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De seis maneras diferentes
(Capítulo 6)

Ilustración: Beto Era un hecho que la realidad me golpeaba en general como un todo, como un amasijo. Después, siempre después, podía prestar atención a los detalles, tratar de comprender algo. Nuestros padres que ya no están. Rocío desnuda tomando sol. Una mala contestación o un pedido de cuentas me golpeaban en la cara como una bofetada. No soy nada tonto por otra parte. En muchos aspectos diría que me defiendo bien. Puedo ser rápido si me dejan tranquilo, pero para algunas cosas simplemente no tengo reacción. Otras veces eso llamado la realidad se me volvía una sustancia viscosa como un engrudo. La realidad. La realidad de las cosas. Como nadar en aceite o caer en la arenas movedizas; la pesadilla de Tarzán. Tardé mucho tiempo en darme cuenta que no se trataba de ninguna clase de intuición metafísica, sino de un soberano, persistente y gigante aburrimiento. La manera de agujerear la pared invisible del tedio era buscarme algo endemoniadamente especial, único. Como capricho de embarazada. Podría haber usado esta energía para ser inventor, explorador o auditor de impuestos como mi padre. Pero no. La absoluta especificidad de un capricho se saciaba en general con encontrar una canción perdida. O un recuerdo. Recrearlo en todos sus detalles. Encontrar una canción perdida y darle volumen a un mundo vuelto chato de repente. Ahora mientras lo voy pensando me doy cuenta que las canciones y los recuerdos no eran para mi propiedades espirituales. Eran materia y espacio. Eran la estructura del mundo cuando este parecía venirse abajo como un castillo de naipes. Así de frágil. Mi mundo privado.

Pensábamos que se había terminado con aquello. Por eso me hice tiempo y voluntad para ir a la peluquería y cortarme el pelo. También me afeité. No fue algo que perduraría, el cuidado de mi imagen, o al menos la intención de pulcritud, duró lo que ese corte de cabello. Pero al funeral de mis padres fui afeitado, con el pelo corto y prolijo; y con mi mejor ropa. El traje que usé en los quince de Rocío. Una especie de homenaje póstumo al dinero que habían gastado en él muy a mi pesar. El dinero gastado en ese traje. Inútil. Rocío soportó la fiesta con bastante estoicismo. Hasta se la vio contenta y sonriente en ese vestido para novias vírgenes. De esa fiesta nos quedan las fotos y un video que nunca vimos. También el traje claro. Una fiesta y un funeral.

La hermana lloró todo el tiempo. Sentíamos su ojo acusador por no hacer otro tanto. Hacíamos lo que podíamos, éramos dos autómatas desecados y sin emociones. Dábamos abrazos y bajábamos la cabeza una y otra vez en gestos de comprensión. Era nuestra primera tarea en la vida adulta. La segunda tarea fue evitar a toda costa, cueste lo que cueste, que la hermana se instalara en nuestra casa como insinuó, como insinuaron algunos amigos de mis padres a los que, sin algo de recelo, habíamos aprendido a llamar tíos, más que nada para evitar problemas.

Cada nuevas vacaciones en el hotel de la obra social nos traía nuevos tíos.

Mirando hacia atrás mis padres siempre supieron que un día nos iban a faltar y por eso nos fueron dejando tíos por ahí. Era lógico que un día ya no fueran a estar, es el orden de las cosas. Pero ellos sospechaban algo contra natura, un salto temporal, una anomalía en la cadena de las causas. Por eso habrá sido que se multiplicaban los tíos. Cada nuevas vacaciones en el hotel de la obra social nos traía nuevos tíos. Hoteles gigantes en medio de las sierras. Hoteles gigantes frente al mar. Hoteles gigantes en la cordillera y la nieve a lo lejos. Muy distinto que esa epifanía en la nieve que iba a tener a los diecisiete. Habíamos ido a Mendoza de vacaciones y en uno de los paseos interminables vimos blanco no tan lejos de la ruta. Nieve gritamos y logramos hacer detener el auto y caminar unos trescientos metros hasta unos pedazos de hielo duros y mugrientos. De todos modos fue algo. Cualquier cosa era mejor que los setecientos kilómetros de nada, vacas y eucaliptos que separaban nuestra casa de la casa de la hermana en Córdoba. Y del viejo.

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Txt: Dj Malhumor
Ilustración: Beto
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