Cuando cuento al pasar que tuve el orto de poder ir a ver a Roger
Waters y me preguntan "y, ¿qué onda?"
sólo puedo decir "perfecto, demasiado perfecto... ¿viste cuando decís, loco pifiá un poco?, bueno, así"
Y sí, el sonido era perfecto y el sonidista no era humano.
Para mí que era un robot.
Así deberían ser el rock de estadios de ahora
en más, sonido cuadrafónico y sensación
de que estás
inmerso en el home theather más grande del mundo, del
home theatre a la cancha theatre. Eso parecía estar
sucediendo esa noche, desde arriba del escenario todo salía
tocado cómo
en los discos, sospechosamente parecido a los discos, encima
desde el trasero del campo, nuestro lugar en ese mundo Waters,
estirando el cuello apenas alcanzabas a divisar allá a
lo lejos, en el arco rival, a los músicos, entonces para
que estirar el cuello si las pantallas son tan nítidas...
La sensación de
estar escuchando el disco original desaparecía cuando
venían los temas que siempre cantó Gilmour y
los sesionistas de turno hacían lo imposible por imitarlo,
ahí te dabas cuenta que estabas escuchando a la mejor
banda tributo a Pink Floyd del universo que
tenemos a mano.
Fuí con un amigo y llegamos medio temprano, pero lo
suficientemente tarde como para zafar de los soportes. Nos
creímos y nos hicimos los pendejos y nos quedamos
en el medio de la parte de cancha que nos tocaba a los pobres.
Bastante adelante, pero apretados. Rodeados de cuarentones
con caras que delataban su prontuario rockero y oficinistas
con chomba planchadita, mezclados con el chaboncito de la zanellita
y el garca de la pathfinder. Rock de la era multitarget, cuando
prendimos el faso el pelado de al lado miró mal y corrió a
la nena a un costado. Entonces empezó la joda, con
el tema con el que arranca The Wall y una
avalancha de gente más fan que nosotros que nos tiró a
un costado a base de empujones y codazos. Hubo dos que casi
se cagan a sopapos: el analista de sistemas que venía
de atrás le pisó el pie al diseñador
gráfico que intentaba resistir en su posición,
frente a ellos las pantallas ocupadas por estética
nazi chorreaban reflejos rojos. Apareció el miedo por el
tamaño
de la locura de los demás, los martillos caminando
a paso redoblado a lo largo del LCD, los barrabravas y los
jovencitos con remeras nuevas de Floyd y
los estudiantes de economía
que me rodean levantaban los brazos y hacían el gesto marcial
que vimos tantas veces en la peli, me dá miedo, me
sentía en una misa ¿que hago acá si
no comulgo con esta mierda? me pregunté y memoricé el interrogante
para charlarlo en una próxima sesión con mi
tatuador, que es lo más parecido a un sicólogo
que tengo.
El segundo tema es Mother y recuerdo a mi
profesora de inglés de tercer año, yo había
traducido la letra por mi cuenta y sabía que decía
madre, ¿crees que van a tratar de romperme
las bolas? y se la llevé a esta frígida
esposa de militar que todos sabíamos con quién
le metía los cuernos para que me la tradujera, por ganas
de joder nomás, pero ella se hizo la boluda y dijo que
no entendía la pronunciación.
Mi amigo se siente mal por los apretujones, yo por los recuerdos, Set
the control for the heart of the sun barre el estadio
cuando empezamos la retirada. Esas son las canciones que quiero
escuchar, no las que suenan en las FM los domingos a la tarde.
Veo caras de desconcierto, Waters está tocando una que no pasaban
en FM100, la radio ausppiciante.
Cuando nos vamos para el fondo antes de que nos saquen
en camilla, en la pantalla gigante pasan fotos del joven Waters y
los Floyd se
parecen a Los Alamos, el viejo Waters saca
pecho y muestra las fotos bien canchero, miren
de donde vengo, esos eran mis amigos, ese era el loco Syd,
que chabón
bravo... y Barret en
rojo saturado ocupa todo mientras Shine On You Crazy
Diamond hace lagrimear a un par que nos cruzamos mientras
intentamos divisar la carpa de la cruz roja. Pero solo hay
kioscos de coca y pati a la vista. Nos sentamos un toque,
un agua y un poco de reposo siempre hacen bien.
