En
el año del pingüino, el grupo de teatro Los
Macocos vuelve con una obra muy alejada del show cómico
de sus comienzos, pero con una marca indeleble en el orillo: el
humor negro, la unión de la risa y la violencia como dos
caras de la misma moneda. En una suerte de prólogo lindante
con el delirio, cuatro pingüinos reciben a los espectadores
desde el hielo, hacen sonar unos platillos y se suicidan en masa.
Más tarde un científico con ínfulas de nuevo
Darwin llegará a la Antártida para estudiar este
extraño suceso. En la base naval argentina, lo esperan un
coronel borracho, un sargento provinciano, bromista y alzado y
un civil apocado, que comen mantecoles del '82 y escuchan vinilos
de Richard Clayderman como si no pasara el tiempo.
Allí, los altos intereses de la ciencia pueden convertirse
rápidamente en hipótesis de conflicto. Los
Macocos se meten con la dictadura, con su discurso y con
sus prácticas perversas, en una parodia feroz, una comedia
siniestra que deja un gusto amargo y una sensación de alivio
(aunque una sorpresita sobre el final advierte que quizás
no estemos tan a salvo). Sugestivamente, la obra no está fechada.
Sobresaliente puesta en escena, con una escenografía condensada
y efectiva, y efectos de sonido que hacen sentir la tormenta de
nieve dentro de la sala. O mejor: que no estamos en ninguna sala,
sino en la Antártida.
Marcela Basch
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