¡Volvé, que te perdonamos!
Aviso: la memoria y lucidez de quien escribe no sirve siquiera de fuente remotamente confiable en lo referido al orden de los temas (y al resto, claro).
¿Será acá? ¿Tocará en el Main Stage? ¿Habrá empezado? A mí me trajeron en Pony. ¡Mirá quién está ahí, el sobrino del nieto de la prima del vecino de una amiga de mi tía abuela! Frases que se oían por todas partes el sábado, en el Club Ciudad de Buenos Aires. El aprendizaje: a los eventos así, hay que ir con mochilas llenas de peluches y parches de bandas que no sabemos pronunciar y que dejaron de existir antes de que naciéramos, la actitud correcta es la de correr, gritar, saltar y mandar mensajes de texto a todas las personas que no nos soportan ni soportamos pero que necesitamos cerca para hacer número... pero dejemos el asunto de las náuseas de lado.
Yo fui en principio a ver a Blondie. En el intento me perdí y me encontré varias veces, esperé 10 minutos, 20, 30, fumé un cigarrillo, tres, seis... hubo silencio, tos. Y apareció.
Anteojos negros, boina, saco, pollera, botas altas. Deborah Harry entró cubierta, tapiada de arriba abajo. Pensé que para presentarse así ante un público, directamente podría haber cantado atrás de un biombo. Pero lo pensé durante 4 segundos, en seguida escuché los primeros acordes de Atomic. Y pa-ra-qué! Casi nos hacemos pis encima (sí, hablo en plural porque me doy vergüenza). Al tercer verso, flotaba. En un momento presté atención (sin querer) (juro que no fue mi intención): me animo a decir que la bajaron unos 4832 tonos. Pero más o menos grave, Atomic salió con fuerza. Y todavía nos estábamos recuperando de eso, cuando empezó a sonar Dreaming. “Si hace Dreaming, el lunes empiezo a mejorar como persona” había dicho una hora antes (no hace falta aclarar que yo no soy de cumplir mis promesas). En ese tema, también hizo un par de firuletes hacia los graves, para no jugarse con la voz, pero está bien, se lo dejamos pasar. Le perdonamos todo.
Los temas se fueron amontonando, la gente parecía no entender. Todo el mundo estaba demasiado tranquilo. Yo hubiera querido inyectarles estimulantes en la sangre para activarlos. El público reaccionaba casi con indiferencia frente a los clásicos. ¿Cómo es la cosa? ¿Artistas con una trayectoria de 30 años, tienen que venir a hacer temas del 99 para que la camada Diferenciate-hacé-tu-propio-ringtone no les bostece en la cara? Me indigné. Pero también la indignación duró 4 segundos. Deborah se sacó la boina y corrió de un lado a otro del escenario. Por un instante, creí que estaba por descontrolar. Casi me convenció.
Siguió el repertorio: Hanging on the telephone, se dejó oír y terminó sin hacerse extrañar. Algo parecido pasó con Rapture, pero no pasa nada, Pasarella... porque en medio del piante, sonó un homenaje a Joey Ramone. La presentación fue corta, apenas de unas pocas palabras pero produjo un pieldegallinamiento general en la audiencia.
The tide is high arrancó bien desde abajo (previa zapada para dar tiempo a un descanso corto) y se oyó una versión un poco más relajada que la original. Cabe destacar el intento que hizo para ponerle un poco de onda al público, invitando a los coros. Yo seguí flotando. Pasaron, pasaron más temas, Stein (guitarrista, esposo de Harry) dejó las mandíbulas caídas a los no tantos que le prestaron la atención que se merece.
Deborah, por su parte, se fue librando de la ropa hasta quedar con su vestido rojo encima de unas medias negras agujereadas. Hay quien dijo que se veía más de lo que hubiera sido necesario ver. Por suerte, yo me había alejado un poco. Como sea, que nadie se queje. Ella bailó, se fue a la sombra, volvió, se bancó los primeros planos asesinos de los camarógrafos, sacudió la cabeza y pegó gritos.
