| Mis ganas de
viajar vienen desde lejos y matizadas por las lecturas de
Conrad y Melville, por eso
es un poco triste encontrarme arriba de un Don Otto
(Líder en el transporte por la Patagonia Argentina),
en el último asiento y con los pies colgando vaya a
saber por qué destreza del diseñador de esta
aeronave. Dista mucho de El corazón de las
tinieblas y El cielo protector,
pero se hace lo que se puede (arriba del Don Otto),
se va al baño, se comenta con la señora, se
mira para el otro lado porque me da un poco de impresión
la pequeña niña a mi derecha con una traqueotomía
(lo juro por dios).
En fin. Viajo de Bahía Blanca rumbo
a Puerto Madryn. Qué perversión
me llevó a Bahía Blanca es
tema de otro capítulo. Al final de recorrido tengo
prometido un paraíso de ballenas y delfines. De mientras
me miro una de Robert Zemeckis. Nadie podrá
negar que es el director casi perfecto para ese mini género
(y aquí mini sección) del cine sobre ruedas.
Pero señores, me tocó la peor pero la peor de
todas, Revelaciones. Por un segundo, medio
confundido, pensé que era una mala de Sam Reimi
(que siempre es mejor que las buenas, digamos, de James
Ivory), pero no. Era Michelle Pfeiffer y
este muchacho de Indiana Jones, Harrison
Ford, ahí salió.
La Pfeiffer hace de una perfecta idiota americana
que en un momento empieza a gritar No soy una perfecta
idiota. Predicciones autocumplidoras las llaman, en fin,
una perfecta idiota por donde se la mire. El espíritu
de una mujer le viene a descubrir que su marido le metía
los cuernos, veinte años después nos viene a
llegar la secuela de Atracción fatal
contra los fantasmas. El tema es que mientras la nenita a
mi lado respiraba por un tubito yo pensaba una teoría:
la perfecta idiota americana grita no soy la perfecta idiota
americana y como al final tiene razón la creemos menos
tonta. No nos dejemos engañar, la pelotudez es irremontable.
Aparte yo desde que vi La llamada (la original
japonesa) creo en fantasmas y espíritus y me niego
a creer que se tomen el trabajo de aparecérsele a semejante
pelotuda. Mientras la pensaba me pareció una buena
teoría, ahora ya no, espejismos de ese paisaje que
se repite como fondo del correcaminos. La señora del
otro costado se quedó dormida y con mucha sutileza
me sugirió que le comentara el final: al amante la
mató el marido (estoy haciendo un bien).
Llegué a Madryn. Como decía,
me gusta jugar al explorador y al final llego a un albergue
de jóvenes del mundo lleno de chicas de Belgrano
todas juntas jugando a Gran Hermano, aquí
y allá con sus tonitos y caras de muchachitas muy
pero muy personales. Tendré que buscar una manera
de remontar la situación y evitar a toda costa terminar
alrededor de un matecito. Mañana las ballenas.
DJ Malhumor
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