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 De paseo por el videoclú
 
 
 

Hablemos de pelis, que es una de las cosas que nos gusta. En un antro de la calle Corrientes se puede conseguir The Blade (1995), del maestro de Hong Kong Tsui Hark. De este señor hay que ver todo lo que se pueda, sólo por el hecho de haber sido socio y de algún modo mentor del querido John Woo (a quien seguimos queriendo a pesar de su última película de reclutamiento y llamado a lar armas Windtalkers). Lo que se pueda decir del cine de Hong Kong va a ser siempre poco, y quien haya entrado en el vicio se sentirá como dentro de una juguetería inmensa. Los placeres prometidos son muchísimos y la diversión asegurada. Si alguno, por otra parte, observó con detenimientos a algunas de las chicas chinas que atienden los locutorios 24 horas (gran invento) sabrá que los amarillos han definitivamente vencido. Me alegro. No soy para nada un experto en cine de Hong Kong (tampoco en chicas chinas), sino más vale un viajero maravillado por lo que empieza a ver, que quiere compartir experiencias. Volvamos a la película. Maravillosa y sorprendente en muchos aspectos, por su despliegue visual, por las coreografías imposibles de las peleas, por las líneas de fuga de la trama. Frente al golpe de efecto de mucho cine al que estamos acostumbrados, la idea de movimiento imposible me gusta, como si en las peleas mucho más que de lo sobrehumano se tratara de paradojas, de estar en dos lugares al mismo tiempo por ejemplo. Hay que ver y asombrarse. Voy a seguir metiendo un poco de cizaña, porque al lado de lo que aquí sucede Matrix parece cansada y pirotécnica, Matrix me parece los Rolling Stones al lado de los Sex Pistols de este cine sin límite. Como en otros filmes orientales, la lucha entre género e innovación se tensa al máximo; nunca estamos seguros de quién es el héroe. Si la mujer la mayoría de las veces es el objeto de disputa de todo desafío, aquí es el gran demiurgo invisible que quiere ver a los protagonistas pelear entre sí porque no sabe a quién quiere. El epílogo al respecto es todo lo sugerente que las pelís más sesudas se matarían por lograr. Podríamos hablar del camino de construcción del héroe si no fuera que ese lugar queda indeterminado (como la mayoría de las veces, por ejemplo en El último caballero, uno de los primeros filmes chinos de Woo). Por supuesto que hay muchas sorpresas y joyitas hasta el clímax del final. ¿Cuál podría ser la definición de autor para un cine de acción de esta clase? El director es quien lleva siempre las cosas más allá. Comentario al margen, a los que creen que Van Damme es un gilastro les recuerdo que lo dirigieron tres de los mejores de Hong Kong, Tsui Hark, Ringo Lam y John Woo. A buscarlas, muchachos, que se consiguen en todos lados. Otra más, Batalla de Honor (Twin Warriors) es una excelente peli de Jet Li en China y sin las constricciones occidentales, también en el videoclú de tu barrio.



El eclecticismo es lo que nos salva y lo que nos hace resistir como clase media, así que sigamos de paseo. La Costilla de Adán (1949), de George Cukor, videoclú con sección clásicos. Katharine Hepburn y Spencer Tracy. ¿Qué extraña dignidad tienen estas comedias ligeras (¿ligeras?)? La dignidad (de una mujer) es el tema por otra parte. Mientras miraba y miraba a esa mujer pensaba que en ella todo era verdadero, que ella, Katharine, no era una actriz sino que era esa abogada sofisticada y risueña (aparte de esposa perfecta). Por su sola presencia es un mérito. A alguien así no debería exigírsele que estudie, por ejemplo. Ella es, simplemente. Frente a todo esto y al glamour que se desprende de la pantalla, el pensar sobre la mistificación hollywoodense es inevitable. Pero la mistificación me parece a mí que está en las antípodas de la inteligencia, y en esta película como en otras (la lista es larga e incluiría a Hawks, Wilder y muchas más firmas) la inteligencia es el punto. Como en otra recomendadísima de Cukor, Historias de Filadelfia, la agudeza, la sinceridad y el humor van de la mano. Por otro lado, la idealización de las clases altas van para mí mucho más en el sentido de un espacio abstracto e ideal que en el del encubrimiento. Como dijo el crítico Jonathan Rosembaum hablando del cine comercial actual, ¿quién puede tomárselo en serio? Las ideas de la gente que estudia en la facultá me parecen en general de lo más extrañas. Quién puede decir del Hollywood clásico que es un naturalismo. Pamplinas. Es muy interesante también descubrir cómo el "cine independiente americano" bebe de estas fuentes y no sólo de Godard (¡a dios gracias!). Ver por ejemplo la joyita Sr. Celos del más que new yorker Noah Baumbach, descubrimiento del Sr. Pablo Conde que prometió una notilla al respecto. Cine clásico, es decir, no que aburre sino que lo podés ver cualquier día.
¿Y que pasa si es sábado a la noche y sigo sin encontrar nada? Alquilate Bajos instintos. Calles de San Francisco psicótico. Pudo haber sido genial. Igual llega todo lo lejos que necesitamos para pasarla bien. Se huele Hitchcock, se huele noir, se huele de todo. Se huele Verhoeven también. ¡Cómo te queremos Verhoeven! Mucho metatexto sin complicaciones y eso me gusta. Y si hay que hablar de otras películas cuando se hace una no es por posmo sino porque así es el mundo, lleno de imágenes que nos parasitan. La mujer rubia, la mujer morocha, la buena, la mala, ¿cuál es cuál? Nos vemos pronto.

Santiago B.


 
 
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