| De
golpe, cuando menos lo pensaba, estaba inmovilizado. Encerrado
en un espacio abierto. Aislado en el centro del mundo. A
cada uno su prisión. Hay quienes piensan que somos
lo que comemos, otros que somos lo que leemos o vemos, otros,
que somos las personas que nos rodean. El infierno son los
otros. Todos somos un otro para alguien también. Una
gran sabana rodeada de grandes ríos, en el centro
un gran pantano, en el centro del pantano una isla, en el
centro de la isla una cabaña, en la cabaña
un escritorio, en el escritorio un libro, en el libro una
línea, en esa línea una palabra que me representa.
La olvidé.
¿Qué hacemos cuando nos sentimos encerrados?
Intentamos salir. Si no podemos hacerlo, tratamos, con la
fuerza de nuestro espíritu, de recrear el mundo. Por
las noches leo, observo mapas, veo películas en un
computador (me gusta ese masculino que aprendí quién
sabe en qué traducción barata comprada en la
calle Corrientes). Veo las películas que mi amigo
Pablo me graba en dvds viejos por si me pierdo en la selva.
Veo una carpeta que dice Looking for Kitty. Entro. Me
quiero quedar. Escrita, dirigida y actuada por Edward
Burns. Cuando googleo encuentro que es el soldado
Ryan…oh la la…Homenaje a Nueva York y a los encuentros fortuitos,
a los que construyen su vida alrededor del béisbol
(ponele el fútbol), el pop o los bares. Es decir,
cualquiera de nosotros. Película nostalgiosa; principalmente
del amor, de cómo éramos antes de que llegara
la consciencia y todo era fácil. Película nostalgiosa
de cómo eran las cosas antes y el mundo (Nueva York)
era un lugar sin terroristas. Mejor dicho, sin gente que
busque terroristas. En un momento llega el momento de toda
peli yankee cuando un personaje dice this is a free country… Edward
lo dice y se corrige al segundo: bueno, solía
serlo. Recomendado sí te gusta Auster,
Luna y Noel Baumbach.
La película se termina y ya no se escucha nada. Estoy
rodeado de un silencio profundo. Mejor dicho, nada que no
estuviera antes de que la tecnología llegue, todo
es paz, tranquilidad, quietud…sin embargo un sueño
o una canción y la uniformidad del mundo se quiebra… como
el aire que se corta con la mano esos días pesados. ¿Por
qué? ¿Por qué vuelven los fantasmas,
estemos dónde estemos?
Durante este tiempo la memoria es clara, recupera las palabras
limpias, como si recuperara peces de colores que se entregan
mansos en las aguas cristalinas de un estanque… pesco una
palabra, otra... van cayendo como gotas… por las noches duermo
profundamente… si despierto es para escuchar el silencio
más intenso de la noche… y seguir durmiendo y soñando… que
no estoy encerrado.
Cuando era chico y el mundo todavía era enorme, algunos
días especiales, en una clase de ritual, con mi hermana
Gabriela dábamos vuelta en el garage el canasto de
los juguetes. El canasto apareció cuando el baúl
que cumplía las mismas funciones se desfondó.
El viejo baúl con que la abuela vino de Alemania y
que ahora, renovado, queda tan lindo en mi departamento de
Boedo Hollywood. Dar vuelta el canasto de los juguetes era
un ritual de renovación, tirar cartas y dar de nuevo.
Los mismos juguetes viejos que después de un tiempo
eran distintos, esos días en que el aburrimiento,
previendo tantas cosas que iban a venir, había achatado
todas las cosas. La misma felicidad y alegría siento
hoy a veces, cuando alguna noche, después de un día
de dolor de cabeza y sopor, meto en la compu alguno de los
dvds que me graba periódicamente mi amigo Pablo ara
ver que encuentro. Están siempre ahí los dvds,
pero una noche doy vuelta el canasto y voilá, alegría.
Se abre la puerta.
En estas noches de sopor encontré entre otras cosas
los siguientes films que me devolvieron a la vida: A saber:
la revisión del clásico western High
noon (A la hora señalada) en clave estudiantina: Three
O'clock High. Maravillosa; si Adorno hubiera
visto esta peli, seguro que no hubiera sido tan severo con
los mass media. La frekeada Dreamscape que
solo se justifica con ver a Dennis Quaid cuando
tenía veinte años y creemos ver al Chueco
Suar en Clave de sol. No hay nada
como un héroe revisando escritorios de la CIA en pantalones
blancos ajustados y una bufandita escocesa alrededor del
cuello. El experimento canadiense llamado Nothing.
Encantadora desde el minuto cero. Solo baste decir que tiene
la mejor frase desde hace tiempo (y que es otro manifiesto
estético seguramente incomprendido por la escuela
de Frankfurt). Los personajes son dos amigos perdedores,
refugiados y acorralados por las desgracias en una casona
viejísima. Abren la puerta y la casona flota en una
especie de atmósfera lechosa, la nada. Por supuesto
la primera reacción es volver a entrar a la casa y
prender la tele. Uno de ellos dice casi llorando ¡estamos
muertos!!! El otro, el héroe, responde con frialdad no
podemos estar muertos ¡tenemos cable!!!.
Encontré música, claro. Arte, arte y arte
para no morir de realidad.
DJ Malhumor |