| La
anécdota me la contó un amigo chileno que hice
cerca de la frontera, en la zona del río Murta, unos
60 km. más arriba de Puerto Tranquilo. Pedí permiso
para dormir en una chacra apenas pasando el puente de las
ovejas, la única que iba a encontrar y la única
antes de llegar a Villa Cerro Castillo, otros 60 km. más
adelante. Me recibieron con un mate y haciendo chistes amistosos
acerca de hablar con che (nombre del gato de Julie
Delpy).
Críaban cabras y hacían queso. Hugo, el hijo
mayor me la contó. Cuando llegó la noticia
de la muerte de Roberto Bolaño a
Chile, una locutora de programa de tele de las que hay iguales
en cada rincón
del planeta anunció el
lamentable deceso de Chespirito, El
chavo del ocho, Roberto
Gomez Bolaños, el único que conocía
con ese nombre casi idéntico, claro. Me la contaba
para contarme del estado de la cultura en Chile. Reímos
como creíamos que Bolaño,
el escritor, hubiera reído. Contentos por la pequeña
comunidad que con la anécdota se había formado,
allí tan
lejos de todo, y que nos separaba de toda la otra; reímos
amargamente también, porque alguna vez, más
vale temprano que tarde, tendríamos que volver a ella,
a la comunidad de los gritos y las conductoras de TV idiotas.
Cuando Hugo caminaba lo rodeaba un pequeño cortejo de
perros ovejeros, no de raza sino de profesión. Durante
el viaje, este y otros, me encontré con dos clases de
perros; los que sumados a su preocupación de perros
guardianes odian las bicicletas; y los que me escoltan y me
muestran el camino. Estos son los perros pastores por naturaleza.
Como con todo, por supuesto, también existe la gran
masa de perros indiferentes.
Entre todos esos perros se destacaba uno viejo como un patriarca,
peludo y de color gris plomo, aspecto de sabio también.
Me contó Hugo que ese perro estuvo en los Estados Unidos,
se lo llevaron para allá de tan bueno que era. Se fue
con su tío. El perro arriaba ovejas y el tío
las esquilaba. Estuvo muchas veces trabajando en la Argentina
también,
claro. En la Patagonia la frontera se desdibujaba, por eso
tanto mate y tanta carne. Ahora el perro casi no hace nada
y se la pasa echado algo melancólico. Cada tanto se
levanta y pega unos ladrido como dando órdenes a los
otros, como si fuera el capataz. Después vuelve
como antes. A los perros pastores se los cría con las
ovejas o las cabras; son amamantados como una cría más.
Después van a guiar y defender de los zorros, pumas
y cuatreros. El perro pastor cuida, perros bravos, y guía,
perros simpáticos que corrieron adelante de mi bicicleta
por kilómetros. No hay malos perros pastores por la
sencilla razón que no sobreviven, el paisano le mete
bala nomás, sólo hay comida para el que trabaja.
Por eso el perro veterano siempre pega un ladrido para que
lo escuchen, por si las moscas, no sabe que ya lo jubilaron.
Historias de perros; perros para cazar osos como la historia
que cuenta Faulkner en The Bear, perros cimarrones que atacan
como lobos en Ciudades de la llanura de Cormak
McCarthy.
Mi amigo Hugo estudia literatura en Temuco. Una vez un compañero
llegó borracho a la clase y se pasó un buen rato
contando a la clase y al profesor que estaba en ese estado
porque pasó la noche anterior bebiendo con Rimbaud,
en persona. Pensé que me hubiera gustado asistir a esa
universidad. No está nada mal pensar que Rimbaud reencarna
aquí y allá para morir cada vez a los 37 o 38
años en algún lugar impensado. Hugo tal vez venga
a visitarme cuando arregle su problema con la justicia. Nada
muy grave, atropelló a su ex suegro que lo había
golpeado sin razón en una oportunidad. Aparte de ex
suegro era policía así que pasó un mes
adentro donde conoció a otros artistas. Un amigo en
especial era como el personaje de 3
Iron, la película
de Kim Ki Duk. Experto en entrar en casa ajenas.
Una vuelta el dueño de casa llegó antes de tiempo,
alcanzó a
meterse en una cucha en el patio. Una vez adentro descubrió que
estaba habitada por un rottweiler. El perro se sorprendió tanto
como él. Durmieron abrazados y a la mañana siguiente
pudo irse. Era un verdadero artista; terminó preso porque
lo traicionó una mujer, despechada, claro, mucho más
peligrosa que un perro guardián. Conoció también
a unos cuantos cuatreros, oficio en decadencia. Ya había
escuchado que quien carnea un chancho bien puede carnearse
un cómplice si se quiere quedar con más de lo
que le corresponde. Ya lo decía Morrissey: Meat
is murder.
Hugo me recomendó unos libros; a decir verdad yo mismo
no he leído mucho de Bolaño. Pero me cae bien;
porque murió joven, porque escribía para sobrevivir,
porque era un desplazado, y porque, leí en un reportaje,
se asqueaba con el espectáculo terrible de la gente
satisfecha de sí misma.
A la mañana siguiente seguí pedaleando. Pensé que
si me quedaba ya no querría volver a salir. Y me fui.
Dj Mundial
|