| El 21 de septiembre,
a los 82 años, falleció Russ Meyer,
cineasta completista de los que casi no hay. A lo largo de
su carrera filmó cerca de 30 largometrajes, en los
cuales no sólo se hizo cargo de la dirección,
sino también de la producción, los guiones,
la cámara, la edición, la distribución,
el manejo de los derechos, etc. Ejemplo máximo del
self-made man, Meyer no sólo demostró una
gran versatilidad al momento de dirigir, sino que dio clase
en muchas de sus películas. Sin embargo, y muy a su
gusto, siempre será recordado por lo neumáticas
que fueron sus protagonistas. Mujeres de pectorales descomunales,
siempre exagerados, cuasi cartoonescos, pero, eso sí,
siempre naturales.
Las tetas fueron el punto de partida de
muchas de sus elecciones de casting. Especialista en encontrar
tetonas, Meyer no era muy amigo de repetirse,
por eso siempre deslumbró la
cantidad de pechugonas que supo conseguir. Los nombres de
sus chicas son tan llamativos como sus curvas: Kitten
Natividad, Babette Bardot, Lori
Williams, Haji, Uschi Digart, Erica
Gavin, y, entre otras, Tura Satana,
aquí tristemente conocida por un tema de los Babasónicos .
No
sólo de tetonas se poblaron sus películas:
también había muchos hombres, en general al
borde de la explosión sexual, conteniéndose,
dejándose seducir y dominar por estas amazonas salvajes.
Ellos en general son altos, de mandíbulas rectas y
firmes, cuasi arios, siempre al borde de la caricatura, al
igual que las mujeres.
Sin
embargo, no todo es caricatura en el universo meyerano. Sin
lugar a dudas, el pulso que demuestra en cada una de sus
películas habla de una
conciencia, de una intención.
Es así como al comparar dos obras tan opuestas como Supervixens y Lorna,
vemos un total dominio del montaje, ya sea para ritmos frenéticos,
tan crudos como humorísticos o para ritmos más
reposados, con una envidiable creación de climas. Los
brillantes colores balanceados de una contrapuestos a un glorioso
blanco y negro en la otra, utilizado como criterio estético.
La carrera de Meyer empieza como espectador
del burlesque, teatro para adultos, en el cual se enamora de Margie
Sullivan, una simpática y desenfadada tetona
que sería su estereotipo de mujer ideal, punto de partida
para sus posteriores decisiones de casting. Su pasión
por la fotografía desde los 12 años lo llevó a
trabajar profesionalmente en ese rubro, haciendo desde publicidad
hasta la cobertura de la segunda guerra mundial, en la cual
participó en un batallón cercano al de Patton.
Tras volver de la guerra, comenzó a fotografiar mujeres
para revistas de adultos, hasta que conoció a Peter
DeCenzie, dueño de El Rey Burlesque,
quien le produjera su primer película, French
Peep Show, traslación de un espectáculo
en el que unas 9 bailarinas, entre las cuales se encontraba Tempest
Storm, llevaban a cabo unos alegres strips, acompañadas
por una orquesta. Esta película sería el comienzo
de una serie de nudie cuties y películas de campos
nudistas, en las cuales los argumentos no tenían importancia,
sino la aparición de varias mujeres en topless con mucha
alegría y, nuevamente, desparpajo.
En 1958 se rueda
lo que sería su debut oficial, The
Immoral Mr. Teas, en la cual un hombrecito desgarbado
tiene visión de rayos x, pudiendo ver desnuda a
cuanta mujer se le antoje. Esta comedia dislocada funcionó muy
bien en los circuitos underground norteamericanos, recibiendo
alguna que otra crítica positiva, lo que lo llevaría
a realizar muchas películas con similar temática:
humor y minas en bolas, una combinación irresistible.
Su
momento más alto comienza en 1964,
con Lorna en la cual una mujer que enloquece
a todos en un clima tan caliente como su protagonista. De
allí en más, su obra se puebla de películas
extremadamente personales, como Mudhoney o Motorpsycho,
una de sus primeras películas no focalizadas en las
glándulas mamarias,
en la cual sigue las aventuras de tres pandilleros. A esta
altura de su carrera, los nudie cuties estaban muy
de moda, aunque eran perseguidos por las distintas organizaciones
puritanas que velaban por “una América más sana”. Motorpsycho es
su primer paso en busca de nuevos rumbos y se transforma en
su película más taquillera hasta ese momento.
Sin embargo es en 1966 cuando realiza su obra más alabada,
innegable objeto de culto alrededor del mundo: Faster
Pussycat, Kill! Kill! Viendo el éxito que
resultó ser Motorpsycho, se decide
a realizar un film similar, pero con mujeres en los roles protagónicos.
Para esto recluta nuevamente a Haji, una
de las pocas chicas que repitió en sus filmes, la cual
le sugiere a Tura Satana, una striper mitad
cherokee mitad japonesa. Esta imponente belleza era experta
en artes marciales, lo que la hacía ideal para el protagónico
de Faster Pussycat. Así es como nació este
clásico, que en su momento no tuvo buena respuesta del
público y que, irónicamente, resultó ser
uno de los favoritos del reciente movimiento feminista, ya
que las mujeres son las que tenían el poder, en unas
desérticas carreteras, donde los hombres no eran más
que víctimas del original girl-power. Lo de irónicamente
se debe a que los filmes de Meyer siempre
han sido tachados de sexistas, por su abundancia de mujeres
abundantes y su obsesión de mostrarlas bien en pelotas.
