Entonces ella, todavía con el rostro iluminado, me preguntó que había pasado después. Sus palabras exactas fueron ¿y qué vino después?. Era una pregunta bastante general que no debería causar muchos problemas. En esa época, tenía 31 años, la misma edad de Ripley, el impostor elegante y psicópata de Patricia Highsmith, y si me preguntaban a qué me dedicaba podía contestar como él, que leía libros de historia y que estudiaba alemán (aparte de que mi francés distaba de ser perfecto). También como Ripley me dedicaba a nuestro jardín, un jardín del gran Buenos Aires y no a las afuera de Paris pero jardín al fin, con santa ritas y jazmines; plumerillos, laureles y madreselvas; también como él; como todo el mundo en verdad, tenía algunas cosas que esconder. En eso no me diferenciaba al resto de las personas. Sin embargo me quedé callado el tiempo en que un silencio comienza a hablar. Le hubiera querido decir, fui a ver a New Order y bailé toda la noche. No éramos muchos, un puñado de insomnes en una ciudad dormida, recién estaban asomando la cabeza después del suicidio del cantante, un tal Ian Curtis, joven suicida y compositor; cuando todavía se llamaban Joy Division. No eran tan conocidos y vinieron a tocar en un subsuelo en el centro. Estaban en medio de una invención. Le estaban agregando electrónica al rock. Le estaban agregando luz a algo que se les había vuelto demasiado oscuro y obsesivo; demasiado pesado y letal. El soporte fue Sumo. Otros desconocidos. El cantante era un italiano loco e iluminado, un regalo que tuvimos y dejamos ir, no creo que hayas oído hablar de él. Sí, bailé toda la noche, raro en mí; fue una especie de liberación, saltó el carozo que estaba atascado. Si iba a mentir podía empezar por cualquier lado. Estuve callado más de la cuenta y el hechizo se perdió. Miró la hora. Dijo que tenía que hacer un llamado y fue hasta el teléfono público en el pasillo camino a los baños. Me dejó solo con mis pensamientos. Como todo el mundo también convivo con ellos la mayoría del tiempo en forma más o menos pacífica. Sin embargo hay momentos en que retumban, como si se amplificaran en mi cabeza. Mis pensamientos me miran en lugar de ser yo el que los mira a ellos. Siento que me acusan y siento la soledad del acusado, por qué no, del condenado mismo. Sentado allí con mi taza dándole vueltas a un café que ya no tiene nada que decir. Era un bar en Recoleta al que nos había llevado el azar del cansancio. La impersonalidad llevada a su límite, como los hoteles y los hoteles alojamiento. Caminamos, caminamos y las piernas nos trajeron al peor bar de la ciudad. El lugar perfecto para confesar nada y sin embargo la charla se había vuelto, por momentos, íntima. Con los años me había olvidado de esos imprevistos; que las conversaciones discurrieran, que el azar me deje en mesa de bares a ver la lluvia, que alguien se sienta interesado en mis cosas. Se demoraba con la llamada. Los pensamientos me volvían a acusar. Podría haber sido más rápido y le podría haber contado que un día de semana como cualquier otro tocó Cocteau Twins en lo que debe haber sido el concierto con más gente de su vida. Algunos le gritaban te amo a la cantante que se moría de vergüenza. El maestro de la guitarra atmosférica, su esposo creo, era un gordo desprolijo, un elefante en un bazar que sin embargo aún hoy cuando lo escucho me transporta por su sensibilidad y delicadeza. La radio que los trajo los promocionó como aquella cosa fina. Los productores de esa época eran una mezcla de hippies y almaceneros, había un espíritu algo rebelde todavía, después se convirtieron en empresarios, serios y bien pensantes; todo se fue al carajo. Ese eslogan debió ser un chiste trasnochado, pero a pesar de él la zona gris había entrado otra vez en mi vida. El ambient te puede llevar a cualquier lado sin receta, sin un cuidado; como comer hongos en un mal día. La bruma avanzaba y retrocedía; así mí vida. No, eso mejor no se lo contaba. Eso mejor me lo guardo.
Madre y padre mientras tanto habían aceptado su condición y se habían ido sin decir palabra. Su manera de decir que a partir de ahora era cosa nuestra.
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Txt: Dj Malhumor
Ilustración: Beto
( http://betojet-o.blogspot.com/)
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