Mi vida con las ballenas - Quinta Temporada
Dj Malhumor sube la cuesta
Noche del 16 al 17 de abril. Demasiado cansado o borracho para armar la carpa. Duermo sobre el cemento de la entrada a los vestuarios en un camping vacío, no hay nadie, but me. Al atardecer siempre llega la recompensa. Siempre. Porque siempre se pone el sol. La filosofía básica y potente de los espacios abiertos. Una garza blanca vuela remontando el curso del río, unos teros estilizados de patas flacas y elegantes picotean en la playa de arena. Un paisano cruza a caballo seguido por los perros que se mojan indiferentes. Es agua. El piso está húmedo. He dormido en gimnasios vacíos, escuelas sin alumnos, centros de salud abandonados, campings como este donde un cuidador que podría ser Bolaño trata de comprender la esencia del mal. Y del olvido. El silencio es demasiado para dormir así que pongo música. Antony & the Johnsons y los grillos. Pasa un sulky, pasan vacas en la noche. Algunos autos solitarios, allá lejos en la ruta, aceleran buscando quien sabe qué destino. Camioneros y turistas en la noche. En las sierras se refugian los hippies, los psicólogos sin trabajo, los artesanos con arte y sin arte, los que vendieron un campito, algunos perdidos. La casa en las sierras es un clásico argentino también. Manucho en una residencia gay llamada El paraíso; quizá Borges, Gombrowitz en otras sierras algo más bajas; apenas sierras. Luca Prodan que se limpia. Antony & the Johnsons. Música nocturna y ocaso. Una noche escuchamos el disco completo, el disco del transvestido Antony en silencio con mi amigo Xevi volviendo de los Pirineos mientras la camioneta se comía las líneas de la ruta como única actividad. El resto era un puro reposo, de la naturaleza y el mundo. Xevi es un Serrat de dos metros tan melancólico como sería Serrat sin sus canciones. Serrat fue mi primer artista pop. El disco que ponían mis padres los sábados a la mañana cuando no iban a trabajar. Y Zitarrosa que convivía con Los Olimareños, Domenico Modugno y Roberto Carlos. Doménico era el twee pop de mis viejos. Antes de que les agarrara la amargura, antes de que llegaran a la edad que yo tengo ahora. Por eso escapo a las sierras. Los perdidos. Los perdidos de las sierras, los locos. Viven en casas sin electricidad (que no es lo mismo que no tener luz) y paren hijos que reciben con sus propias manos. Dan vida por mano propia. Valientes e inconscientes. Estoicismo hedonista. Estupidez y lucidez. Revolucionarios ultra-conservadores. Los grillos y Antony me envían un mensaje. Man is the baby. Un llanto desesperado que no es por comida o cobijo. Antony llora en la noche. Forgive me. Me toca escuchar a la doña que me quiere contar su historia. Nació en Pilar y a los siete años la llevaron a Rufino. Años después, conoció un viudo en San Luis y se fue a vivir al campo. Allí vivió en las puertas de Cuyo como mi departamento está casi en Palermo. Ahora maneja un camping en las sierras. Perdida y encontrada. Una empanada por un peso. En la ruta vi muchas víboras muertas y ayudé a un ex convicto a pelar cañas para la casa de mi nueva amiga pancha. Una nena de cuatro años quería que le mostrara la revista, quería ver los dibujitos. La educación sentimental de la niña hippie mirando fotos de la revista Gran Cannabis o algo así. Oh, una nota de Enrique Symns. Sus años locos en España. Sus años de traficante desde Marruecos. Un clásico. Me gusta Symns clásico. No lo creía posible. Llega la helada y sueño con serpientes aladas, errores cometidos, soluciones encontradas. Los sueños. Todo es posible en los sueños.
Madrugada del 19. Despierto a las 3.47 y ya. Llovizna, el cielo esta encapotado, la noche es lechosa. Ayer crucé las sierras grandes. La belleza de los nombres en los espacios abiertos. Arriba de todo no hay un precipicio, hay una pampa de color amarillo. Más allá la quebrada, el espacio donde las águilas enseñan a volar a sus crías. Todos venimos de alguna parte, hasta un águila tiene una madre. Crucé a unos hijos con sus padres que salieron a mirar pájaros. Enamoré a una niña de quince y lo dejé ir. Tan generoso estaba. Caminé, vi las primeras luces allá abajo y me olvidé el café. Comprobé lo siguiente, el cuerpo necesita algo caliente, un mate cocido, un cuerpo, algo caliente, algo vivo. Dormí mal y sin embargo soñé con la continuidad de los paisajes. La quebrada, el arroyo, el río, la pampa, el valle, las sierras grandes, the space between us, las sierras chicas, lo que hay del otro lado, los vados, el río ancho y el lecho del río. La otra mañana me descubrí en el siguiente y paradójico pensamiento: ¡como me gustaría estar aquí!