agenda |comics | discos | editorial | festivales | fastfood | música | living | pelis | recitales |teatro | tevelandia | wonderland




 
Más notas
de Santiago B.
Del buen uso
de la tristeza

Canciones y películas

De paseo por
el videoclú


De paseo por
el videoclú / 2


Películas vistas en circunstancias inusuales

Algunos clásicos vistos a la hora de la siesta

El futuro está cerca:
It's all about love, de Thomas Vinterberg
y Demonlover de
Oliver Assayas


En la búsqueda de la sabiduría: Searching
for the Wrong-eyed Jesus y Tintin et moi

Perdidos en Shangai, perdidos en Islandia:
Código 46 de Michael Winterbottom y No such thing de Hal Hartley


Lost: Filosofía en la isla desierta
 
 
 
Dexter: Mi asesino favorito

Se dice que Alfred Hitchcock hacía clásicos de libros mediocres. Mucho más conocida es la queja contraria por las malas adaptaciones, ya sean de clásicos esencialmente literarios (tómese esto como un halago o no) o de libros de culto como El Señor de los Anillos que no respetan los mil y un detalles que los fans conocen. Están las transposiciones acertadas o inspiradas como una buena traducción (Alta Fidelidad de Stephen Frears), están las lecturas inteligentes , imaginativas y sagaces de una obra (el abanico es grande, por dar algunos ejemplos, puede ir desde el clásico  Moby Dick de John Huston a El almuerzo desnudo de David Cronenberg).  Están las que simplemente, de manera genial y misteriosa, dan en el clavo (la increíble versión de El tiempo recobrado del chileno Raoul Ruiz). Están también los libros escritos como guiones que necesitan completarse. Esto puede ser bueno o malo. Una crítica hecha por Martin Amis de la novela Un gran chico de Nick Hornsby (autor también de Alta Fidelidad y que también fue llevada al cine) decía que este último ya no escribía novelas sino directamente guiones.  ¿Se hubiera atrevido Amis a decir lo mismo de Graham Greene, de quién se podría decir lo mismo? No con el mismo tono al menos.
Están también los libros que más que necesitar completarse necesitan el lector adecuado, ese enamorado que puede ver en su objeto de amor lo que otros no, y no porque está obnubilado (aunque pasa muchas veces, digamos la mayoría de las veces) sino porque ve mejor. Un caso elocuente es la novela Jules y Jim que François Truffaut llevó al cine. La historia misma de esa adaptación merecería su propia película. Truffaut Jules y Jimencontró la novela en una librería de viejo. Había pasado desapercibida para todo el mundo. La sorpresa es que se trataba, al menos parecía, del debut de un autor sexagenario. Un descubrimiento hecho por un director que todavía no lo era. Truffaut la mencionó en un artículo suyo que lo puso en contacto con el autor y de allí toda una serie de peripecias. La novela sobre dos amigos enamorados de la misma mujer a través de los años era parcialmente autobiográfica y escondía una personalidad fascinante. La historia es bastante larga y la relata Truffaut en el prólogo de la reedición de Jules y Jim, convertida ahora no solo en una película sino en una novela famosa. Lamentablemente, su autor Henri-Pierre Roché, ya no estaba presente para vivir este reconocimiento bastante tardío. El artículo de Truffaut es elocuente y merece ser leído como merece leerse la maravillosa Jules y Jim.
Se ha escrito mucho respecto a las adaptaciones y eso sin hablar simplemente de las complejas relaciones entre el cine y la literatura. En una entrevista reciente en España George Steiner decía que uno de sus mayores errores era no haber comprendido que la gran poética de la segunda mitad del siglo XX sería la del cine y agregaba asimismo, no haber medido la inmensidad del impacto de la web sobre todos los aspectos de la sensibilidad. Pero esa ya es otra historia.
El caprichoso y breve repaso es mucho más prosaico y solo para decir que Dexter, basada en la novela Darkly Dreamer Dexter de Jeff Lindsay no solo es una serie de televisión excelente, sino una adaptación estupenda. Pertenece a la clase de adaptaciones que no solo logran una obra de calidad sino que iluminan la obra original, en este caso un libro de literatura popular; un best seller de aeropuerto; eso sí, uno con mucho sentido del humor, es decir un best seller consciente de serlo.
Cuando se lee la novela se piensa que es un guiño destinado a Cronenberg. No el actual, sino aquel que vienen en mente cuando pronunciamos su nombre; más precisamente el de Pacto de amor, el de Naked Lunch, quizás el de Crash. Dicho al pasar la novela de Ballard también parecía dedicada al canadiense. Sin embargo no fue todo lo que se esperaba. Los tortuosos caminos de la decepción. En la imagen estereotipada, el gran David Cronenberg se las arreglaría para vérselas con el paisaje interior de este monstruo simpático que es Dexter. En la serie, y allí el acierto o por lo menos la lectura, lo que se acentúa no es el costado sádico sino la posibilidad o no, de eludir el destino, a pura  fuerza de voluntad. La posibilidad de construirse una identidad después de la devastación.
