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| Mark
Linkous: un fuckin' songwriter |
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| Unos cuantos años atrás, cortesía de una revista inglesa, cayó en mis manos uno de esos maravillosos discos de regalo, cargados de bandas nuevas, viejas y no tanto, de buenas intenciones musicales y de marcadas intenciones comerciales. Uno de esos regalos que uno no se espera y le alegran (de vez en cuando) unas cuantas tardes, por el mismo precio de tapa que uno pagó siempre la revista (¡ahhh, el uno a uno!). | ||
Este disco, con temática primaveral o algo así, traía entre sus 13 o 14 tracks una canción de una banda llamada Sparklehorse, algo así como “caballodestellante”, sobre la cual había leído maravillas, y realmente moría por escucharla. Así que mi cántico à la Ren & Stimpy no se demoró. Al terminar el Happy, Happy, Joy, Joy, corrí a la compactera y vaya que me desilusioné: todo lo que había leído acerca de esta banda parecía producto de la febril y alucinógena mente de los cronistas que habían acusado a esa banda como una de climas áridos, música visceral y canciones propias de un cantautor torturado. Lo que estaba escuchando era, más bien, una gran bola de ruido, una de esas canciones que parecen una muralla a sortear, un desafío a quien se pare frente a ellas a desmenuzarlas. Una de esas unidades-canción, imposibles de penetrar, de guitarras tapa-todo, de distorsión extrema. Hammering the cramps era el nombre de la canción que me hizo encasillar a Sparklehorse en mi cabeza como una banda ruidosa, casi terrorista. Nada malo, simplemente para nada mi estilo. Desilusión, como dije anteriormente. Punto y aparte. Unos años después, Jorge, un amigo de Ushuaia, vino de vacaciones a mi casa y trajo entre otros discos los dos primeros de Sparklehorse. Era un domingo gris y semifrío, de esos que piden a los gritos que uno abunde en cursiladas al describirlos. Con el discman en la mano, agarré uno de los cedés y partí rumbo a lo de una chica con la cual tenía muchas, muchas ganas de que pasara algo: habíamos tenido un par de momentos en los que había una cierta química entre nosotros pero, maldito sea mi karma, nada había sucedido. Con una sonrisa de oreja a oreja me tomé el 12 y me calcé los auriculares. Y ahí empezó todo. |
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| El
primer track empezaba con un rasgueo de guitarra y una voz femenina medio
solfeando; de repente la canción se transformó en una de
esas bolas de sonido antes mencionada, menos impenetrable que Hammering,
pero no menos intensa. Con segmentos diferenciables, arreglos clásicos
pero con vueltas de tuerca interesantes y la inclusión de un par
de ruidillos por demás atractivos escondidos por aquí y por
allá. Bien, era lo que esperaba: Sparklehorse era
una banda a la altura de las segundas expectativas. Hasta que empezó el segundo track. De repente, con una base repetitiva, casi hipnótica, una voz desinteresada y totalmente desafectada y unos punteos de guitarra por demás deliciosos, esta canción saltó de golpe en todos mis charts mentales. Era un clásico instantáneo, digno de heavy rotation. Me bajé del colectivo después de dejar el tema en repeat, con miedo de enfrentar el resto del cedé, miedo de ser afectado por lo explícito, lo absolutamente introspectivo que podía ser un disco con cuatro o cinco canciones como esa. En el primer teléfono público que me topé llamé a casa, buscando a Jorge, para preguntarle el nombre del track dos. Y el del disco. Y qué dice ese corito, ¡por Dios! El disco: Good Morning Spider. El tema: Painbirds. El corito, precisamente, Here come the painbirds. Gracias. Muchas gracias, Jorge. |
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Haciendo
historia |
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| Tras
tamaña irrupción en la escena musical, la segunda placa debía
estar, al menos, a la altura del debut. Así es como, pasado el episodio
Sueiro, en febrero del ´99 se edita Good Morning Spider,
demostrando que segundas partes pueden superar a la s primeras. Poblado de los mismos conceptos de producción que su antecesor, este disco sigue en la misma vena musical, con un estilo que podría definirse como el eslabón perdido entre el country rock alternativo, el pop indie y el noise. La vida como una sucesión de climas, desde los más oníricos y etéreos a los más crudos y devastadores, sin perder nunca una melancolía constante. Sin embargo, en ambos discos hay una fuerte sensación de esquizofrenia. El concepto de los álbumes parece ser el de dar rienda suelta a las contradicciones, a los opuestos, de un clima sereno, tranquilo, de extrañas e indescriptibles cualidades oníricas, Linkous salta a una canción de guitarras podridas, saturadas, pero siempre con ese toque de distinción, de clase o etiqueta compositiva. La introspección extrema de una mente por demás particular, de una persona que no teme desnudarse completamente en una canción para pasar a utilizar retorcidas metáforas en otra. Generalmente suelo aborrecer lo que por críptico se tilda de genial. Las letras de Sparklehorse están siempre bordeando ese límite, sin