| Qué
mal que anda Tarantino que ya no tiene quién lo
defienda. Traer a colación
una famosa segunda parte que se malogra al final por mediar
de enlace y a la que hacía alusión justamente
(ver Kill bluff y el problema de las segundas partes) es
bastante poco. Dedicarse
a responder una nota, con nombre y apellido,
como si fuera una carta y no un espacio público donde
lo que median son las argumentaciones y no los gustos personales,
no alcanza. Como Kill Bill, donde Tarantino no
pudo acceder a una obra y sólo pudo quedarse en
sus caprichos y chistes de amigotes. Que los chistes de amigotes
le gusten a muchos es otra cosa, sentimiento de pertenencia
le dicen. Hay quienes no pueden ver películas habladas
en otro idioma, hay otros que consideran buena inmediatamente
una película si habla con sus mismos tics culturales.
Pero no hay nada peor que explicarle a otro, no te das
cuenta es muy gracioso, está buenísima. Desde
el inicio allí algo no funciona. Los chistes te hacen
gracia o no, y, particularmente, para mí, Kill
Bill adolece de humor. Ese es su principal
defecto.
La parte
dos de Volver al futuro es una segunda
parte fallida justamente en ese final. Argumentar eso queda
para otra nota, pero empezamos mal, porque justamente es
una segunda parte a una primera hecha y derecha, una segunda
parte a una película (como argumentaba) cuya complejidad
y riqueza exigía una segunda, cosa que Tarantino no
pudo hacer en su Vol. 1. Simplemente cortó
porque tuvo miedo de asustar a su público come
pochocho que
jamás
verá una peli china dada la ciclópea tarea
de leer las letritas del subtítulo. Ese es el único
bien; a ese público, y no al cine oriental que
no necesita de su ayuda para estar vivo; prejuicio americano,
mi amigo. Variante cool del gringo que descubre
la salsa o la música africana. Estamos cansados de
David Byrnes y Peter
Gabriels.
Por otra parte el
argumento principal exponía lo
siguiente: hay que esperar a su segundo cacho para ver si
es buena o no, porque lo que sucedió es un poco, digamos,
como si en Seven cortaran a la altura del
tercer asesinato. Había pensado escribir en su momento
que la única originalidad había sido poner
Vol. 1 y no capítulo 1. Me pareció mersa y
golpe bajo y lo dejé afuera. Si al señor Conde (el
que firma la nota) le parece justamente un hallazgo, y bue … Es
fácil entender que se colmen sus
expectativas. Si al señor Conde le
parece un hallazgo o un planteo que salga de la linealidad
el comenzar por la segunda pelea y no la primera (la linealidad
después
de cien años de cine ya no es contar paso por
paso) y bue … Es fácil que se colmen
sus expectativas.
El Sr. Conde no puede dejar de hablar de
lo buena que va a estar la segunda parte, y cómo cambiará de
dirección
y entonces no cesa de otorgar el punto. Puede ser que se
trate de una gran película (ojalá, me gusta
mucho el cine) pero cortada en dos cachos. Si tengo que juzgar
por lo que vi, entonces escribo lo que escribí.
Por
otra parte por supuesto que esta es una película
de Tarantino (¿lleva su firma, no
es cierto?); claro que una película zonza para lo
que nos había
acostumbrado. Hubiera dicho que la firma Tarantino estaba
en su humor y sorpresa y no en los gestos cansados de los
chistecitos para fans y los cameos graciosos. Qué pena que
su chiste sea el jueguito de palabras en Kill
Bill y no el
hay que matar a Kung Fu, qué pena. Tarantino se
parodia a sí mismo (y si fuera intencional estaría
bueno), lo que ya está mal, pero termina parodiando
al cine que supuestamente ama. Y ese es el otro punto. Tarantino quiso
hacer un homenaje y le salió una parodia. Quiere ponerse
a la saga de Howard Hawks (se agrandó Chacarita)
y se quedó a la cola de Sergio
Leone y sus
spaghetti westerns. No está del todo mal, pero cada
cosa en su lugar y entonces, con pelis como esta,
Tarantino deja de ser la gran esperanza
y el refresco del que habla el Sr. Conde (el
que firma). Es claro entonces saber por qué este Sr. se decepcionó con
Una historia sencilla de Lynch:
seguramente cree que si no hay enanos o cambios de personalidad
abruptos no se trata de Lynch. El estilo
es otra cosa. Hubo un ruso que lo definió así: estilo
es decepción de la espera (del clisé,
claro). Gracias
David,
qué pena Quentin.
Y hablando de David Lynch, y primeras
y segundas partes, qué bien supo arreglárselas
siempre, ¿no?
Mullholland Drive por ejemplo: hizo la
inversa, genialmente. Lo
que eran dos películas lo convirtió en una
sola y no sólo. Bien leído Mullholland
Drive es la segunda parte de una película
que no sabíamos que la tenía, como Carretera
Perdida. Muchas cosas puede hacer un autor. Tarantino, por
otra parte, partió su película en dos cachos
porque si no los come pochoclos se le duermen.
No
me imagino qué clase de razón o argumento es
ese de "sólo quiso hacer una película
de acción" (me
acuerdo de otro parecido, "está buenísima").
Más allá de ser incorrecto, porque Tarantino siempre
quiso hacer algo más y él se encarga expresamente
de decirlo y si no lo hubiera dicho habría que saber
ver sus películas anteriores para saber que nunca
Tarantino podría hacer solamente una
película de acción y menos después de
seis años, más aún cuando esas películas
que él parodia se hacían por docena y con poco
presupuesto (aunque sí con muchas ideas y humor).
Al respecto, actualmente directores como Takashi
Miike en
Japón o Johnny To en Hong Kong (entre
muchos otros) se encargan de retomar, retorcer, faltar
el respeto y homenajear a la vez a todo ese cine de
género de una manera que, seguramente acorde a los
gustos del Sr. Conde, logra de la mejor
forma combinar las necesidades de la industria y las sorpresas
y genialidades de un autor. Son justamente estos autores,
en mercados más
voraces que el norteamericano, los que nos recuerdan que
esas presiones pueden ser una presión hacia la originalidad
y no solamente impedimentos como pensaba la antigua crítica
o todavía lo piensa la crítica académica
encerrada en su mundo de cristal. El problema no es tan sencillo
y trivial como que Tarantino cedió a
una presión
de estudio y dividió su buena película en dos
cachos: el problema es que lo hizo sin originalidad. Mucho
más que una nota merecería la saga demente
de Dead or alive 1, 2 y 3 del más
demente aún Takashi Miike, ver y
discutir las cosas que se pueden inventar.
Me encantaría ser amigo de Tarantino,
pero no se trata de su persona sino de lo que filmó.
El problema con los que no son genios (aunque hayan hecho
genialidades) es que tienen que seguir trabajando y rompiéndose
un poco el coco. Ponete las pilas Tarantino.
Se podría
seguir largo. Pero tendría que dividir la nota en
dos cachos.
Dj Muymalhumor
PD: querido Pablo, gracias por la música de Kill
Bill, era para los del bar. No me los banqué más
y los mandé al carajo. Les borré toda la música
y les dejé ese regalo, a ellos también les
pareció buenísima, que se arreglen.
PD2: me
alegro que ya no te moleste que Tarantino no
se diferencie de quien sea que filmó Los Ángeles
de Charlie.
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