Una mañana desperté en Viena. Esta mañana de hoy. Por supuesto estaba gris; es otoño. Llovía de a ratos pero a la gente no le importaba, lo ignoraba. No hay mal o buen tiempo, solamente hay ropa adecuada o inadecuada. La mía es más o menos. En una ciudad nueva tengo que volver a aprender todos mis movimientos. El abrir los ojos al despertar, el caminar descalzo por los cuartos, cómo debo hacer el café, la temperatura del agua para la ducha, dónde están los platos, y así. En una época, bastante lejana, esa posibilidad de despertar en una vida nueva la tenía cuando conocía a alguien y dormía en su casa. No había nada más interesante para mí como dormir en una casa nueva. En el fondo debo creer esa teoría, que Freud descartó por imprecisa, de que los sueños están determinados por la circunstancias exteriores. Nuevos estímulos sensoriales durante la noche significan nuevos sueños. Y a mí me gusta soñar. Durante esta noche que pasó tuve un sueño extenso. No lo voy a contar, sé que no vale la pena y es aburrido. Solo diré que en un momento íbamos por una carretera de barro y que en otro momento veía imágenes aéreas de una ciudad donde la gente festejaba; yo le decía a mi compañero, deberíamos estar ahí. Desperté en Viena y pasé los dos días subsiguientes en el departamento sin salir. Es una casa vieja y amplia, de paredes blancas y poco muebles. Minimalista diría dependiendo con quien hable. En verdad es un departamento de estudiantes con pocos muebles. En la puerta del edificio una placa indica que este edificio fue bombardeado durante la guerra y reconstruido en la década del cincuenta. Es algo. Temo que no estoy siendo exacto. No soy exacto a menudo. O mejor o peor, así suelo ver las cosas. Dije que no salí del departamento. Sí salí a dar una vuelta. Salí dos veces. Tres veces. Una por la mañana, una por la noche y una por la tarde. En la salida por la mañana di un paseo por el mercado que hay aquí enfrente. Es un mercado turco. Hay algunos pakis también. Es divertido y barato. La gente en general es amable y te quieren vender. Son optimistas en el fondo. Creen que una palabra modifica el mundo, materialmente. ¿Qué le vendo? Entonces uno compra y entonces ellos tienen más dinero que usan para modificar el mundo de la manera que les parezca. Yo me quedaría esperando a que el dinero de los otros venga tranquilamente y me modifique. Maneras de ver el mundo. Por la noche fui a ver un concierto. Durante el día que siguió permanecí dentro y solo salí cuando ya era oscuro a caminar un poco.
| En una ciudad nueva tengo que volver a aprender todos mis movimientos |
Caminé unas cuadras y entré a un imbiss (me gusta esta palabra); me comí dos porciones de pizza que creo será mi dieta básica. Dije que no salí en los días que siguieron porque esa es la sensación que tuve. Que tengo; no he salido. Escribir ordena los pensamientos que de otra forma flotan, rebotan contra las paredes y se deforman. Si me preguntan a qué me dedico puedo contestar como Ripley en el segundo libro: Leo libros de Historia. Estudio alemán. Aparte de que mi francés dista mucho de ser perfecto. Es una contestación elegante pero para ser sincero estoy teniendo problemas últimamente. Quiero creer que estoy en la parte de la película en que el muchachito no sabe para donde agarrar. Entre otras cosas tengo en el oído una estática como de música de My Bloody Valentine. Todo el tiempo y sin la voz de la chica. Puede ser un poco perturbador. Busqué en Internet qué es eso de tener ruidos extraños en el oído. Parece que le pasa a mucha gente. Consejo del médico: evite el silencio. ¡Já!.
| Entre otras cosas tengo en el oído una estática como de música de My Bloody Valentine |
Ayer antes de dormirme tuve el siguiente pensamiento: algo se ha roto en mí. Según como se lo mire es un pensamiento bastante básico, una metáfora simplota, pero bastante terrible también. Se rompen los jarrones, los platos, los huesos. Yo ayer antes de dormirme pensé que tal vez algo se había roto en mi cabeza. Pensé que dentro de mi cerebro (soy materialista y hablar de alma me inquieta un poco) muy escondida hay una pequeña esfera de cristal que es mi yo. Bueno, ayer pensé también que se había roto y, las esferas de cristal dentro del cerebro, como es de suponerse, no tienen arreglo si se rompen. Ayer antes de dormirme creía que mi yo se había hecho añicos. Afortunadamente dormí bien y el sueño reparador parece haber recompuesto los pedazos. Eso quiero creer. Estos últimos días en que no salí del departamento (véase más arriba) tenía la sensación de estar desconectado conmigo mismo. Palabras de Dexter, un simpático asesino serial de moda en estos días. Es bastante terrible tener palabras de consuelo en un personaje de televisión cuya psicología se basa en la descripción de manual de un trastorno psicopático de la personalidad con tendencias homicidas. Pero es así. Durante los últimos días Dexter fue mi amigo. Lo sentía un íntimo. Desconectado de mi yo, sin sentimientos, el fingimiento como única arma. Me faltan las ganas de matar y cortar cuerpos en pedacitos. Sería un desahogo. Hoy me siento algo distinto. Tengo culpa de muchas cosas pero bueno, todavía no maté a nadie. ¡Vaya consuelo! Algo es algo y este día de hoy, con mi esfera de cristal tal vez en su lugar, me propongo salir a conocer la ciudad.
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Txt: Dj Malhumor
Ilustración: Beto
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