| La película
de Vinterberg (La
celebración) transcurre en un futuro
próximo, la de Assayas (Irma
Vep,
Los destinos sentimentales, Fin
de Agosto, principio de septiembre)
tal vez ahora. Ambas son un ensayo sobre el porvenir.
En los últimos años podemos contar una versión
alemana de Tokio (Erleuchtung Garantiert –Iluminación
garantizada– de Doris Dorrie), una americana
claro (la sobredimensionada Lost In Translation)
y esta versión
francesa de Assayas (por supuesto la enumeración
puede seguir, como la versión pop de Tarantino y
así otras). De alguna manera para estas tres películas,
Tokio y Japón en general, son el futuro temporal pero
localizado ya mismo en el espacio. Seguramente una versión
argentina sobre Japón podría ser una historia
costumbrista de tintoreros que pierden su tintorería
a causa de la competencia desleal de los nuevos negocios rápidos
y baratos (aunque de mala calidad e inhumanos). Los protagonistas
tratan de regresar a un Japón que los expulsa. Los personajes
vagarían preguntándose por la identidad del ser
japonés y ya que estamos por qué significa ser
argentino. Los japoneses argentinos serían los únicos
japoneses perdedores que existen, una verdadera curiosidad.
It's all about love y Demonlover son
aparte de varias cosas (películas entretenidas por ejemplo,
explicación
de las nuevas tecnologías, antídotos para soportar
lo desconocido) ensayos sobre el cine, ensayos sobre los distintos
y nuevos lenguajes. Un danés y un francés se
apropian desvergonzadamente de lo que pertenece a Hollywood
y lo reciclan a su modo. Con una ironía que no es menor
Assayas transforma esto mismo en una intriga
de espionaje industrial acerca de quién se quedará con
los derechos de los animé japoneses, o sea, de quién
se convertirá en el dueño del porvenir.
El tema del poder descarnado es el tema principal de Demonlover;
la dominación de una generación sobre otra, de
una lengua sobre otra, de un sexo sobre el otro. Poder y conocimiento
van de la mano, están los que miran desde los rascacielos,
los que comprenden de qué se trata, y están los
que están ciegos. Tema viejo como la filosofía
misma; el verdadero mundo, sea el del bien o el del mal, siempre
está oculto para la mayoría.
Demonlover podría ser la contracara
de Perdidos en Tokio. Todo lo que respecta
a Japón
es fascinante y enigmático (incluyendo al pasar escenas
de Kurosawa en la televisión, el
nuevo, así como
extractos de animé y cine de animación que
son la película
dentro de la película); después de todo el
Japón de Sofía Coppola no
podía ser
más que esquemático porque así lo son
también los americanos que en ella aparecen. Cada
uno resolverá por su cuenta el enigma si este esquematismo
es una decisión estética o tan solo un reflejo
de los prejuicios y estrechez de mira de la directora. El
final de Demonlover incluye persecuciones
de cine clase b y un final que podría ser de una película
de
John Carpenter (donde una historia particular
toma dimensiones mundiales y catastróficas). En el
film de Vinterberg también
hay referencias al cine industrial; hay un homenaje a las
películas con patinadoras (en general
melodramas terribles) y una apropiación a medida del
gran Sean Penn en un papel inventado para él.
El reporte sobre la situación mundial de ese escritor
que no puede bajar del avión por una sobredosis de
una nueva droga para evitar el miedo a volar es notable y
para atesorar. Película antidogma donde todo es artificio,
cruce de significaciones y disolución de la trama.
Hay referencias a su opera prima y primer caballo de batalla
de ese gran chiste que fue el Dogma 95, La celebración (que
por supuesto festejamos) y hay una referencia a Vincent
Gallo porque
el protagonista es ese actor que es igual a él y que
hace del emperador malo en Gladiador. En la película
de Assayas hay una referencia a Sonic
Youth que son los autores
de la banda sonora (Calidad garantizada).
El día que finalmente lleguen los marcianos a la tierra
no nos vamos a sorprender y los tomaremos como conocidos
gracias al cine norteamericano. El cine de ciencia ficción
aparte de ser un entretenimiento casi asegurado ha tenido
una función que pasa desapercibida para muchos. Ser
un excelente divulgador científico no es poco, Jurasic
Park, Evolution o El
increíble Hulk así lo
demuestran. La teoría evolutiva y los misterios del
código genético serían temas de especialistas
o aburridas teorías para aprender y olvidar en el
colegio. Gracias al cine (OK, no solo) están en la
boca de todo el mundo.
Assayas y Vinterberg son
ellos mismos el presente y futuro (como por esas casualidades
achacadas al espíritu
de época, Code 46 la anteúltima
del inglés Winterbottom -24
Hours Party people, I want
you- también es de
ciencia ficción). La película del primero es
entretenida y cínica; la del segundo melancólica
y de una poética resignada, una poesía del
fin que recuerda por momentos el final de Magnolia. Lo menos
que se puede decir de ambas es que son inteligentes y arriesgadas.
Mientras muchos siguen preocupados por saber quiénes
son y en qué se equivocaron, ellos están preocupados
y se preguntan quiénes vamos a ser. Por otra parte
algunos podrán decir que estas no son películas
de ciencia ficción sino tan solo una preparación
para lo peor.
Santiago
B.
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