Y bué, así son las mujeres, che…
A medida que fue avanzando, su personal desarrollo del lenguaje
cinematográfico se fue acentuando,
hasta llegar a un uso tan ajustado de las
cuestiones técnicas que se puede
reconocer algunos de sus filmes por su impronta personal. Uno
de los recursos que más utiliza es el montaje ideológico,
intercalando planos de animales o detalles de lenguas salivantes
en medio de secuencias que aparentan no tener relación,
dejando libre el camino de la interpretación para el
espectador.
Yendo y viniendo entre un estilo y otro, realiza
dos películas
más, bien distintas entre sí, Mondo
Topless y Common Law Cabin, una,
en plan documental, muestra una buena cantidad de mujeres
en topless bailando y hablando de sí mismas, mientras
que la otra, en plan ficción, sigue a un dramático
triángulo amoroso en los pantanos sureños.
Las
peleas con los distintos sectores mas puritanos nunca cesaron:
aún hoy permanece secuestrada una copia de
la película Mudhoney, en la ciudad
de Long, en Texas, donde le exigieron a Meyer que
la reconozca como pornográfica y obscena, a lo que él
se negó hasta el fin de sus días, siguiendo
fiel a sus principios.
El cambio de década le trae una hermosa sorpresa,
ya que lo llaman de Hollywood: un gran estudio lo quiere
detrás de las cámaras. Así es como realiza
sus dos películas mainstream, Beyond the Valley
of the Dolls y The Seven Minutes.
La segunda no tuvo mucho éxito, pero la primera lo
terminó de lanzar al estrellato. Un estrellato reducidísimo,
pero que le sirvió para terminar de cerrar su condición
de autor. Tras trabar una amistad con el hoy famoso crítico Roger
Ebert, se sientan a escribir el guión que
los llevará a esta gran superproducción para
la Fox. Sin relación con la novela El valle
de las muñecas, ni con su adaptación
fílmica, la película de Meyer sigue
a una banda integrada por mujeres y sus intentos por llegar
a la fama. Con música de The Carrie Nations,
este film fue descrito como el “primer musical camp de explotation”.
La carrera de Meyer nunca volvería
a tener un éxito como este. Sin embargo, al día
de hoy, la Fox se muestra reticente en cuanto
a la exhibición y la distribución de Beyond… Caretas.
De allí en más, Meyer dirigió unas
5 ó 6 películas más, de las cuales vale
la pena destacar SuperVixens y Up! (también
conocida en algunos países como Megavixens),
ambas poseedores de una frescura y un desparpajo incomparables.
A fines de los '90, de la mano de Playboy,
participó en un par de videos poco interesantes, con
falsas tetonas contoneándose frente a cámaras
de video, productos menores y de poca calidad, sólo
interesantes para completistas. Y para masturbadores compulsivos,
por supuesto. Quedaron pendientes Beyond the Valley
of Pulp A Go-Go, en la cual pretendía agrupar
varias escenas de sus filmes y sumarles algunas sesiones
fotográficas
con modelos, y The Bra of God, un guión
coescrito con Roger Ebert, dos obras
inconclusas que sin dudas hubieran dado qué hablar.
La filmografía de Meyer es tan
interesante como difícil de conseguir, si no es
a través de la compra directa, orquestada a través
de RM Films, su distribuidora.
Recomendamos
fuertemente que no se pierdan las películas
arriba detalladas, son la prueba más fuerte de la
autenticidad y la personalidad de un cineasta incomparable,
tan original y trasgresor que no parece ser estadounidense.
En su personal universo se pueden encontrar desde tetas y
culos que hablan hasta dictadores sadomasoquistas, indicios
de que su realizador era un hombre gracioso, consciente de
sus herramientas, de su voz propia y de la cultura pop. La
alegría
de sus films recuerda a ciertos elementos de Tex
Avery, logrando la caricaturización de sus
protagonistas, gracias a unos trabajos de cámara y
edición tan excitantes como las siluetas de sus protagonistas
femeninas.
El mundo es, sin duda, un poco más triste
sin Russ dando
vueltas. ¡Ya te extrañamos, viejo!
Su filmografía:
1950 - The French Peep Show
1959 - The Immoral Mr. Teas
1959 - This is My Body
1960 - Eve and the Handyman
1960 - Naked Camera
1961 - Erotica
1962 - Wild Gals of the Naked West
1963 - Europe in the Raw
1963 - Heavenly Bodies!
1963 - Skyscrapers and Brassieres
1964 - Lorna
1964 - Fanny Hill
1965 - Mudhoney
1965 - Motorpsycho
1966 - Faster Pussycat, Kill! Kill!
1966 - Mondo Topless
1967 - Common Law Cabin
1967 - Good Morning...and Goodbye!
1968 - Finders Keepers, Lovers Weepers!
1968 - Vixen
1969 - Cherry, Harry and Raquel
1970 - Beyond the Valley of the Dolls
1971 - The Seven Minutes
1972 - Blacksnake
1975 - SuperVixens
1976 - Up! / Megavixens
1978 - Who Killed Bambi? (incompleta)
1979 - Beneath the Valley of the Ultravixens
1998 - The Breast of Russ Meyer
Inconclusas:
Beyond the Valley of Pulp A Go-Go
The Bra of God
Pablo
Conde
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