| No es ninguna
novedad que alrededor del documental se vienen produciendo
algunas de las cosas más interesantes del cine actual.
No es novedad que la noción heredada del género
documental está más que en cuestión.
Tal vez es menos evidente que la idea del documental asociada
a la experimentación no hace sino volver a los orígenes
del mismo; después de todo (un hecho histórico
habla más que mil explicaciones) Buñuel filmó con
poco tiempo de diferencia El perro
andaluz y Tierra sin pan,
dos diferentes experimentos a su manera. Fue un largo proceso
hasta que el documental se fijó en sus cánones
realistas al estilo de La aventura del hombre.
Un largo proceso con sus numerosas excepciones, que ahora
desandamos.
Entrar al cine a ver un documental es ya una
operación
que lo saca y nos saca del contexto televisivo para darle
otra dimensión.
Como en un juego de cajas chinas, esa operación se
vuelve a realizar y los documentales que más nos gustan
sacan de contexto a su vez una realidad para presentarla
en otro ámbito; voilá que la magia
funciona. Hace unos años pudimos ver en el Instituto
Goethe un documental en siete capítulos llamado Fantastics
Voyages realizado por un alemán llamado Christophe
Dreher. El director era en sí mismo un sofisticado
artefacto cultural difícil de encontrar por estos
lados, con su doctorado en Filosofía y su pasado como
telonero de Nick Cave a cuestas. Era una
historia del videoclip. El hecho de sacar al videoclip de
su contexto promocional y televisivo ya producía un
impacto redimensionando el fenómeno. Entonces se podía
trazar la línea
que llevaba de Kandisky y la poesía
concreta a Alex
Gopher.
Entonces, ahora, podemos reconstruir un
camino parecido con otro gran documental (¿?)
que vimos en el festival de Mar del Plata, Tarnation.
Este docu drama autobiográfico
con la mejor banda de sonido que pasó por el festival
se da el gusto de ponerle música a la propia vida,
como el nombre de una banda que nos gusta mucho, The
soundtrack of our lives. Como los enigmáticos
e hipnóticos
videos del austríaco Fennesz que
presentó Deher en
aquella oportunidad, en Tarnation también
se trata de la manipulación de la memoria a través
de distintos materiales recopilados por años, hasta
encontrar el ritmo interno de las imágenes. Entonces
las imágenes
y la música ya no son disociables y la noción
misma de banda de sonido se vuelve obsoleta. Pero sobre ello
y Tarnation ya escribió Miss
Mundo en los comentarios del
festival.
En los dos documentales sobre los que quisiera hablar, la
operación
inicial (sumada a la de ver un documental en el cine) es realzar
dos artistas populares para investigar y descubrir sus universos
y dejar en evidencia que en el final no hay arte académico
y arte popular sino simplemente artistas inspirados y quienes
no lo son (a estos últimos, los artistas no inspirados,
ya no sé qué nombre darles: como leí una
vez, un
mal poema no es un poema en absoluto). Se trata del célebre Hergé,
autor de las aventuras de Tintín y
se trata del ahora más
conocido pero nada célebre Jim
White, songwriter y autor
del disco de enigmático nombre Jesús
de ojo defectuoso.
Otro de sus discos se llama Cavá un pozo en
ese substrato y decime qué ves. Jim
White es una especie de Nick
Drake de los pantanos y por eso este
documental nacido del azar es un viaje iniciático a
un Sur de los EE.UU. que desconocíamos.
El Jesús de ojo defectuoso es una estatua gigante que
viaja en el baúl del auto de Jim recorriendo
los paisajes (hecho tanto de paisajes propiamente dichos como
de personas y de objetos abandonados de la más diversa
clase) que inspiraron su disco retrato. El azar y la creación.
Un periodista y fotógrafo se encuentra con el disco
de nombre misterioso en sus manos, llama a su desconocido autor
y le propone hacer una película. El autor acepta y nos
muestra un sur tan feo y devastado como pueda imaginarse y
nosotros, sorprendidos, vemos cómo unos ojos, los del autor
y los del director que tuvo confianza, vuelven esos cementerios
de autos, esos bares de viejas sin dientes y esas cárceles
de destinos frustrados en poesía. El azar. El azar del
encuentro de Hergé con un joven poeta
chino que cambia su vida y convierte a su obra y personaje
en otra cosa distinta a lo que estaba destinado ser. ¿Qué es
un artista? Una persona atenta al mundo y que puede cambiar
su vida por un encuentro.
Searching for the Wrong-eyed Jesus es una
road movie verdadera; Tintin et moi es un
ensayo sobre la creación y la búsqueda personal. La
del joven periodista que en los años setenta llegó junto
a su admirado Hergé que
le otorgó sorpresivamente tres días de su tiempo para hablar. La
búsqueda de Hergé entonces. Un ensayo inspirado
de un director que maneja con maestría los cambios de registro visual
y otros (imágenes
documentales, audio, entrevistas a personajes, las historietas mismas) y nos
hace olvidar que de Hergé mismo sólo tenemos la voz de
esas entrevistas realizadas en unos días mágicos hace tiempo. Un
ensayo detallista sobre la expresión de la vida en la obra que logra hacernos
olvidar que se trataba sólo de historietas. Sólo historietas de aventuras pero
que, como algunos intuían, retrataban la búsqueda de Hergé mismo,
en sus palabras, la búsqueda de la sabiduría.
Santiago
B.
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