Rocío preparó la comida y yo llevé la charla. Queríamos celebrar la terminación de nuestro contrato. Muerto el perro muerta la rabia. Todo volvía a donde empezamos. Sin la tía para protestar, ya no había nadie para molestarnos con la muerte de nuestros padres; ¿no comisario? Pero el quería decirnos otra cosa. Nada es tan fácil y a la suerte hay que ayudarla nos dijo el comisario. Todavía un poco más. Como un dios escéptico no quería dejar la creación a su antojo; había solamente que mirar alrededor para darse cuenta a donde iban a parar las cosas si se dejaba a las criaturas a cargo. Este mundo en mano de los hombres es un desastre. No es trabajo de un día. El mejor dios es el que todas las mañana se toma el trabajo de seguir creando lo que ha hecho. No nos iba a abandonar. Nosotros éramos dos niños todavía; nosotros, sus criaturas, no podíamos seguir sin un padre que nos apoye y guíe. Brindemos por el universo que hemos creado dijo, para que se mantenga flamante cada mañana. Levantó la copa, nos miró (hay que mirar a los ojos cuando se brinda) y se desplomó manchando todo el mantel con vino tinto y arrastrando al suelo su plato con restos todavía de comida. En ese preciso momento; me tienen que creer; chilló el búho en el jardín. Salimos casi corriendo dejando el comisario en el piso. Tratamos de ver la lechuza entre las ramas pero estaba muy oscuro. Escuchamos un aleteo, cayeron una hojas y después un silencio profundo. Un signo.
Amantes como éramos del cine y a pesar de lo dramático de la situación no dejamos de admirar el cuadro. Con el golpe saltó el peluquín del comisario hacia un costado; las cosas sobre la mesa quedaron pendiendo de un hilo con el mantel casi en el piso, la copa de vino todavía chorreaba un poco de ominoso líquido rojo; el cuerpo tenía una pose extraña, una pierna por sobre la otra; la ñata contra las baldosas. Sin dejar ganarnos por la prisa buscamos la cámara y sacamos unas cuantas fotos. Para estas pequeñas cosas éramos artistas y por mucho que quisiéramos al comisario no dejamos pasar el segundo. Era una hermosa escena. Raymond Chandler no podría haberlo hecho mejor. La diferencia entre suerte y muerte es de una sola letra.
La diferencia entre suerte y muerte es de una sola letra. |
Era un hombre grande dijo Rocío filosófica. Vivió al límite agregué yo. Nos quiso a su manera, se extralimitó un poco; se drogó demasiado. Otro ataque al corazón lo explicaría todo; puede que no sea exacto pero era verdadero. Era lo mejor de todo; era muy verosímil. Sin embargo, el que fuera en nuestra casa era bastante más difícil de tragar o generaba demasiadas cosas por explicar. No, no queríamos pasar por aves de mal agüero. La video casetera estaba rota pero no hay cosas que no se aprendan viendo películas. Como trozar un cuerpo; como esconderlo o hacerlo desaparecer. Teníamos buena memoria. Hay una línea de los Smiths que siempre recuerdo; algo de que el aroma de las flores no puede hacer desaparecer el olor a muerte. Sin embargo íbamos a intentarlo. Teníamos una pala y un montón de tierra donde cavar. Encima del comisario plantamos un limonero.
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Txt: Dj Malhumor
Ilustración: Beto
( http://betojet-o.blogspot.com/)
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