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De seis maneras diferentes
(Capítulo 6)

Ilustración: Beto El viejo era mi abuelo. Vivía en un rancho maloliente y piso de tierra. Mi madre nos dejaba en la puerta y entrábamos con la tía. La verdadera y única tía que ahora quería saber. Mi madre odiaba a su padre y su odio la llevaba hasta la puerta de ese rancho. No puedo decir que ella disfrutara viendo esa miseria. Pero nos entregaba, a Rocío y a mí en sacrificio. Que lo hiciera conmigo vaya y pase, pero con Rocío. Así y todo esa flor que siempre fue mi hermana parecía no enterarse de nada y jugaba con el gato que andaba por ahí. Yo trataba de no respirar y no sentir el olor. Era un esfuerzo enorme hacer como si eso no hubiera pasado. El viejo debe haber muerto aunque no lo sé con seguridad. Antes o después que mis padres, no lo sé, pero debe estar muerto. No se puede durar tanto. Aunque sea en una cama, aunque te ceben mate todo el día. Muerto y con él todas sus gallinas. Nuestra primera experiencia con el tedio. Un viejo postrado en una cama, un gallinero, una radio portátil y un calentador. Rocío hacía burbujas.

Las autopsias no habían sido, en palabras del comisario, definitivas. Y en un giro sorprendente de la conversación nos pidió dinero. La retórica era entreverada, abstracta, general, barroca. Se detenía en detalles absurdos y a continuación remataba con un refrán de sobrecito de azúcar. Rocío contenía la risa y yo me preguntaba de dónde diablos podía haber sacado esas palabras. Habló del buen nombre, de nuestra juventud y otra vez de la incomodidad. Dijo que a la hermana había que comprenderla y darle apoyo por el mal momento pero también sostenerla y sobre todo detenerla. Dijo que como los diques el ánimo se podía desbordar y que evitar este lamentable hecho, exigía trabajo y el trabajo, como todo el mundo lo sabe, dinero. Era un silogismo perfecto. Nuestra complicidad, nuestra oportunidad de risa y el sentido del absurdo no nos dejaba ver el hecho simple y llano de que nos estaban extorsionando. En esto también nos habíamos convertido en adultos. No se chantajea a un niño, se abusa directamente de él. Íbamos a darle nuestro dinero al comisario y hacernos socios. El mismo habló en algún momento de una sociedad. Primero uso la expresión, la sociedad de los hombres.

El señor era de la época en que el fraude se hacía con pompa y hasta con cierto estilo.
El comisario llevaba el pelo teñido, camisa con gemelos, usaba en general trajes tan prolijos como vetustos y lucía en general como un viejo cantor de tangos. Para discutir el asunto como dijo por teléfono la primera vez nos citó en un viejo bar en Pompeya. El señor era de la época en que el fraude se hacía con pompa y hasta con cierto estilo; con gesto ampuloso no nos dejó pagar nuestras tímidas gaseosas que desentonaron mucho con el Pernaud que pidió bien helado. Así fue como, cuando menos lo esperábamos, estábamos otra vez acompañados. Había un nuevo miembro en la familia. Mencionó que habían encontrado una sustancia compatible con una intoxicación. La asfixia habría venido después, agregando muerte a la muerte. No podía imaginarme alguien que pudiera querer intoxicarlos porque fue eso lo que sugirió. Llevaban dentro de sí su propio veneno después de todo. Se habrán mordido la lengua dije por lo bajo y solo para mí. La idea de que alguien quisiera matarlos me parecía ridícula; no tenían otra vida que la quinta y nosotros mismos. En todo caso si había alguien que se comportaba como asesinos que se escondían eran ellos. El comisario sugirió que podía seguir investigando a título personal. Como un favor y sin complicaciones, garantizado. Le dijimos que gracias, que no se molestara que solo contentara a la tía. No es molestia insistió. Se lo íbamos a agradecer en el futuro. En un momento que Rocío se levantó por un momento me dijo, hacelo por la piba. El comisario no quería nuestro dinero solo porque sí; quería unos honorarios para cubrir gastos, hacernos un favor. Encontrar la verdad sacaría dudas y dejaría el nombre bien limpio. No sabía bien a qué se refería. La piba estaba limpia. No había cosa más pura que el rocío y estaba a la vista. Agua pura virginal recién caída del cielo.


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Txt: Dj Malhumor
Ilustración: Beto
( http://betojet-o.blogspot.com/)


 
 
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