Imaginen a Pulp Fiction
pero más larga, más cínica, más extrema,
más repodrida, más de vuelta. Imaginen a Pulp Fiction
diez años más tarde y en el escenario. Esto es, una
Pulp Fiction sin efectos especiales (pero efectivísima),
con bajos recursos (es una manera de decir, porque en realidad
hay muchísimos recursos). Imaginen una Pulp Fiction argentina
que no pretende decir nada sobre Argentina (por lo menos, no directa,
declamativamente). Los invitamos a ver La estupidez.
En los papeles de Uma Thurman, Rossana Arquette y Amanda Plummer,
Andrea Garrote; en los de Tim Roth y Ving Rhames, Héctor
Díaz;
finalmente, a cargo de los personajes de Travolta y Bruce Willis,
el gran Rafael Spregelburd, artífice de toda esta charada.
El
escenario reproduce un clásico de las películas
norteamericanas: el motel en el desierto, donde todo puede suceder.
Allí, durante tres horas veinte, veinticuatro personajes
se entrecruzan a toda velocidad: tres policías, cinco amigos
que quieren ganarle a los casinos, dos estafadores que buscan vender
un cuadro inventado, una matemático genial y hosco, una
periodista glamorosa, dos matones italianos, una autista maltratada
y mucho más. Todos están a cargo de apenas cinco
heroicos actores, que cambian de piel en escasos segundos y reingresan
a escena por la otra puerta. La acción, en una suerte de
zapping regulado apenas por dos puertas y dos ventanas, es más
vertiginosa que en las películas (¡y en sólo
dos tomas!); por supuesto, hay algo de sexo, alcohol, peleas y
mucha plata en juego. Además de ser una verdadera maratón
escénica (vale decir que hay un intervalo de quince minutos,
para que los actores puedan tomarse un vasito de agua), La
estupidez se burla de todos: del arte (y la crítica
de arte), de la ciencia, de los medios de comunicación,
de las familias, del cine. Sí, sobre todo eso: de todos
los benditos géneros del cine, de cómo en nuestra
vida lo que no es un policial es un melodrama, y lo que no es un
melodrama es una comedia de enredos, y lo que es todo eso junto
es La estupidez.
Es otra creación del prolífico Rafael Spregelburd,
quien además actúa; lo acompañan estoica y brillantemente
Andrea Garrote, Mónica Raiola, Héctor Díaz y
Alberto Suárez. Un espectáculo fuera de serie, a la
vez desternillante y cuestionador.
Marcela Basch
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