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| Columnista
educado y buen mozo busca cantautora, con fines serios. |
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Cuando me invitaron
a escribir en Encerrados Afuera, la idea era que
describa con lujo de detalles algunos de mis encuentros con mujeres,
ya sea en citas o figuras similares.
Por desgracia mi actividad laboral me deja muy poco tiempo para respirar,
imagínense lo que me queda para salir por ahí, además
de lo morado que estoy.
Sin embargo, no pierdo las esperanzas: cada chica que conozco es una
potencial cita y si bien el hecho de no haber conocido ninguna en un
par de meses me desesperanzó un poco, para qué negarlo,
no pienso bajar los brazos.
Los hombres somos terribles. Sé que no es una terrible verdad,
ni un secreto celosamente guardado. Pero es verdad. Podemos estar en
pareja, casadísimos, enamoradísimos y todos los etcéteras
que quieran agregar, pero en cuanto sabemos que se acerca la oportunidad
de conocer una chica, nos volvemos locos. Si nos hablan de la prima
esa que nunca conocimos porque vivía en otro país, ya
estamos imaginándonos lo buenarra que está. Si nos enteramos
que se muda una familia a nuestro edificio, al final del pasillo, ya
estamos deseando que la nena tenga unos 20 años, un cuerpo infartante
y una gran facilidad para el flirteo. Somos así. Saber que vamos
a tener a una chica cerca nos dispara una buena cantidad de ratones,
los cuales serán saciados con una buena dosis de información
visual, dejando toda fantasía en ese plano. En algunos casos.
La idea de esta nota surgió no hace mucho, en un viaje desde
La Plata a Capital, mientras el sol se ponía y Juana
Molina y su excelente Tres
cosas era lo único que sonaba en mi cabeza.
No me costó mucho llegar a la conclusión de una idea
que me está rondando hace tiempo: quiero ponerme de novio con
una chica que sepa tocar un instrumento, que componga y que se la banque.
Hablando de utopías…
La idea de estar al lado de alguien con fuerza creadora, con potencial
y con un repetable vuelo creativo me parece excitante desde el vamos. ¿A
quién no le gustó alguna vez aquella tímida cantante
que vio en vivo acompañada por una banda de mamertos? ¿Quién
no se enamoró tan perdida como momentáneamente de esa
mezcla de timidez, inocencia y seducción que despliega una muchacha
arriba de un escenario, desnudando su alma ante los demás? Ok,
también uno se enamora de chicas que no sólo desnudan
su alma, pero eso es material para otra nota…
Y bué, del desnudo almeril al imaginarse a una chica así al
lado de uno hay un solo paso. Por eso, pido que me tengan en cuenta:
un pobre Casanova ansioso de conocer chicas así, que se dediquen
a la música, que estén solitas y que deseen dejar de
estarlo. Y no hablo de chicas que canten Rasguña las
piedras en fogones, ni de chicas que formen parte de una banda de covers de
quién sea (¡a menos que sean covers de Nick
Drake!). Quiero
una novia musiquera, no importa si es o no pechugona, si es muy bella
o según quien me la quiera presentar “es muy simpática”.
Sé que a más de uno esto le va a parecer un grito desesperado
de un paspado sin posibilidad de levantarse chicas. Y si bien es muy
cierto, también hay un factor importante en juego: las pocas
chicas que conozco que se dedican a la cuestión musical ya están
o ennoviadas o casadas. Y jamás me metería con la mujer
de otro. Nunca lo hice y nunca lo haré. A menos que a ella le
guste un… digamos, un Devendra Banhart, por ejemplo.
Así que ya saben: si conocen una chica así, preséntenmela,
hablénle bien de mí. Yo estaré esperando, tan
sonriente como esperanzado. Que me escriba un mail, por ejemplo. A
veces a través de la lectura podemos leer más sobre quien
escribe de lo que dice simplemente en el texto. Lo que me lleva a pensar
que también estaría bueno ponerse de novio con una escritora, ¿no?
Bien, si conocen alguna chica que se dedique a escribir…
Pánfilo
Casanova
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