llegar a molestar, ni tener grandes pretensiones. Un puñado de humildes canciones chiquitas que se transforman en piezas fundamentales para empezar a entender determinados estilos musicales. En pocas palabras, Sparklehorse viene a ocupar, un poco, el lugar que dejaron vacante los Pixies (de quienes hablaremos muy, muy detenidamente en un futuro). En julio de 2001 salió a la calle el último disco, por el momento: It´s a wonderful life. Con un poco más de cohesión que los discos anteriores, esta vez hay un poco más de suavidad al pasar de track a track. Un disco más maduro, si se quiere utilizar un término odioso, con un mayor cuidado desde la producción, con invitados de lujo; la estrella especial fue don Tom Waits, uno de los más grandes ídolos de Linkous, a quien debemos culpar por el nombre Vivadixiesubmarinetransmissionplot, sin lugar a dudas influenciado directamente por su Swordfishtrombone. Uno de sus mejores discos, de hecho. Con un arte de tapa descollante, It´s a wonderful life nos regala 13 canciones que le otorgan el derecho a ser nominado como uno de los mejores discos de una década que recién está comenzando. La increíble relación entre el nombre y el estribillo de una canción, la que titula el álbum, Es una vida maravillosa, y la morosidad con la que está cantada, la evocación constante a un paseo en calesita, en cámara muy lenta con rayos de sol enceguecedores, hacen de la oposición un estilo: cualquier otro músico habría usado ese título para una canción muy feliz feliz alegre alegre. Cualquier otro músico, no un fuckin´songwriter. |
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| Con
Henry Miller, Cormac McCarthy, y Breece
D'J Pancake como influencias literarias, las letras de Linkous van
desde el más pianístico surrealismo (en Spirit
Ditch utiliza la expresión arrastrando pianos,
una de las tantas imágenes de Un chien andalou,
de Dalí y Buñuel) hasta
citas puntuales (como la canción El corazón de las
tinieblas, por la novela de Conrad). Otra constante es el permanente uso de animales, desde las citas (el shakespeareano un caballo, mi reino por un caballo que abre el primer disco) a románticas comparaciones (sos como cientos de gorriones). Sin ir más lejos, el primer tema del último disco incluye abejas que murieron en el mar, un gallo que voló como palomas, un puñado de sapos venenosos y un perro que se comió tu torta de cumpleaños. Obviamente, Linkous convive con unos cuantos animales, desde tres caballos a dos axolotls. Mark colaboró con varios grupos
y solistas y apareció en muchos discos y simples, la mayoría
figuritas difíciles. Además de bandas como House
of Freaks, Denali, F.S.K. o
Gutterball, colaboró con Mary Timony,
la cantante de Helium en su segundo álbum solista, The Golden Dove;
con la más linda y talentosa,
si se me permite, de las Bangles, Susana Hoffs,
en su debut autotitulado; con Nina Persson, la cantante
de Cardigans, en su otra banda, A Camp;
también colaboró con Daniel Johnston en
Fear Yourself. Un músico por demás particular,
jugando todo el tiempo con el límite de la sanidad mental, Johnston es
otro de los ídolos de Linkous, de quien haría
un cover, Hey, Joe. |
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| Sparklehorse no es sólo Linkous,
quien además de cantar,
se dedica tocar muchos, muchos intrumentos (guitarra, bajo, piano, samplers,
y percusiones varias, además de una buena cantidad de rarezas). Scott
Minor, mano derecha de Mark y colaborador de Beth Orton
en el disco Daybreaker, es baterista; Sophie Michalitsianos toca
los cellos y hace las segundas voces en muchas canciones. Y una pléyade
de invitados famosos (los ya nombrados David Lowery, John
Parish, Nina Persson, PJ Harvey,
Tom Waits) y no tanto (Paul Watson, Stephen
McCarthy, Melissa Moore, etc.). A lo largo de la carrera de la banda, sus integrantes se dieron el gusto de hacer shows junto a bandas como Tindersticks, Mazzy Star, Garbage y Radiohead. Mark, como solista, además de Cracker, acompañó a The Palace Brothers y a la tristemente fallecida agrupación indie Pavement. El nuevo disco está en proceso de grabación y estaría terminado en abril, para salir a la venta en algún momento no muy lejano. Por otro lado, se lo puede ver a Linkous en la nueva película de Lisa Cholodenko, Laurel Canyon, en la cual interpeta el papel de Mark Linkous, un músico de gira con su banda. O sea, hace de sí mismo. En la peli actúan, además de él, Lou Barlow, líder de Sebadoh, lo que dejaría una lejanísima posibilidad de que se edite en video en Argentina. Lejanísima. A esperar, amigos. ¿Qué pasó con la chica en cuya casa escuché por primera vez Sparklehorse? No pasó nada. Fui a la casa y me la pasé hablando de esta banda que era maravillosa, puse el cedé y ella se me quedó mirando, no precisamente de la manera en que me hubiera gustado. Hablamos de cosas poco importantes y me fui, ansioso de estar solo con Good Morning Spider. Sufriendo cada canción y embriagado, total y absolutamente embriagado por ese puñado de canciones. Sin lugar a dudas, ya es hora de que deje un poco de lado la música. Por el bien de mi vida sentimental. Y no me hagan hablar de lo sexual...
