"Hay una cierta cantidad de canciones que podés escribir acerca de conchas, asesinatos y Dios. Todavía me quedan algunas"
Nick Cave
Ícono oscuro desde las lejanas épocas en las que hablabamos de darks y no de góticos. Candidato obvio a dejar este mundo antes de cumplir los 30 años, Nick Cave llega a los 50 con buena salud y un poquito alzado. Grinderman, su nuevo grupo, lo devuelve a la distorsión y al salvajismo de las viejas épocas de The Birthday Party.
Para festejar su medio siglo de vida, inesperado para muchos que juraban que no iba a sobrevivir a la frenética década del 80, Nick Cave engedró a Grinderman junto a tres de sus habituales compañeros de ruta ¿Una simple movida para que volvamos a hablar de el? Tal vez. Otro álbum con los Bad Seeds (la banda que desde 1984 lo sigue en su peregrinaje por el lado oscuro y poético del rock) nos alegraría, pero no nos llamaría tanto la atención ni hubiéramos corrido a pedirselo a nuestro dealer musical.
El big bang de Grinderman tuvo lugar en los primeros días de 2004, cuando Cave juntó a un puñado de Malas Semillas en un estudio en París para una sesión de composición. El cantante comenzó a tirarle posibles letras a los músicos y juntos empezaron a darle forma a canciones que luego grabarían con los Bad Seeds restantes en el álbum doble Abattoir Blues/ The Lyre Of Orpheus, un disco considerado entre lo mejor de su larga carrera.
La configuración de esas sesiones, Warren Ellis en el violín, Martyn Casey en el bajo y Jim Sclavunos en la batería, se mantuvo para algunas presentaciones del álbum “Nocturama” y para algunos shows de Cave como solista. El grupo empezó a cobrar vida propia con el trabajo que hicieron para algunas bandas de sonido para cine y obras de teatro. Al comenzar 2006 se encerraron a grabar, demos primero y un álbum después. Llamaron a Nick Launay, productor de los últimos dos trabajos de los Bad Seeds quién ayudó a moldear el disco debut bautizado igual que la banda.
Grinderman no parece ser lo que la prensa suele llamar un “proyecto alternativo”, dónde la estrella de turno se saca las gafas oscuras para experimentar libremente y probar un nuevo personaje. Si bien Cave se deja el mostacho y pone cara de pistolero con las armas bien cargadas, no hay más experimentación que esos nuevos pelos en la cara. La música de Grinderman nos remite primero al descenso a las sótanos punks de The Birthday Party y a los pantanos bluseros donde solían bañarse los Bad Seeds en sus primeras épocas. Luego aparecen otras referencias, los Stooges, Suicide, o la Velvet Underground, bandas que practicaban electroshocks a base de guitarrazos y que justifican que ese mono verde aúlle desde la tapa.
El sonido es crudo, lejos de los arreglos orquestales y del coro de chicas Coheniano que adornaba algunas canciones de los últimos años. Cave toca la viola como un pendejo que recién se armó la pedalera y salta del flanger a la distorsión con furia, como pisando cabezas. El piano y la acústica de los últimos tiempos se pierden entre la distorsión y los acoples de unos pedales oxidados y sobrecargados. Warren Ellis agrega sus violines con buen gusto, el bajo de Martyn Casey aporta groove y misterio y Jim Sclavunos desde la batería acompaña sin despeinarse.
El álbum arranca con los gritos cavernícolas de Get it on, un llamado a poner manos a la obra. Desde el comienzo Cave deja las sutilezas de lado y despacha un puñado de letras directas y en algunos casos chocantes, por la simpleza (en (I Don't Need You To) Set Me Free repite una cantidad de lugares comunes increíbles para alguien de su talento) o por la brutalidad (“solo queremos una pequeña violación consentida por la tarde” cuenta en la casi hablada Go Tell The Women). Hay momentos con un extraño sentido del humor (“El bebió pis de pantera y se volteó a todas las chicas con las que te casarías”) y lamentos por calenturas no concretadas: en No Pussy Blues cuenta todo lo que hizo por una chica que vio entre el público: “le leí Yeats, le reparé las bisagras de la puerta, le lavé los platos con guantes de goma, pero ella nunca quiso”. El punto más alto llega con la trístisima Man In The Moon, un lamento dónde la voz de Cave transmite una desolación que pocas veces le escuchamos: “Mi viejo era un astronauta, eso es lo que solían enseñarme, se fue muy rápido, ahora vive en la luna”.
Nick Cave vuelve a caminar callejones peligrosos y mal iluminados en busca de recuperar la excitación de años un poco más salvajes. No deja de ser una buena noticia.
Jota Pérez
(Versión Extended Play de una nota publicada en el número de junio 2007 de la revista Haciendo Cine)
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Asma Respira!
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