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Prendo la tele
en mi modesta pero agradable habitación del hospital,
no sé cuánto tiempo tendré que esperar antes de
que me lleven al lugar de los hechos, ya me puse la ropa que me dejaron:
una bata hecha de tela de sábana,
y unas pantuflas sin suela, de la misma tela, que envuelven
los pies y se atan en el tobillo. Por suerte me dijeron que me deje los
calzones puestos. Y según algunos testigos, también llevaba una cofia
en la cabeza como la del gato Tom en camisón de dormir, pero sinceramente
no me acuerdo. Menos mal que la única cámara que hay es para metérmela
adentro de la nariz, no para sacarme fotos.
Quiero ver algo tonto y no pensar. Enseguida
encuentro VH1, este canal es perfecto para encarar con el cerebro a punto
de ser anestesiado, este canal incluso anestesia si uno se expone sin
la protección adecuada a algunos segmentos de su programación.
No lo veía
desde mi semana de vacaciones en la ciudad del fin del mundo donde vive
mi vieja. Después de nosecuántos años mi vieja cambió el
televisor, el televisor siempre había sido moderno en lo de mi
vieja pero en la última década
no había habido actualización alguna. Lo que no se moderniza
es el sistema de cable del fin del mundo. En los últimos
años
la grilla no cambió en nada, ninguna
señal más ni menos y siempre la misma calidad pedorra de imagen
y sonido. El cable se ve como si estuvieras usando de antena una
aguja de tejer y una papa. Allá se
vive a otra velocidad, en el canal del gobierno el conductor del noticiero
es el mismo desde que yo era chico, pasaron como 20 gobernadores,
de todos los colores y acentos (aunque el cordobés
se repitió bastante) y
siempre está el mismo bigotudo presentando las noticias, a veces
le ponen alguna cordobesa al lado o alguna locutora gordita para que
se equivoque o se vista mal para deleite de las teleespectadoras de dientes
afilados y crítica siempre dispuesta. El notero principal sigue
igual, borracho y peronista, con
más canas, más gallos en la garganta y un temblor en la mano de 2 puntos en
la escala de Mercali. En Buenos Aires sería un tipo de los que abren puertas
de taxi en el aeropuerto o en Retiro, en el sur es notero del canal oficial,
el que mira el 95% de la población, el otro 5%
son los hippies contraculturales que nunca faltan y que no tienen tele
y se creen revolucionarios por eso, hasta que llega el primer invierno
largo a desenmascarar a los impostores, los que siguen sin tele después
de las primeras diez noches de frío y viento antártico
permanente son los que valen la pena y van a llegar lejos (yo lo probé un
tiempo, y ahora estoy a 3200 km de casa, eso sí que es lejos,
ahora tengo una tele que a veces prendo), el resto, cuando lo de ver
nevar deje de ser romántico,
mágico y timburtoniano, va a salir a buscar algo por lo menos para mirar
películas
o los programas "del norte"
retransmitidos, mutilados en cualquier parte con publicidad local.
Este año agregaron VH1 al cable del pueblo, y
creanmé que
a 3200 años luz de mi vida actual y tan cerca de mis vinilos de Prince y The
Cure VH1 era algo que tenía sentido. Minutos antes de
la operación
también, esos separadores chillones, los clips del surfista
ese que hace canciones pegadizas, los insulsos hits actuales de Guen
Stephani,
Los Rolin y pavadas así me
distrajeron un poquito y me sedaron lo suficiente como para no
salir corriendo cuando vino la enfermera para llevarme al quirófano.
Pozo operatorio
Unas horas después de la operación ya estoy en casa, con
dos tampones en la nariz y una venda que me cubre media cara, tengo que
respirar por la boca, pero eso es solo lo menos doloroso de una larga
lista de prohibiciones y cuidados (nada de comidas calientes
y nada de sol, nada de bebidas calientes
y nada de esfuerzo físico. Nada que haya que masticar mucho, sólo
sanguches de miga y helado, y sobre todo, lo más importante, reemplazar
Mars Volta por Sigur Ros...). Me digo
otra vez: mejor que vea algo bien tonto. No hay
VH1 en casa así que
me voy derecho a MTV y
¿qué es lo primero que aparece? ¡un reality donde
un boludo se opera la nariz para parecerse a Brad
Pitt!! Un rubiecito con tremenda cara de jeropa
que quiere ser famoso se somete al bisturí y luego a tintura de
pelo, lija y escofina para terminar gritando
¡Voy a conquistar Hollywood!!!
