pelis que pescás por cable mil veces y nunca
terminás de ver. Me aburre la gente que coje mucho.
Contesté los llamados, que eran uno, pero me gusta llamarlos
en plural así me siento más querida. Quedé en
ir a ver a la banda de unos amigos, pero todo dependía de lo
siguiente: si la colita de cuadril se cocinaba antes de la 1, llegaba
al recital. Si no, me iba directamente a encontrarme con el carlos
de septiembre a las 3.30. (Pasa que mis viejos tocan el timbre a la
1 del domingo, religiosamente. Con una docena de facturas, y el pan.
Lo demás, corre por cuenta mía. Y siempre cocino la
noche anterior). Es así, hay gente que le dedica los domingos
al Señor. Yo se los dedico a mis papás. Es una tarea
bastante parecida.
La colita de cuadril se terminó de cocinar a la 1.30. No llegué
al recital. Mierda. Me cambié, y me fui a buscar al carlos
de septiembre al Salón Pueyrredón. Vivo relativamente
cerca de Pacífico. Y solía vivir mucho más cerca.
No me entusiasma la idea de ir a bailar a un lugar que queda al lado
del Norte donde a la mañana compré tomates a $1,50.
Pero el lugar está bueno. Me hace acordar al antiguo Podestá,
el de Julián Alvarez. Entré y tardé 20 minutos
en buscar al carlos de septiembre. Me tomé mi tiempo de camuflarme
entre la gente. Me gusta eso de mantener mi "anonimato"
por unos minutos más. De estar sola (aunque nunca dejo de estarlo)
en un lugar donde hay gente acompañada. O que al menos cree
estarlo. Había bastante gente. Gente con cara de saber de música.
Y gente que sabe que los demás que están también
saben de música. Y hasta quizás más que ellos.
Chicas vestidas raras. Algunas se daban besos mientras miraban Laberinto.
Qué dulces.
Paso al fondo de todo, y estaba tocando una banda que no llegué
a entender cómo se llamaba. Nunca se les entiende a los cantantes
cuando anuncian a la banda. "Brrrdon", es lo que llegué
a entender. Bastante bonito lo que hacían los chicos. Me cayeron
bien. Tenían remeras lindas. Estaba viendo a la banda, y el
carlos de septiembre me encuentra a mi. Chau soledad. Fuck. Y pasó
lo que me temía: pagué la entrada al pedo, porque me
quedé media hora. En cuestión de segundos nos perdimos
por ahí, haciendo cosas que cuando era chica decía que
hacía la gente grande cuando se quiere. Ahora me doy cuenta
que a veces pueden no quererse tanto. Me despedí del carlos
de septiembre a eso de las 7.20, repitiéndome mentalmente,
como todos los sábados, que tengo que conocer gente nueva.
Al carlos de octubre, por ejemplo. Laura |
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