Bring 'Em Home
Michael Stipe, Bright Eyes, Devendra Banhart, Rufus Wainwright, Peaches, Moby, Fischerspooner, Steve Earle y ¡Margaret Cho!

(Hammerstein Ballroom, New York, New York)

Cuando me enteré de este recital lleno de estrellas indies recordando los tres años del inicio de la guerra en Irak y reclamando el regreso de las tropas a casa, inmediatamente le encargamos a nuestro contacto en la capital del mundo que se capture unas entradas (sabiendo que para esa fecha íbamos a estar ahí y previendo que no nos pasara lo que nos sucedió con Belle and Sebastian que casi dos meses antes ya estaba Sold Out).
Imaginaba que la ciudad de Lou Reed y los Beastie Boys estaría empapelada con afiches de este recital, pero no, todas las paredes eran para los discos nuevos de Prince y Yeah Yeah Yeahs y hasta para el anuncio del programa de radio de David Lee Roth. Sólo había un mini recuadro en el Village Voice y unas pocas líneas en The L Magazine, una guía gratuita que es de gran ayuda si uno cae por acá y no sabe para dónde agarrar.
Llegamos temprano después de pasar por un fast food mexicano medio yuppie. "No artificial flavorings, the real ones are powerful enough" es el lema, y no le han mentido. Tacos para mí, burritos para la chica migraña, ¿picante? me pregunta el pibe detrás del mostrador en correcto español centroamericano, yo que me creo bastante curtido gracias a los chimichurris de las choripanerías porteñas, digo que sí y me arrepentiré el resto de la noche, la cerveza jamaiquina que nos recomienda nuestro amigo Diego no apaga tanto fuego y en ese estado enfrento los cero grados de la calle.
La joda es en el Hammerstein Ballroom, que me suena histórico, no sé, me suena a The Who, o a Zeppelin tocando ahí en el medio de los 70's cuando todo era nada. El lugar está en diagonal al Madison Square Garden, donde una pantalla LCD gigante anuncia un partido de basquet. Me dan ganas de verlo, no sé que me pasa, nunca veo NBA, pero acá veo los carteles y me interesa, todo lo que veo en los carteles de las calles norteamericanas me dan ganas de consumirlo, sean series chotas que parecen hechas por el Ova Sabatini, discos de Neil Diamond, películas de perros que hablan, desodorantes lanzallamas o hamburguesas transgénicas de última generación.
Cruzamos la calle esquivando los taxis y nos mandamos al final de la cola que llegaba hasta la esquina. Enseguida aparece un negro petiso con pinta de revendedor gritando "los que ya tienen tickets, vengan conmigo, los que están para comprar hagan fila", seguimos al pibe unos 50 metros y quedamos en una fila a metros de la entrada donde no había más de 10 personas. Otro negro, este de dos metros de alto y de ancho nos pide las entradas y los documentos (se ve que las canas en mi barba no lo convencen de que soy mayor de 18), muestro el carné de conducir, desde que llegué que ando desafiando al destino enseñando esa cédula roñosa que me dio el Gobierno de la Ciudad del finado Ibarra. Uno no elige la cara que tiene, pero en esa foto 4 x 4 gracias a una empleada pública que me sacó la foto mientras miraba un catálogo de ollas me veo como Sayid, el iraquí de Lost.
Nuestros asientos eran de los más baratos, apenas encaramos la primer escalera para buscarlos un acomodador nos pregunta si no queremos cambiarles nuestras ubicaciones a una pareja que tenía pinta de estar visitando el MOMA y no en un concierto de rock, ellos tenían las entradas más caras (¡150 dólares!!!!) y las cambiaban porque era de parados, cerca del escenario pero parados, te salpicaba el chivo de Connor Oberst y la caspa de Devendra, pero estabas parado. Dudamos un segundo pero nuestros cuerpos nos pedían piedad y nos fuimos derecho a nuestros asientos en el segundo piso, que eran numerados pero a nadie le importaba, así que nos sentamos en la fila dos y nadie nos dijo nada.
La gente parecía tranqui, juventud indie progre, oyentes de bandas de Montreal, lectores de Paul Auster, fans de Miyazaki, gente así. Pero ya sabemos cuánto engañan las apariencias y dos horas después ya estaba por acogotar a un par. Imaginemos algo: si en Argentina vas a un festival a beneficio donde tocan varias bandas ¿qué es lo peor que puede tocarte sentado en la fila de atrás? Fans de Miranda!, obvio. Podría decir fans de Airbag o de Chiquititas, pero no tengo el gusto. Bueno, acá me tocaron fans de ¡Bright Eyes! dos jovencitas y un flaquito con las hormonas a 100 grados y a punto de estallar, hablando a los gritos, riéndose de cualquier boludez, esperando a su idolatrado rebotando en sus asientos como si estuvieran en pelotas en un jacuzzi pasados de champagne.

