La cosa fue así:
veníamos con Beverly desde Puerto Yungay; con el trasbordador
habíamos cruzado el fiordo Mitchel después de haber
pedaleado el día entero bajo la lluvia. Estábamos en
esa pampa que sigue a continuación de treinta kilómetros
de subidas y bajadas en medio de las nubes. Ahí los cruzamos.
Eran cuatro; todos hablaban en alemán; eran suizos, austriacos
y alemanes repartidos no sé en qué forma. Nos preguntaron
cómo estaba el camino, sí había lugares para
acampar, etc. Dimos las noticias con la alegría de quien ha
pasado lo peor. Yo dije algo así como: van a ver las nubes
estacionadas sobre las montañas. Ellos a su vez nos dieron
la mala noticia de que el bote que cruza Laguna del Desierto estaba
roto y que la última vez había estado roto por cuatro
semanas. Mi condición de latinoamericano sin embargo rebajaba
a mera cotidianeidad lo que para ellos era una especie de tragedia.
Todos estábamos contentos y reíamos. Uno de ellos viajaba
en una bicicleta que parecía de circo. Vestía más
vale como un linyera y no llevaba ninguna vestimenta del deporte
extremo globalizado. Beverly le preguntó por la bicicleta.
Era una bicicleta llamada Happy Friday. Tenía la
particularidad de plegarse y de esa forma poder meterse en una caja,
llevarla a cualquier lado sin tener que pagar exceso de equipaje.
Pensé que ese era un invento hippie que seguramente venía
de California. El alemán (después sabríamos
que era alemán, en ese momento podía ser también
suizo o austriaco o incluso holandés) dijo que era un poco
más pesada pero que estaba muy bien. Después todos
tuvimos frío y decidimos seguir cada uno en su dirección.
Unos kilómetros más adelante en el puente del tigre
acampamos. El lugar era excelente, no corría viento y una
enorme cascada caía desde un glaciar enfrente nuestro. Buscamos
leña, cocinamos, comimos, dormimos. Al día siguiente
llegamos a Villa O'Higgins y al final de la carretera austral que
allí es interrumpida por el lago y más allá,
por el campo de hielo sur. Apenas antes de llegar cruzamos a Liza.
Se iluminó el rostro de Liza cuando le dije que era de Bs.
As. En estos días somos personas cotizadas, románticas
y misteriosas, asociados al tango, una Europa que no existe, el mate
y los gauchos. Ella era de Vancouver, ciudad natal del autor de Planeta
Shampoo; el mismo de Generación X;
en fin, no recuerdo el nombre; el que nació en Vancouver donde
Sarah, la guitarrista de NursesRun se retiró en
un monasterio Budista (ver las aventuras Dj
Malhumor conoce a los artistas). Fue Liza quien nos
dijo que un poco adelante, en una extraña bicicleta iba Heinz
Stuecke, el inspirador de todos, el hombre que recorría
el mundo desde 1962 en bicicleta, la versión moderna del holandés
errante. Beverly comenzó a los gritos (Beverly grita a menudo),
gritos de alegría mezclados con tristeza. Para mí era
igual; no sabía quién era ese tal Heinz; a decir verdad
estaba algo contento, yo había creído descubrir una
mirada sabia en el linyera de la Happy Friday. ¿Qué música
escucharía Heinz en aquellos días? Habrá empezado
con Dylan seguramente; habrá seguido después
con Buffalo Springfield; ahora estará escuchando My
Morning Jacket, o St 59; tal vez me equivoque,
tal vez ahora solo escuche a Hendrix, después
de todo muchos dicen que el rock llegó a la perfección
en el año 1969. Mi canción de este tramo del viaje
era una de Sparklehorse, apareció de golpe,
nunca se que tengo en los discos de mp3s. El estribillo dice: estoy
podrido de las despedidas (I´m so sick of googbyes/ goodbyes). El
mal de la golondrina, siempre en viaje, nunca segura de saber si
debe partir o debe quedarse. (Con sorpresa descubro que el disco
donde aparece la canción, Good Morning Spider,
tiene una golondrina en la tapa). Antes había sido la primera
canción del último disco de Adem y
que repetía como un mantra: sí recibimos la llamada
de advertencia /vamos a cambiarlo todo?
La historia (la de Heinz Stuecke) parece que empezó en
México. Parece que un día se encontró sin dinero, sin documentos
y con una bicicleta. Demoraría un poco en volver a casa. Pasados los años
ya no hay casa donde volver tampoco.
A Beverly la conocí ayer. Nació en Seattle y ahora vive en Cochabamba.
Difícilmente haya ido a un concierto de Nirvana. Yo vi
a Nirvana en Velez, la noche en que Cobain se
enojó con nuestro maravilloso público. Un acto poético si
se quiere. En Villa O'Higgins Beverly me mostró un mapa de Mongolia a
donde piensa irse pronto con la bicicleta. Vi lugares de nombres extraños,
vi en el mapa el desierto más temible del planeta. Estoy en Chile y leo Estrella
Distante de Bolaño en una biblioteca de pueblo.
Un pueblo que da al fiordo. Un pueblo con botes de madera y escaleras en lugar
de calles. Últimamente anduve por pueblos tan chicos que un solo perro
ladrando a la luna en la madrugada alcanza para despertar a todo el mundo. Otra
vez llegué al mar. El mar me puede. Cuando llego al mar llego a un destino,
llego a alguna parte. Será una fijación infantil, como los lobos
y las águilas. Todo es una fijación infantil. Vi un águila,
vi un zorro (me falta para encontrar un lobo), llegué al mar. Heinz
Stuecke, mientras tanto se dirige hacia el Norte y después no
sé.
Dj Malhumor
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