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| TOP 5 de fuckin´ songwriters que usan una banda como tapadera | ||
| Estos tipos suelen componer la mayoría de las canciones de sus bandas
o, al menos, toman el timón y son parte fundamental de ellas. La
más fundamental, de hecho. No digas que no te avisamos. >>Phil Elvrum: Líder de The Microphones, una de las pocas bandas que logran que si uno escucha un disco completo, se olvide de a ratos de la música a causa de extrañas sensaciones y varios sobresaltos, ya que los músicos no sólo experimentan con texturas sonoras, sino también con el volumen y la intensidad (¿la diferencia entre buenos y mejores compositores?). Música intimista que reaparece para renacer de la nada. Como los sentimientos más desoladores. Eso sí, bastante más colgado que los demás. Se recomienda consumirlo en pequeñas dosis. Muy pequeñas. Discote: The Glow, Pt.2 >>Stephin Merritt: Un megacompositor. Cabeza de múltiples bandas (The 6ths, Gothic Archies, Future Bible Heroes, Magnetic Fields), Merritt no deja de producir discos, en los cuales canta, toca varios intrumentos y se luce en todos los roles. Prometemos nota extensa sobre él en breve, nomás. Discote: 69 Love Songs de Magnetic Fields. >>Dean Wareham: Luna, su banda, fue una de esas celebradísimas visitas inesperadas que tuvimos en el 2001. Una fecha en Buenos Aires bastó para demostrar que lo mejor que pudo hacer este tipo después de la ruptura de Galaxy 500, su banda anterior, era reunir a unos cuantos amigotes y emprender el camino señalado allá atrás por Velvet Underground. Dueños de un sonido tan propio como envidiable, Luna ya tiene seis discos en estudios y uno en vivo. El último es Romantica, una especie de cambio de rumbo, más que nada por lo novedoso de ciertos coros y de una marcada inclinación hacia las melodías pegadizas. Discote: Penthouse. >>Josh Haden: La mejor canción de 1995 se llama Untitled #1 y sí, está compuesta por este muchachito, un tipo tan cool como la tapa de su disco. La banda se llama Spain y es la mejor excusa que se podría encontrar un músico para enamorar chicas. Los shows en vivo de Spain deben ser inolvidables: iluminados con mucho azul y con mucho, mucho humo de cigarrillos. Nunca nadie estuvo tan cerca de recrear el clima del jazz sin hacer algo completamente del género. ¡Corré al Kazaa! Discote: The Blue Moods Of Spain. >>Luke Haines: Frontman ideológico de una bandita de morondanga llamada The Auteurs, no te perdés nada si no lo conocés. Lo mismo de esa otra, Black Box Recorder, considerada una de las bandas más peligrosas de Inglaterra por hacer suaves melodías melosas con coritos que dicen cosas como “la vida es injusta, matate o superalo”. Si bien aquí coescribe los temas con un tal John Moore, compañero de tropelías, la banda tiene el sello indiscutible de Haines. Además la cantante, Sarah Nixey, es muy atractiva. Hacés muy bien si los evitás. Y sí, ya me di cuenta, el sarcasmo no es lo que mejor me sienta. Perdón. Discote: England Made Me de Black Box Recorder (la edición yanqui que incluye 4 canciones más, en especial el cover de Seasons In The Sun). Y dejamos para otro momento a gente que debería estar por aquí, como Mr. E de los Eels, Kurt Wagner (Lambchop), Mark Kozelek (Red House Painters), Mark Eitzel (American Music Club) y un largo etcétera. Todos, de una u otra forma, terroristas sentimentales, tipos desgarrados y/o desgarradores. O lisa y llanamente, fuckin´ songwriters. |
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