"Bombardeen Texas, ellos también tienen petróleo"
Lo primero que resaltaba del escenario eran los dos símbolos de paz gigantes a los costados. No sabía que todavía se usaban. Me di cuenta hace dos días, que el símbolito seguía siendo actual, fue durante mi primer encuentro cercano con los manifestantes anti-guerra, en Los Angeles. Horas antes de dejar la ciudad paraíso de los Guns and Roses se hizo una demostración en contra de Bush y de la guerra, fuimos, por la causa, por el interés antropológico y porque nos quedaba cerca (era en el barrio dónde estaba nuestra base de operaciones). Esperábamos encontrar multitudes globalifólicas en pie de guerra y sólo había cuatro gatos locos (cuatro vatos locos en realidad). Eso sí, todo muy organizado, cada tribu por su lado y cada uno con su cartelito, mucha producción puesta en disfraces, pancartas, volantes y hasta en ataúdes de cartón con la bandera yanqui encima.
Todo prolijo, vigilados por polis en bicicletas, cantitos afinados y hasta una versión en inglés de el pueblo unido, jamás será vencido. (En mi cabeza no dajaba de sonar ese hit antibélico de Boy George injustamente olvidado: War is stupid, and people are stupid). Mucha gente sacando fotos y una pequeña paranoia alerta en los bordes afilados de las miradas, había una camarita cada dos personas y algunos parecían laburantes de estaciones de servicio infiltrados al servicio de la industria petrolera (a veces me dan ganas de hacerme el Zizek y mandarme análisis serios de estas cuestiones, ya tengo un título: La revolución será digitalizada, voy a ver si se lo puedo vender a Radar, a Majul, o a Beatriz Sarlo -uh, el otro día soñé con Isabel Sarlo, una mezcla de nuestra intelectual número uno con la diva de las tetas inmortales, La Coca Sarlo, el sueño era erótico e intelectual, un embole-).
La marcha fué por las calles del pujante barrio de Hollywood, desde las esquinas de Hollywood and Vine (que inspiraron el Heartattack and Wine de Tom Waits, dato Wikipedia al dope que siempre cuento) dando vueltas por un par de manzanas, para terminar frente a un escenario armado al costado del Teatro Chino (donde se entegaban los Oscars...), curioso trayecto para una marcha antiguerra, pero las contradicciones eran parte de la propuesta, si no ¿qué hacían esas remeras del Che Guevara diciendo Stop the War?, ¿lo quéee??? ahora resulta que nuestro guerrillero número uno era pacifista...
Caminar entre las columnas era como ver un programa de esos con edición a las chapas y mala música electrónica. Punks menores de 20, de riguroso negro de pies a cabeza quemaban carteles con la cara del tipo más odiado del planeta y participaban a su manera en la banda de sonido, uno gritaba "Five, six, seven, eight!!" y los que rodeaban el fueguito respondían "Fuck the police state!!", así durante varios minutos. Al lado un grupo de hippones veteranos se mandaba una batucada y una flaquita medio en bolas bailaba como poseída, igualito que en las películas de los setentas. Un grupo de cincuentones con caretas y antifaces que podrían ser The Mothers of Invention caminaban despacito tocándose un blues con solo de trompeta incluido.

Volviendo a New York, veamos que pasó en el festival:
Steve Earle: la joda largó con una especie de León Gieco pero sin chupamedias alrededor. Un cantante de protesta hecho y derecho: "Fuck the FCC/Fuck the FBI/Fuck the CIA/Livin' in the motherfuckin' U.S.A.", fué su mejor momento. Tres canciones con olor a pachuli, a Vietnam para entrar en calor.

Fischerspooner: primer gran sorpresa de la noche, era díficil poner en contexto el pop bala ochentoso de la banda pero por momentos lo consiguieron, gracias a las coreografías marciales de los bailarines que llenaban el escenario, a las remeras que decían We need war y a la sangre sintética que salpicaba sus ropas blancas, (en un momento había 15 personas corriendo ahí arriba jugando a la guerra). Linda la fiesta de las locas, con homenaje a Ziggy Stardust incluido, representando el viejo truco del cantante arrodillado delante del guitarrista simulando una felación. Cuando estuvieron en Buenos Aires el año pasado ni me interesó verlos, pero después de esto si llego a cruzármelos en el camino, me pongo mi camisita glam, me paro los pelos con ese gel Punk Chic de Wella que me sobró del último BAFICI y voy a verlos.

