Fue dificil
llegar a esta colina hollywoodense (aún mas díficil
fue llegar a este país, pero esa es otra historia y aprovecho
este espacio para saludar al oficial de migraciones que me abrió las puertas
de América, un tipo duro aunque un poco cholulo
que solo ante la mención de mi pertenencia a la industria televisiva abandonó su
actitud de perro guardián para murmurar un "tá bien, pasá" desganado),
vengo de estar 45 minutos esperando el bondi para subir a esta parte de la interminable
LA. La parada y el bus lleno de viejas latinas con bolsas de supermercado que
me miraban de reojo como preguntándose "¿De dónde
salió este bicho raro que habla mi idioma?"
El colectivo voló de una autopista a otra en tiempo record y con viento
y lluvia en contra llegamos enseguida a la base del Getty Center, esperábamos
encontrarnos con el edificio frente a nosotros pero solo había una entrada
de estacionamiento y empleados que nos invitan a tomar un tranvía
con el que atravesamos mas lluvia, bosque y empezamos a divisar esa vista panorámica
de las luces de la ciudad. Las nubes grises, mugrientas y el cielo azul oscuro
intentando morderlas agregaban drama al panorama, no podía evitar pensar que
cualquier tragedia es posible en esta tierra gobernada por Arnold. Bajamos del
trencito y nos dan un paraguas a cada uno, enjoy
the art nos
dice una recepcionista amable y nos suelta en un playón rodeado de arquitectura
moderna y sin idea de para adonde agarrar. Escaleras para arriba y para abajo,
pasarelas, caminos por aquí y por allá y por todos lados balcones
para mirar el paisaje.
El Getty Center es como el Malba, pero a lo bestia, propuestas de todo tipo en
un complejo con varias salas, niveles y jardines.
No imagino mejor lugar para ver a The Books, sonidos sofisticados
en un ambiente que te hace sentir parte de una obra de arte (o por lo menos parte
de una instalación
muy prolija) así es que por un rato salgo de mi personaje roedor, peludo
y neurótico y me siento dentro de un documental de Film
and Arts.
Where's the Degá? pregunta un canoso alto y de
capa negra que parece salido de alguna película de Woody
Allen, de esas en las que las chicas lindas van a los
museos y los recorren casi en cámara lenta, son esas pelis
en las que también hay mucho diálogo en los que se
mencionan escritores y pintores con el mismo énfasis de
esos viejos que recitan de memoria formaciones de equipos de futbol
inolvidables. Y no sé, por ahí anda lo de Degas,
ahora dejame perderme en la sala de los libros ilustrados
de la edad media, si, dibujitos de colores primarios y brillantes,
hombrecitos de ojos grandes y niñas de pelo de oro hechos
hace novecientos años
que parecen salidos de las manos de algún empleado de Dreamworks que
desayuna pepas.
Visitamos un par de salas, dejo una verdadera obra de arte en el baño,
estudiamos el mapa del centro cultural y encaramos la búsqueda del
Auditorio. El recital era gratis, previa reserva telefónica, cuando fuimos
a retirar nuestros tickets nos sorprendió la pregunta:
- ¿dónde quieren sentarse?
- (tímidos) en el medio, cerca
- OK
y nos dieron la mejor ubicación imaginable. Echamos una mirada al puestito
de discos y remeras y antes de entrar pregunto si se puede sacar fotos,
me dicen que a pedido de los artistas no se puede, y bué, pensé en
sacar alguna de contrabando pero despues me olvidé.
El público era como el que podrías encontrarte en un recital de Melero en
el C.C. Recoleta, pero con muchachitas asiáticas y parejas de cuarentones,
no había remeras rockeras salvo una de la dísqueria Amoeba (una
manzana completa en Sunset Boulevard en el pujante barrio de Hollywood, llena
de vinilos, dvds y cds usados a precios convenientes para el bolsillo argentino.
Es loco, enseguida te acostumbrás a que algo usado yanqui sale lo mismo
o menos que algo nuevo en nuesto país, si es que por alguna misteriosa
razón eso llega a editarse).
Califone
Primero tocó este grupo de Chicago integrado por un pibe de anteojos
que me hacía acordar a Napoléon Dinamita, un guitarrista
con pinta de ayudante de catedra y dos bateristas (o debería decir percusionistas,
porque estuvieron parados todo el tiempo). Lindas canciones que pueden archivarse
en la columna del alt country aunque a veces la percusión llevaba los
temas a los terrenos de la electrónica de dormitorio, buenas canciones
para escuchar a media luz, que cuando estaban a punto de dejarme definitivamente
hipnotizado se terminaron.
The Books
"We collect videos" dijo Nick Zamutto, que
canta, toca la guitarra y presiona el play del reproductor de DVD que está adelante
suyo, el DVD es parte importante de este show, en él no solo están
las bases y ruiditos que acompañan a lo que Nick y Paul
de Jong (cello y bajo) tocan en vivo, sino que también están
las imagenes, mucho video hogareño y material bastante extraño,
tal vez rescatado de casets abandonados en el Ejército de salvación
o directamente arrojado a la calle de cualquier suburbio norteamericano.
En un tema vemos a gente de principios del siglo pasado sacándose los
sombreros y haciendo caras a la cámara, otro está
protagonizado por Mike Zamutto (que canta y toca desde la pantalla
gigante) y otro nos muestra la letra, pero escrita con palabras que suenan igual
a las que se están cantando en el escenario.
Cuando escuchaba en casa Lost and Safe (el último disco de estos
tipos) imaginaba un escenario ocupado por un par de robots armados con samplers
y teclados. Le erré lejos, The
Books son humanos, y sus instrumentos acústicos. Sentados en
sus banquitos se parecen a esos pibes tímidos que van solos a los recitales
y no hablan con nadie, sólo que estos pibes crecieron y ya leyeron demasiados
libros y bastante cut and paste pasó por sus dedos. Zamutto antes
de darle play al DVD presenta los temas y hace chistes y estos se suman a los
que vemos en las proyecciones, luego el cello de De Jong nos
lleva en un viaje en alfombra mágica,
transforman un disco que me sonaba triste en una experiencia disfrutable con
todos los sentidos e inolvidable, desde la quebradiza Be Good to Them
Always (si, broken electronics que le dicen y también broken acoustics
digo yo, supongo que esta gente escuchó a Laurie Anderson y
la entendió), hasta el final con un cover de The Cello Song de Nick
Drake que cerró perfectamente la noche.
Después pasé por el puestito de merchandasing. Vendían
la agarradera oficial de Lost and Safe y una
remera que decía "Eat, read, sleep".
Migrania
Links relacionados:
http://www.thebooksmusic.com
http://www.perishablerecords.com/califone.html
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