Cuando empezó Maria, muchos reaccionaron de golpe, la multitud le daba finalmente un poco de retribución a los esfuerzos de la banda. El desempeño vocal de Harry fue bastante bueno, siempre teniendo en cuenta su situación particular. Estiró un poco los versos. Nos hizo unos cuantos amagues, se la veía bien. Haciendo lo que mejor hace. El chow chow siguió.
La batería, bajo y guitarra de Good boys nos tomó a todos por sorpresa. Empezó la buena racha. Nadie hizo menos que aullar con el comienzo del tema. Alrededor nuestro, un desquicio de brazos y piernas saltando, montones de bocas siguiendo las letras, y ni te cuento cuando la vimos y oímos rapear! ¿Cómo explicar lo que sentimos? Imaginate a tu abuela convertida en diva, con un escote surreal, 85,6 kgs de base, rockeando y sacudiendo la cabeza. Algo así era la sensación de incongruencia y furor que se desplegaba por el campo.
Pasada la euforia, parpadeé, parpadeé, parpadeé porque presentí Call me. Y ya estaba por desilusionarme cuando, sin poder creerlo del todo, ¡tomé conciencia de que había tenido razón! Momento histórico, conjunción de dos hechos increíbles: tuve razón, y empezó una canción de las Grandes. En medio de una masa mitad desenfrenada, mitad afectada, saltamos como una manga de looneys.
¿Cómo salió? Y... ¿qué te puedo decir, paparulo? Después del cover de Gwen Stefani + Shirley Manson no sé, creo que mi oído ya no se va a sorprender con una misma versión añeja. Pero levanto los pulgares para el bruto grito que pegó Deborah casi al final. Me reacomodó los tímpanos.
Me intrigaba saber si iban a hacer Heart of Glass. “Si la hacen, de qué se va a disfrazar para llegar hasta esos agudos? De ella-misma-joven, supongo.” Inmediatamente abandoné los divagues cuando escuché los primeros dos acordes inconfundibles de One way or another (antes de que me empiece mi descripción neurótica, quiero aprovechar estos últimos segundos de sensatez para aplaudir también los solos de guitarra y teclado que nos alucinaron la membrana de las neuronas). Tomo aire y sigo.
Listo: no, momento. Necesito más aire. Listo. Ahora sí, como decía, escuché la guitarra de One way or another. Entonces tuve que mirar el piso y asegurarme de tener los pies sobre el pasto. Todo parecía indicar que sí, pero yo estaba en otra parte. A mí no me engañan. De nuevo, todos las zapatillas, botas, sandalias se levantaron unos 30 cm del suelo. Lo curioso es que gracias a esos últimos minutos del recital, ahora si alguien me pregunta “¿Creés en la resurrección?” Voy a poder contestar “Sí, creo, porque yo ya me morí, fui al cielo, descubrí que Dios es rubia y confirmé que soy una exagerada de aquellas!”.
La letra de One way or another nos mareó un poco, hubo muchos cambios de lugar. Me obligo a mí misma a creer que fue intencional y pensado así a propósito. Por supuesto. Claro que no fue un error provocado por la pérdida de memoria. No tiene nada que ver con la edad. Perfecto. Ya me autoconvencí.
Sigamos: para el final del tema, ya teníamos los pies lisos. Cuando se calló la música, no hubo ni un movimiento. Esperamos unos minutos. ¿Qué pasó? Sube un técnico y empieza a acomodar los equipos.
¡¿QUÉ?! Escándalo, Blondie había terminado de tocar y no hubo saludo. Flojo, flojo... esas cosas no se le hacen ni al público que padecieron!

Conclusiones que sacamos arriba del bondi:
1. El sonido del lugar podría haber sido peor.
2. Fue peor.
3. La vestuarista de Deborah tiene un sentido del humor muy particular.
4. No se puede pretender que ella conserve el registro vocal que marcó sus inicios, ahora que está a un paso de los 60.
5. ¡No puede ser que esté a un paso de los 60!
6. ¡Me confundí de bondi, no me tenía que tomar el 60!!!
7. Tengo que aprender a separar las cosas.
8. Y dejar de enumerar tan mal.
9. Y terminar esta nota.
10. Ahora sí.

Puntaje del recital
: 9 bondiolas.

Perra Laika


.:: encerradosafuera.com.ar - made in b.a., argentina - 2003 - contacto: correo@encerradosafuera.com.ar ::.