Moby: tocó una de Buffalo Springfield...

Intercalados entre los artistas fue apareciendo gente para dar discursos o contar experiencias horrendas. Una madre iraquí, un soldado yanqui, Susan Sarandon y un Chuck D gordo y muy lúcido diciendo loco, vayan al correo, gasten 20 mangos y saquen el pasaporte, que acá se pudre todo. Igual la gran ovación se la llevó Cindy Sheenan, madre de un pibe que murió en Irak. La activista del momento y organizadora principal de toda la cuestión contó su historia y terminó casi rapeando. Yo no sé cantar, ni tocar ningún instrumento, pero sé hacer versitos dijo y se mandó con un cantito que todavía tengo pegado: Ocupation is not liberation/ that's bullshit!/ Get off it/ this war is for profit!

Margaret Cho: la revelación del año, stand up comedian provocadora y militante, se cagó de risa de Bush, los homofóbicos, los proabortistas, los xenófobos, los religiosos... y hasta del público: me parece que hay unos cuantos acá que no conocen el sabor de una conchita. Vean el blog, escúchenla en su espacio en myspace (links acá al costado). Brillante y zarpada. Quiero una como ella en mi país.

Peaches: ¡qué fea que es!, disculpen, pero yo pensaba que en las fotos salía así porque siempre le agarraban del lado que menos la favorecía. Igual me gustó, con el único acompañamiento de una batería grabada, la séxopata electroclash se paró bien adelante firme en sus tacos altísimos y cantó como si todo le chupara un huevo. Empezó con un Impeach my bush! que alude al muy popular por aquí en estos días Impeach Bush (Juicio político a Bush). Terminó haciendo cantar a todas las chicas "Two guys for every girl". Y bué...

Devendra Banhart: no imaginaba que el chabón era tan cheronca. Manos en los bolsillos, saco y pantalón negro, el pelo que de a ratos le tapaba los ojos, no hizo ninguna alusión a la convocatoria y nos dio un poquito de su folk fumón, Heard Somebody Say (Here's what we believe/ It's simple/ We don't want to kill) y I Feel Just Like a Child ente otras. La banda más peluda de la noche nos llevó por un ratito a Woodstock y dejó con ganas de más.

Rufus Wainwright: qué voz tiene este pibe, siempre al borde de desarmarse, hizo un par de canciones solo y terminó con su vieja (Kate McGarrigle) tocando el piano, mientras el cantaba Hallelujah y Somewhere Over the Rainbow. Otro para ver apenas se cruce en el camino. Y también para invitarlo a tomar un Martini, por qué no.

Bright Eyes: el que esperaba la pendejada, subió y rockeó, bah, en realidad folkeó, pero las chicas igual aullaban como si estuviera rockeando. Su folk electrificado explotó con When the President Talks to God.

Lo de Michael Stipe fue medio un embole, ningún hit, todo en un tonito solemne. Ni sé de dónde sacó las canciones, pero ninguna era memorable, ¿qué le pasa? ¿le agarró el ataque que a veces le agarra a Spinetta cuando dice: se van todos a cagar, no voy a hacer ningún tema conocido?. La banda que lo acompañaba era buena, entre otros estaban James Iha, guitarrista de los Smashing Pumpkins, Rain Phoenix hacía coros y se hacía la linda, y el songwriter loser Joseph Arthur tocó y cantó en un par de temas (uno de ellos para las víctimas del Katrina).

Para el final esperábamos por lo menos un Get Up Stand Up con todas las estrellas de la noche, pero ni eso tuvimos, Stipe los hizo subir a todos, se abrazaron, saludaron para la foto y listo el pollo (frito). Todos a ponerse la bufanda, los guantes, el gorro de lana y las orejeras y a encarar los 5 grados bajo cero que hay en las callecitas de Niu Iorc.

Texto y fotos: Bob Migrania



 
 
 
 
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La marcha pasó frente a los negocios de artesanías regionales


Bombas a Texas


Che pacifista


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Fischerspooner


Peaches


Chuck D



Devendra Banhart


Devendra y su banda de gente peluda


Rufus Wainwright


Rufus cantando Hallelujah


Bright Eyes


Stipe no puede estar parado y se agacha para ver el solo del chino


Michael Stipe & Rain Phoenix


Stipe se apoya al cantante de Fischerspooner, Bright Eyes se parla a Rufus que es abrazado por su vieja, Devendra mira con ganas a la bajista de Stipe


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