|
|
 |
De seis maneras diferentes
(Capítulo 2)
|
 |
En un momento llegó la época de los grande estadios iluminados. Aire libre, noches frescas y estrelladas, toda la gente sonriente en los alrededores de la cancha, cerveza en las veredas. Una época muy distinta a las penumbras de Ferro o esa gran cueva que fue el estadio Obras Sanitarias aquellas veces con Siouxsie, Iggy y la primera venida de Los Ramones. Conjunciones misteriosas se han dado a través de los años. Mi vida también se había iluminado por decirlo de alguna manera. Me había enderezado. Tenía una novia e iba a la facultad. Rocío mientras tanto como quién se entrega a la bebida se había dado al yoga. Yo me había entregado a la fidelidad. Una tarea a tiempo completo.
| Me busqué una novia estilo "mi papá es un ídolo". |
La quinta invitaba a la meditación. Nuestro castillo, nuestro enorme balcón hecho de pasto como dijo un amigo del centro. Un enorme tilo nos daba sombra y nos embriagaba en la primavera cuando florecía. Había muchas moras también. Eran también árboles de tamaño considerable de los que brotaba fruta y fruta. Pero no había ninguna abuela para hacer mermelada. En esa época del año el jardín se llenaba de pájaros que se hacían su festín. Zorzales, calandrias, palomas, cotorras y jilgueros. También había horneros y carpinteros, aunque estos últimos rara vez los veía en el piso. Una vez vi pasar una garza confundida buscando algún sitio con agua. Como un detective atento empecé a vigilar a los pájaros de mi jardín. Los miraba por horas, observaba sus movimientos, descubría sus nidos. Aprendí sus nombres, fui descubriendo sus hábitos. Como una vez una garza otra vez aparecieron las urracas. O los pirinchos como los llamaba Electra que venía del campo. Me dieron miedo. Eran seis o siete y en vez de andar a saltitos como la mayoría de los pájaros caminaban como ratas. Se perdieron en la ligustrina que era él límite de nuestro feudo. Fue una tarde ominosa. Otra noche apareció una lechuza. Pero esa fue una noche feliz y muchos años después. El día de las urracas, era un día gris y yo estaba alunado. Tengo mucho de esos días. Quedo atontado y reverberando. Mi cabeza se convierte en un loop alrededor de alguna frase, imagen o palabra suelta. Como habría sido si estuvieran vivos por ejemplo. Así escrito suena hipócrita porque no era del todo verdad. Aunque quise aprovecharme un poco con la comedia del que se queda solo ni me salía ni necesité jugarla tampoco. En realidad a lo que le daba vuelta era un cómo sería si volvieran siendo otros. Sin hacerse los tontos. Dándonos algunas ideas de cómo son las cosas. Sin embargo extrañaba a mis padres a mi manera y los odiaba un poco también. Nada del otro mundo. Para compensar me busqué una novia estilo mi papá es un ídolo. Intentaba inyectarme desde fuera, como quien se da un anticuerpo, algo que no llevaba dentro, la confianza. Me inyectaba conductas que iba aprendiendo de otros. Mi novia sería el gen de la confianza en la vida familiar. Pero eso de imitar conductas puede ser un poco peligroso. Como si fuera un médico inexperto andaba bastante a ciegas y me he equivocado más de una vez.
| Los días de limpieza parecíamos una familia de asesinos intentando ocultar un crimen |
Mis padres le tenían miedo al caos y trataban de controlarlo. Mi madre limpiando y limpiando. Mi padre ayudando a mi madre para que no se desbordara. Un río que cuida a otro para impedir que se desborde. Suena raro. No nos prepararon para los cambios porque era lo que más temían. Digo los cambios por no decir la vida, pero no quiero sonar melodramático. Voy a usar palabras de Rocío. El fluir de las cosas, los acontecimientos, el instante. A lo sumo y por el contrario nos dieron algunas indicaciones para la eternidad: como ser un buen hijo, un buen alumno o un buen empleado, desde el punto de vista de Dios.
Madre podía dedicarle a una mancha el tiempo que un maestro dedica en terminar una obra dándole la última pincelada, era la Renoir de los muebles lustrosos. Nos hicimos expertos en borrar huellas. Dedos en las puertas, pisadas en el parquet, manchas de café en la mesa de la cocina. Todo desaparecía. Los días de limpieza parecíamos una familia de asesinos intentando ocultar un crimen. Crecí en una familia que tenía días de limpieza. La única tarea que nos unía. Ni días de campo, ni días de ciudad, ni días de cine, ni días de bicicleta. Días de limpieza.
Página 1 2 3 4
Txt: Dj Malhumor
Ilustración: Beto
( http://betojet-o.blogspot.com/)
|
| |
|
|
|
|
|
De seis maneras diferentes
(Capítulo 1)
(Capítulo 2)
(Capítulo 3)
(Capítulo 4)
(Capítulo 5)
(Capítulo 6)
(Capítulo 7)
(Capítulo 8)
|