Dexter debe haber nacido como una idea: un asesino serial que asesina asesinos seriales. Darle una vuelta a ese tornillo tan difícil de mover como es este género de los asesinos seriales no es poca cosa. Sin embargo el asunto va mucho más allá. Tanto el libro como la serie tienen un primer efecto inmediato: no podemos de dejar de identificarnos  con el asesino. Pero no lo hacemos por razones ideológicas, aunque por supuesto, el que sea una especie de justiciero, ayuda. Lo hacemos porque nunca dejamos de verlo como una persona y no un monstruo. De allí para el espectador, la posibilidad de catarsis de toda una serie de fantasmas. Desde la imposibilidad de construir una relación o la casi necesaria manipulación de los otros para sostenernos en el juego de la vida, hasta la pregunta final de qué cosa es un yo y en caso de saberlo, la pregunta de sí vale el esfuerzo de mantenerlo con todo el daño que causamos. Eso sin mencionar los tópicos del bien y del mal, la responsabilidad por las acciones y por nuestro destino. Vaya tópicos para una serie de televisión. La ficción televisiva está llenando de contenidos al cine de acción y suspenso que vació Hollywood. Y sin perder una pizca de suspenso y entretenimiento.
Hay otros ejemplos de asesinos atractivos, pero se vinculan mucho más a una supuesta atracción del mal o a una cierta provocación en general vacía. Aquí, y eso es lo interesante, todo corre por los caminos de la ambigüedad y la incertidumbre. Dexter mucho más que un psicópata clásico en su vocación de dominio es alguien que quiere desaparecer, llegar a ser, con mucho esfuerzo, un hombre común. Aunque realiza muchas acciones para no ser descubierto Dexter queda perplejo en más de una ocasión y en muchos momentos la trama se vuelve una pesadilla del tipo he cometido algo horrendo y vienen a buscarme; me han descubierto y vienen por mí. El relato que subyace es que todos nos sentimos culpables y tenemos esa pesadilla; distinto al más trivial, todos tenemos algo que esconder.  Está claro que Dexter es un asesino y nosotros no, sin embargo el sentimiento existe.
 ¿Qué es lo que tienen de novedoso series como Dexter y Lost?  Que la continuación de las mismas no dependen de la repetición de una formula como nos tenían acostumbradas las viejas series o las sagas de aventuras con sus partes 1, 2, y 3 sino en un camino de transformación. Dexter se busca y con él nosotros. Dexter busca en su pasado y cada nuevo descubrimiento lo transforma y transforma la historia entera.
Dexter trabaja para la policía y analiza la sangre encontrada en las escenas del crimen. La analiza química pero también físicamente. Analiza los patrones de su explosión por así decirlo. La manera en que la sangre sale del cuerpo después de un impacto. La metáfora es bastante simple pero efectiva: se trata de la sangre, se trata de la herencia. Dexter fue encontrado en una escena de crimen a su vez, siendo niño y por quien sería su padre adoptivo, un policía. Su hermana es policía también. Harry, su padre, descubrió en Dexter desde temprano el instinto asesino. Solo se le ocurrió una cosa, encausarlo de algún modo hacia el bien. Ese es el código de Dexter. Toda la historia tiene el potente esquematismo de un comic. Dos excelentes temporadas como serie televisiva la han convertido en una novela de iniciación. Dexter es una especie de cirujano, un poco, solo un poco más sádico y omnipotente. Aunque  quiere cambiar. Lo que no puede decirse de todo el mundo.
Una serie que pretenda un largo alcance no puede basarse en un solo personaje y es así que encontramos una galería de personajes secundarios de complejidad y vida propia. Cada uno comparte un nivel de desconocimiento y en general pareciera que la bondad y las buenas intenciones solo pueden ligarse a cierto nivel de ignorancia. ¿Qué decir de Rita, la novia de Dexter, por ejemplo?. Amén de una interpretación estupenda es quizás el personaje más desamparado de todos. Recuerda un personaje en la novela El diablo en la cabeza del francés Bernard Henry-Levy, la novia inocente de un colaborador nazi en la Francia ocupada. Alguien cuya fragilidad le impide enterarse de nada. Pero no se trata de quien no quiere saber. Es algo más radical y tremendo sí se lo piensa. Una vida vivida en el error; puro y simple. La desprotección es total. Imaginen entregarle vuestros hijos a un asesino serial, pero no solo, que este asesino serial les devuelva la confianza en la vida y en las personas. Parece demasiado y es demasiado. ¿La vamos a proteger? ¿Puede ser el amor por sobre toda las cosas querer proteger a alguien?  ¿Darle cobijo? En un momento Dexter razona, y sin ironía, que de ser descubierto todos a su alrededor serían destruidos por la noticia. Dexter está en lo cierto y no por ello es menos culpable. De alguna manera quien se entusiasma con la serie espera que no termine nunca y por una razón: no hay manera que tenga un final feliz.
Dexter termina matando a aquellos que lo ayudan a descubrirse. Puede ser un tópico del género. Pero ello no sucede en medio de una escena final y a los gritos como sería la costumbre. Sucede por una especie de fuerza de las cosas. En escenas que tienen tanto de comedia como de tragedia. En la serie hay por supuesto música que no hay en el libro y que marca los ritmos al tiempo que comenta lo que de otra forma sería bastante insoportable. Existe también una presencia que se vuelve casi un personaje, la ciudad, en este caso Miami, de alguna manera toda ella una extensión del departamento de policía donde transcurre buena parte de la acción. Para ser una serie sobre un asesino y su vida interior pareciera haber demasiada luz, sol y playa. Pero todo está allí, a la vista del que quiera verlo; y qué lugar mejor aparte para una novela que en definitiva trata sobre las apariencias.
Santiago B.

(Versión Extended Play de una nota originalmente aparecida en el suplemento Ñ)

 
 
 
PUBLICIDAD
MESCALITO
MESCALITO
Hunter S. Thompson
 
 
     
       
         
.:: encerradosafuera.com.ar - made in b.a., argentina - 2008 - contacto: correo@encerradosafuera.com.ar ::.