Después me veo otro reality en la que una darky malaonda impresentable
quiere ganar el título de reina del baile de graduación
para llevarse un buen recuerdo del colegio, el tema es que nadie se la
banca y la pobre es más fea que Marylin Manson,
entonces agarran y contratan a una experta que la asesora y obviamente
gana, lo peor de todo es que mi cerebro solo alcanza a decir no
puedo estar viendo esta mierda pero no actúa, pensar
en mover la mano para alcanzar el control remoto que quedó a diez
centímetros
ya me cansa. El control remoto pasa una tarde sin sobresaltos y en
algún
momento por suerte me duermo y sueño boludeces hasta que medio
despierto recuerdo el momento en el que me anestesiaron totalmente: me
puse a mirar las luces del techo del quirófano que eran como
las de cualquier quirófano de la tele y sentí que mi mirada
era igualita a cualquier subjetiva de ñato en una camilla, entonces
me dicen te
vas a sentir medio mareado, las
luces empiezan a moverse y dos segundos después ya no hay nada.
Pero nada.
Antes me preguntaba cómo sería estar anestesiado, si soñaría,
si sería
conciente de ese estado y pensaría bueno,
mejor no me despierto ahora porque debe estar taladrando todavía
ese moco gigante.
Y bueno, nada. Son dos horas en las que estuve borrado. No hay nada,
ni recuerdo, ni conciencia. Nada. Feo.
Sábado a la noche
Mucho "rock" en la tele, pero del "rock
de acá",
el nacional y popular, el oficial, el
que cotiza en los rankings de ringtones y tanto le gusta a Hadad:
un recital
de Miguel Mateos, otro de los
Auténticos Decadentes, transmisión en
vivo del Gesell
Rock (con una calidad de imagen de hace dos décadas
por lo menos, con planos generales fuera de foco y en
un tono azul que duraban un minuto y medio, y con planos cercanos también
fuera de foco y con los colores corridos), toca Miranda! en
un escenario lleno de humo y uno que no conoce las canciones gracias
a lo horrible del sonido se queda fuera de código,
sin entender por qué festeja tanto la pendejada y sin escuchar tampoco
los mensajes satánicos de sus letras.
Es preocupante,
ahora que los Miranda! lograron lo que querían,
ser ultrafamosos y almorzar con la Chiqui y
bailotear en lo de la Susana, me están empezando
a caer bien. Ellos, no esa música de mierda que hacen, ellos
como personajes
pop, como mascotas televisivas, como dibujitos animados
y majestades satánicas, ellos como propagadores de esas
enseñanzas homosexuales que
tanto molestan a los Iorios y los Kapangas del
rock.
Lo
mejor del día sucede cuando ya es domingo, en mi zapping mocoso
y semianestesiado encuentro Superman I, sé que
la vi hace
muchísimo tiempo
pero no me acuerdo ni quién es el villano, así que
es como
verla por primera vez, está en inglés por suerte, qué groso
Christopher Reeves, qué bueno saber que uno en algún
momento tuvo algo parecido a la inocencia y qué bueno recordarme con
diez años rompiéndome los
sesos, tratando de imaginar cómo se hacen esos efectos especiales (ahora
esos sesos están
drenando por mi nariz, junto a la
sangre y fluídos varios, no sé si les dije que tengo dos
tampones dentro de la nariz, uno de cada lado, y siento como
si fueran dos morcillas).
Domingo
Juego el jueguito de las 20 diferencias mientras veo las emisiones simultáneas
de los festivales de Gesell Rock y de Glastonbury,
en uno Los
Gardelitos durante una hora y en el otro van pasando New
Order, Kaiser Chiefs, Kasabian,
Garbage. Pero no quiero ver esto, quiero
ver Hospital
veterinario de
los Muppets e imaginar lo que comentaba el cirujano
con sus partenaires
mientras me metían
una cámara
por la nariz. ¡Sí macho! ¡Me metieron una cámara
por la nariz! ¡Y
me metieron también unas herramientas diminutas que hicieron el
trabajo sucio (muy sucio)! ¿No habrán metido también
una nave miniaturizada como la de Viaje
Insólito,
con gente pequeñita que ahora anda de parranda por el interior
de mi cuerpo? ¡Llamen a la Nasa para que investigue mi naso!
Disculpen,
tanta pasta me pone paranoico, pasemos mejor a uno de los highlights
de mis días de reposo, el...
Festival de cine para convalecientes:
El amigo
Conde proveyó joyas de diversa calidad salidas de su videoteca,
le pedí comedias para convalecientes y entre otras cosas me trajo:
Dirty Love: Jenny Mc Carthy chorreando sangre en un
supermercado justo en uno de esos días, tomando éxtasis
y poniéndose en cuatro en la calle. La rubia ex-presentadora
de la MTV yanqui escribió una peli zarpada, bien escatológica,
incorrecta, por momentos insoportable, por momentos muy graciosa, tanto que se
me corría
la venda de la risa. Luli Salazar tendría que hacer la versión
argentina.
Deuce Bigalow European Gigolo: Ron Schneider, el amiguito freak
de Adam Sandler, se manda una cagada, cae en Amsterdam y termina investigando
porque matan "prostitutos". Más
humor incorrecto, zonzo y de escuela primaria. En play X 2, y con dos pastas
encima, se banca.
