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Malhumor en la ruta de la muerte |
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Influenciado por la lectura
compulsiva de Tin-Tin del último tiempo, Malhumor cree
que de una aventura a otra puede cambiar de escenario como quiera,
como las circunstancias lo demanden. Una aventura en el Tibet, otra
bajo el fondo del mar, otra en un oscuro país sudamericano.
Malhumor está en Bolivia. ¿Quedará como Tin-Tin entre el fuego cruzado de rebeldes y leales de alguna revolución? ¿Ayudará a
algún príncipe Inca a retomar el poder que le pertenece?
Malhumor llega a un gran hotel perdido en las montañas. Está vacío.
Malhumor Dandy decadente. Me siento un aristócrata argentino
de los años treinta. Recuerdo los diarios de viaje de Bioy
Casares que vengo de leer (calle Corrientes, 5 pesitos). Hay varios
cuentos de Bioy en hoteles vacíos. El viaje de Bioy es del
año 1967 por Europa. Adolfito estaba fascinado por las radios
piratas inglesas del momento de las cuales no para de hacerle comentarios
a su esposa Silvina. ¿Qué habrá escuchado en
ese viaje? ¿See Emily Play? ¿In
the Court of the Crimson King? Bioy escribe también en su diario pequeños comentarios
de películas que ve aquí y allá. Ese es el crítico
de cine que más nos gusta. Cine mezclado con la vida misma.
Me encuentro en un pueblo donde hace unos meses quemaron el hotel de un alemán.
El pueblo es 100% de la etnia aymara, los más combativos de todos. Hace
un mes bloquearon la ciudad de La Paz (que es una ciudad increíble, que
está en un pozo y que tiene dos entradas principales) a la que dejaron
sin combustible y con pocos alimentos. Me siento en una novela de Simenon,
no en las policiales, sino en esas de atmósferas extrañas en países
exóticos. En Copacabana encuentro otro alemán, un alemán
argentinizado que mete cinco modismos por frase. Me acerco a su bar y me dice, ¿Y
vos que querrrres?...Los peruanos son todos unos truchos…mi novia es de
Palermo…pagame el pasaje y te llevo a fiestas con todo…cerveza
alemana, salchichas alemanas...en BMW… Cuenta historias de un rockero
argentino viejo que viene a Copacabana porque hay sustancias a muy buen precio.
Malhumor pasa un sereno atardecer frente al lago Titicaca escuchando Pappo’s
Blues. El alemán mismo es una especie de rockero viejo. No escuchaba Pappo’s
Blues desde un campamento en Villa Gesell cuando tenía quince años.
Después vienen los Rolling de los sesenta, y un cierre perfecto con Van
Morrison.
Estoy en Bolivia porque todavía no me llega el momento de llegar a Asia.
Sueño con irme a Seúl para ver pelís coreanas en vivo y
en directo, quiero ir a Suecia solo para ver a The Legends (y Radio
Dept y The
Wannadies y The Concretes). Quiero cruzar como ilegal
la frontera de Texas para ver a Calexico (por qué no
meterle un tiro a Bush de paso). Tal vez los Calexico son de
San Diego, no importa…quiero
sentirme chicano alguna vez. Todavía no me llega Asia pero casi se me
pianta un lagrimón cuando
en un mercado en La Paz (que es toda ella un inmenso mercado y un hermoso kilombo)
veo anunciado en tiza películas de Jet Li, Jackie
Chan y Bruce Lee. Adentro,
atrás de unas cortinas mugrientas se ve la pantalla gigante, se ven unas
cuantas sillas de plástico y unos cuantos borrachos. Bolivia no es Asia
pero se hablan idiomas de hermosas sonoridades. -Kamisaki, como le anda el hombre,
Waliki, muy bien (ortografía libre de Malhumor). Nunca antes me había
sentido imperialista por hablar español, Dj gringo. Sí, soy gringo.
En la madrugada para aplacar el efecto de la altura que no me deja respirar hago
zapping. No veo canales de Bolivia, me embelezo con Super
Furry Animals y su
hermoso video homenaje Hello Sunshine. Son casi las cuatro de la mañana
y Malhumor encuentra una película señal, Ride
Lonesome, western
clase b de Budd Boeticher. El título le sienta bien. Película de
perdedores, venganza y resentimiento. Los cowboys fueron los primeros rockeros,
o los modelos para nuestras Rock Stars, con sus poses, sus frases terminantes,
su dramatismo afectado. ¿De dónde habrán sacado sus mañas
sino Lenny Kravitz y el cantante de Coldplay?
Prefiero los cowboys claro.
Tomo una lancha desvencijada y me creo Humphey Bogart en To
Have or Have not de Howard Hawks. Nadie debería
dejar de ver está película,
lo juro, un cuento de Hemingway, el caribe, rebeldes, traficantes,
perdedores todos. Hemingway odiaba la historia y Hawks le
dijo que el podía hacer
siempre una buena película con cualquier cuento suyo. Malhumor quiere
ser cazador como Hemigway, pero con balas que no maten. Cruzo
el Titicaca, miro para todos lados pero Lauren Bacall no aparece.
La lancha no se interna en la niebla como en la película (es 1944) sino
en plena luz del mediodía.
Todos sacan sus cámaras y disparan al mismo tiempo para obtener las fotos
que mostraremos en cenas por venir escuchando a Madredeus. No, no hay traficantes,
hay chicuelas americanas recién salidas del high
school, todas vestidas
según el último grito de la moda del altiplano. Hay incluso chicas
de Belgrano que cambiaron el hostel de Paris por el camino del Inca, ¿Cuándo
volverá el uno a uno che?
Hay cholas por todas partes, cholas que venden verdura, cholas que venden electrodomésticos,
cholas con celular y cholas que regentean hoteles. También hay cholas
que preparan fritangas y cholas que pelean en Titanes
en el ring (lo juro). Hay
un festival de danzas sagradas, el evento en honor al
dios más importante
de las culturas andinas (textual). Auspician Pepsi, Ceveza Paceña y Lineas
Aéreas Bolivianas. Estos dioses que han resistido tanto porque no resistirán
los dioses del dinero. Darle al gringo lo que el gringo quiere. El gringo se
engaña y cree dominarlo todo. Hay otro anuncio: Recorra
la ruta de la muerte, la ruta más peligrosa del mundo (hágalo con la agencia
más segura). ¿Pero por qué no la ruta de la muerte con las
bicicletas más berretas? ¿Por qué no desafiar la muerte
misma? No se puede tener todo. Malhumor busca perderse en la vida misma y sin
embargo escribe para que lo lean.
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