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Flight of the Conchords: La dulce melodía de la idiotez

En el medio de la noche, mientras Bret sufre un posible caso de bulimia masculina -sensibilizado porque parece mucho más petiso al lado de Jemaine, su compañero de banda y de piso-, sueña con una visita salvadora: un David Bowie de la era ziggystardusteana, encarnado por el mismísimo Jemaine. Bowie le recomienda que use un parche en el ojo para tener más presencia arriba del escenario. Al día siguiente, Bret se da cuenta que por culpa del parche pierde profundidad de campo y sigue derecho cuando intenta sentarse en una silla. En la siguiente aparición, un Bowie vestido con la ropa del video de Ashes to Ashes reconoce que también tuvo problemas con un parche y le sugiere que cada tanto hay que dejarse llevar y hacer algo loco. Acto seguido, Bret se baja los pantalones delante de un alto ejecutivo del mundillo de las tarjetas musicales. Y como debería decir algún refrán: los Bowies siempre vienen en tres. Para su última entrada, el duque blanco aparece vestido como el Rey de los Goblins, de Laberinto. Esta vez no hay más consejos, de hecho termina deprimido porque no puede ayudar a Bret, y se va a una fiesta en el espacio. Esa es la excusa que da comienzo al videoclip Bowie, en cuya letra Bret y Jemaine, los Flight Of The Conchords, le preguntan al cantante si usa sus pezones como antenas, para transmitir datos a la Tierra. La canción es una suma de referencias a otros temas del multifacético cantautor, con varias de sus inflexiones vocales y la constante presencia del Mayor Tom, metafóricamente amordazado a un costado.

Lo que antecede es una muestra gratis de qué debería uno esperar al enfrentarse a la serie Flight of the Conchords, creada por Bret McKenzie y Jemaine Clement, el dúo musical homónimo, importado de Nueva Zelanda. La premisa es sencilla: seguir los primeros pasos de una banda que planea tomar a Nueva York por sorpresa, aunque su propia idiotez les juegue permanentemente en contra. Al igual que la de su manager, cuya ineptitud lo transforma en un tercer miembro ideal. O la de sus amigos y vecinos, que al igual que el dúo protagónico parecen sacados de Napoleón Dinamita, una gran comedia tristemente ningueada por estos lares. Y ahí empieza la acidez: los acentos imposibles, las neurosis inexplicables, las mujeres semi-fatales, y el tener que decir presente en cada reunión de a tres.

Pero más allá de los disparadores humorísticos de cada episodio, como los problemas con las mujeres, el racismo, la falta de seguridad en la gran ciudad y un club de fans casi inexistente, lo que resulta interesante es cómo la banda logra reversionar estilos musicales desde el humor, riéndose de las canciones con compromiso político, la sensibilidad del crooner solitario, los coros ochentosos o los cantantes de rap cargados de actitud. Las referencias musicales están siempre ahí, ya sea de manera obvia, como con David Bowie, o más ocultas, como Prince, los Pet Shop Boys, The Black Eyed Peas, el casi olvidado Shaggy y los videos de Daft Punk. Todo se recicla, todo sirve como punto de partida y de llegada.

Además de un par de simples y una miniserie radial de seis episodios, los Flight of the Conchords se dieron el gusto de editar su primer disco de estudio, un compilado con los temas que aparecieron en esta primera temporada de la serie, pero ampliados y mejor producidos, con puntos bien altos como Foux du Fafa, donde demuestran que su dominio del francés se queda en la baguette, Jacques Cousteau y Depardieu. O el setentoso Ladies Of The World, el censuradísimo Mutha´uckers o la genial, genial, genial The Most Beautiful Girl (in the Room), en la que le cantan a una chica que es tan linda como un árbol o una prostituta de la clase alta y que podría ser modelo, pero que por las dudas mantenga su trabajo…
Los Flight of the Conchords son fuertemente recomendables, ya sea que se trate del dúo de comediantes, la serie televisiva o el primer disco de la banda.
Las series realmente graciosas, que no se apoyan en gags tradicionales y que le van dando al espectador la construcción necesaria para terminar adentrándose con firme suavidad, escasean. Es más, las enumeramos: Extras, Curb Your Enthusiasm y Flight of the Conchords. Qué se puede agregar…

Pablo Conde

 
 
 
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