The Long Weekend: una para empezar viendo en play X 2, y terminarla
en play X 8. Un creativo publicitario tiene todo un fin de semana para que
se le ocurra una idea genial para salvar su laburo, y el plan de su hermano es
que ese fin de semana garche. Sí, el único
garchado es el espectador.
Bad News Bears: la versión Linklater de Los
osos revoltosos.
Los pibes son más insoportables que los de Escuela de Rock, y el loser de turno
en vez de Jack Black es Billy Bob Thornton, que hace el mismo personaje de
Bad Santa pero en versión ATP. Me la banqué enterita, sin cortes
ni fast forward porque era de Linklater y estaba Billy Bob, qué gil, cómo
pude haber perdido tiempo con esta porquería...
The Nutty Professor: Jerry Lewis y su lectura de Dr. Jeckill
y Mr. Hyde, ingenua pero insuperable, tan disfrutable como un heladito a las
7 de la tarde.
Shaun of The Dead: slackers ingleses versus zombies, buena buena,
da para hacer una nota larga, contar unos cuantos gags, hablar del director
y de la serie, le voy a decir a los muchachos que escriben sobre cine en encerrados a
ver si se copan.
Lunes
Me sacan los tampones, me cambian la medicación, me dicen que
en dos días puedo volver a trabajar, pero tranqui. Que todavía
no estoy para Mars Volta pero sí para Voltura.
Cuando vuelvo a casa, recordando viejas épocas
armo mi día
de acuerdo a lo que van a pasar en la tele, no puedo ni pensar en asomar
la cabeza por la terraza y menos moverme de estas dos habitaciones, la
de la cama y la del sillón,
la cagada es que en esta
época la tele tiene poco para secuestrarme tranquilo
durante un día completo. Así que termino viendo noticias
de accidentes repetidas, goles en contra históricos, conjeturas
y análisis del robo al banco Río y pronósticos
de tormentas que no se cumplen.
Martes
¡Quiero ir a trabajar!
En el menú del día: triples de jamón y queso, yogures varios
y amores imposibles entre ricos y pobres en las novelas del mediodía.
Luego tecito rojo frío mientras esa vieja chota cheta almuerza con
un humorista loser malhumorado, una vedet enana de generoso orto y tres extras.
Me duermo y cuando me despierto hay móvil
en Carlos Paz con puterío
berreta protagonizado por la putarraca escándalosa de turno seguido
de móvil en La Feliz conducido por un enano opa pasado de pala.
En el canal de al lado tres boludas de diferentes edades y talles de
corpiño
se hacen las graciosas, las inteligentes y las progres, la del medio
está buena
y con más tetas, o a mí me
parece. Cuando creo que me va a estallar la nariz del embole y de la
indignación o de la acumulación de horas de rayos catódicos.
En Boomerang pasan La
pantera rosa, veo 20 minutos
y quedo empepado para el resto de la tarde, esperando Seinfeld.
Ah, Seinfeld,
siempre tendremos a Seinfeld (pero no digo nada más,
a ver si algún
fan de la serie se copa y me manda un mail de subject: "Aguante
Seinfeldddd!", Dios no lo permita,
stay away Bubble Boy!, ¿de dónde salieron tantos fans de Seinfeld?,
no soporto a los fans de Seinfeld recién arribados al culto
(siete, ocho años), hace diez años
me acuerdo que decía
que había
una serie buenísima
de un neoyorkino y sus amigos y me decían: "¿lo
que?" y seguían
contando la última boludez que había hecho el
gordo Casero).
Hablando de Casero, está bien que le hayan levantado
esa bazofia que hizo, fue justicia, A todo culorr fue
uno de los peores atentados que se hayan visto por nuestras pantallas,
no entiendo cómo
llegó a
salir al aire eso, ¿los de programación del 13 habrán
pensado por un momento que realmente estaba bueno y que valía
la pena apoyarlo con notas, publicidad y tanto intento de lavado de cerebro
desde una semana antes? o habrán
dicho "dejalo,
a los limaditos que siguen al gordo les va a gustar, la prensa va a
decir que es otro Chachachá, vas a ver", pero no, a
la prensa no le gustó nada, a la gente que conozco tampoco.
Mi amigo Martín dice que a los responsables de este atropello
deberían
inhabilitarlos para ejercer funciones televisivas por diez años.
Tiene razón.
Miércoles
Vuelvo a laburar, caminando lento, con un taper lleno de sanguchitos
de miga y huyendo del calor y del sol en la cara. La paso bomba describiéndole
a mis compañeros los tormentos de los últimos días.
Algunos me miran la nariz como si
le hubiera puesto un par de tetas a los costados. Otros me miran
las tetas y fruncen la nariz...
Cuando vuelvo a casa paso frente a un bar y siento el aroma que viene
de la máquina del café
por primera vez en varios años.
Buenísimo, lástima que ahora cuando camino por el barrio
también huelo el olor a sorete de perro y el olor a porro sorete de
los chabones postrockeros que se juntan en la esquina...
¡Devuelvanmé los tampones!
Alberto
Migraña
(el hombre que volvió del zapping)
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