Desde la platea vemos Wish You Were Here que
en otra época me hubiera partido al medio, pero ahora
medio que me aburre un poco, saco fotos de la vista panorámica
del campo, las tres pantallas chicas y la pantalla gigante
detrás de los músicos y los miles de celulares
en el aire, pienso en trasmitirle el tema a mi chica que se
quedó en casa, pero el chiste me saldría demasiado
caro para mi presupuesto telefónico de este mes y ella a esta
hora debe estar en el canal Sony con algo
más
divertido.
Waters avanza a los pedos por su discografía
y ya estamos en The Final Cut, claro, eso
era lo que quería escuchar: ¡Rosher, tocate The
Final Cut completo! eso fué lo primero que
te escuché,
lo que me abrió la puerta a todo lo demás y creo
que la causa principal de que me llevara cinco materias en
primer año (demasiado para alguien que obtuvo el tercer
puesto en el examen de ingreso...). Southampton Dock y The
Fletcher Memorial Home me dejan congelado ¿en
serio que ya pasaron tantos años?. Quiero escuchar ese
disco, pero que no sea en mp3 ni en ninguna de esas mierdas.
Lo quiero escuchar en caset en mi walkman Sony, el que tenía
hot line. ¿ya les hablé de el, no?.
Después vienen varios minutos de embole supremo con
baratijas del Waters solista y una que no
sé si será nueva pero que podría haber
sido escrita un rato antes de Live Aid o Live
8. Es una canción pacifista que dura unos 10
minutos con solos de guitarra, saxo y de negra corista incluídos.
La letra pasa en globitos de comic por la pantalla, el chabón
debe creer que es importante lo que dice. Son como 15 estrofas
de lugares comunes que no le llega a los talones a la única
frase que cantará más tarde en una de las últimas
canciones de la noche: Bring the boys back home.
Al final de la primera parte
pasan chanchos rosas volando, menos mal que no es una vaca sino
sería el momento de que se cumplan varias profecías.
En el entretiempo ponen un sonido de agua en el home theatre,
pero ni siquiera es agua de verdad, es un efecto de sonido trucho
bajado de la web y loopeado. ¿Es joda o qué?. ¿Que
quieren? ¿Que nos pongamos a hacer yoga en la cancha?
La segunda parte pasa rápido y me cuelgo pensando más
en el sonido que en las canciones, ya estábamos en el campo
otra vez, pero ahora lejos del apretuje. Todo suena perfecto,
deberíamos tener sillón y control remoto, me hago un análisis
profundo de El
lado oscuro de la luna que
por suerte olvido enseguida. Hay un instante tecnoso, compuesto
hace casi 35 años, pero parece hecho ahora, las proyecciones
y las luces actualizan la idea. Si me diera la cabeza escribiría
un libro que se llame Del LSD al LCD.
Después hubo bises, y la sospecha de que la próxima gira será
"Roger Waters plays The Wall": Another
Brick in the Wall (Part 2), Vera,
Bring The Boys Back Home y Comfortably
Numb, una atrás de otra,
como en el disco.
Tengo pánico. Mi fanatismo por Pink Floyd se
acabó cuando empecé a escuchar a The Police. Sting y
los suyos planean una gira. Creo que este año me voy a
tatuar una pierna entera...
Dijo Victor: "¡Hey!, ¡Roger!, ¡Leave
the kids alone!"
Syd Migraña (Punk Floyd)
Otras notas de Migraña:
+ Poné cualquier canal que seguro que le están
dando masita a Juanita
+ José Gonzalez
en el Pub de Joe (Joe's
Pub, New York, New York)
+ ¿Y la de Konchikistán
no ganó nada?
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