En un oasis llamado
Pica encontré a unos pintores locos que andaban por Chile
pintando iglesias y vendiendo los cuadros en ferias. Después
de 300 Km. de arena, polvo y nada aparece una iglesia y árboles
frutales. El cielo está rojo (último fulgor) y llego
al pueblo en penumbras. En mi mochila llevo libros y música
(no tengo con que cocinar ni agua), los pintores en lugar de bolsa
de dormir y comida llevan telas y colores. No solo están
un poco locos, sino que pintan de maravillas. Recorren el continente
atentos a las bellezas del mundo. No se puede ser más punk
pienso. Nos despedimos con abrazos y nos damos fuerzas como si
estuviéramos metidos en una especie de contienda. Tiempo
después recibo un mail que dice la
lucha es desigual amigo.
Bajé muchos kilómetros andando junto al mar y a la
tarde miraba pelícanos. Me acompañaba una música
que no recuerdo bien.
Después pasé por varias peripecias: crucé los
andes otra vez, comí muchas empanadas, me crucé con
más zorros, escuché aves extrañas en la noche,
asistí a desfiles de carrozas, comí locro, conocí personas
exóticas, fui a ver Luna de Avellaneda en Humahuaca en el
cine regalado por Julian Weich para su programa de tv lagrimógeno,
recibí un talismán de mis nuevos amigos Fito y Cata,
escuché historias escabrosas sobre pumas.
El puma es un cazador terrible y solitario. Incluso es difícil
de matar con una escopeta, parece que lo asiste el diablo y el tiro
puede salir por la culata. Es un carnicero experto y lo primero en
comerse, tanto de hombres como de otras bestias, son los genitales;
cuando abandona su presa ya saciado nadie la toca, incluso los buitres
y cuervos se mantienen alejados y dejan allí los restos para
cuando vuelva el puma. Ante la presencia de un puma uno no corre,
ni grita ni hace nada, solo se queda mudo, petrificado y hechizado.
Un paisano borracho me advirtió que me cuidara. El diablo
tiene muchas formas.
Una vez que atravesé los andes estaba otra vez en la patria.
Maradona, pesi rock y carteles de la gira norteña de Maria
Marta Serra Lima, nuestra Nina Hagen trash (al cubo digamos).
En Jujuy anduve por un camino de tierra y en 80 kilómetros
no me crucé a nadie. Solamente canchas de fútbol vacías
y misteriosas, guanacos que pasan corriendo como en documentales
y nubes aquí y allá. En una especie de sacrificio ritual
dejé mi simpática cartuchera porta cds. Se me cayó,
voló, desapareció. Perdí toda la música
(menos un cd con discos de Fuxa que es música
que se confunde con el paisaje). Perdí diez cds repletos de
mp3. Dejé mí música
en la Puna. Ahora en mi casa trato de hacer memoria pero no sé que
canciones dejé allá lejos. Está muy bien pienso.
Toda música es incidental. O todo es música que es
lo mismo. No se. Hago memoria.
Unos simple de Delgados, algo de Isan,
uno de Morrissey (en la memoria
todos los discos de Morrissey son contemporáneos y cada uno
puede ir en el lugar del otro, todos son igual de buenos – o
de malos llegado el caso – no obstante creo que era el último).
Creo que perdí algo de Mice Parade, el segundo de Guitar,
un concierto de Lloyd Cole y uno de Mojave. Pero eran como cien discos
de los de antes y apenas recuerdo diez!
A los pibes de The Legends les debe haber pasado
lo mismo, perdieron sus discos. Han escuchado por años a The
Cure y a New Order y después
perdieron los discos. En un viaje, en una separación,
da lo mismo. Tiempo después compusieron un disco de ellos
mismos con fragmentos de esas canciones perdidas. El trabajo paciente
e insidioso de la memoria que se les aparece como un inconsciente
musical. Escuchen Public Radio. Claro, public radio,
la gran memoria colectiva. Hay canciones de The
Cure reencontradas.
Hay una canción
perfecta también, People Like Us.
Tantas veces fantaseé con perder todos mis discos. Fantasías
obsesivas de destrucción. Pero no solo, también fantasías
de redención, volver a empezar, dejar todo, perder todo y
desde la nada arriesgar, por fin arriesgar.
En la quebrada de Humahuaca todo el mundo pronuncia la frase somos
patrimonio de la humanidad con el mismo énfasis con que
en Cuzco dicen porque el valle sagrado y con el mismo tono con
que algunas chicas dicen porque mi ex noviooo. Me molesta, pero
al final, como con todo me acostumbro.
Dejé la bicicleta y salí a caminar por la montaña.
Llegué a un río. Mejor dicho, el río se puso
delante de mí y no me dejaba pasar. Sin ofender, no era
un gran río, pero había tanta agua como para decir
este lado y el otro lado. De golpe tuve una idea fulgurante. ¿Saltar? ¿Volar
en parapente hasta la otra orilla? No, desoyendo todas las advertencias
de mi madre (no te mojes, no ensucies las zapatillas nuevas) decidí mojarme;
sí, me metí al río y cruce caminando. Dj wet.
Empecé a caminar por el agua como quien dice, lo más
campante. ¿Hacia donde iba? No lo se. ¿Encontraría
un kiosco con superpanchos? God only knows (Beach Boys,
Pet Sounds, 1967).
Crucé el río en zapatillas porque es agua ¿Entendés?
Nada más que agua. Además desde hace un tiempito
comprendí que las zapatillas siempre terminan sucias, ¿Me
entendés? Y uno se resfría aunque no te mojes, aunque
te cuides de la lluvia, aunque no te metas en los ríos.
La humanidad entera no hubiera dado un solo paso si hubiera hecho
siempre caso a las madres. No te muevas, no cruces.
Atendiendo a la lógica difusa de la montaña me metí en
el río como si fuera un camino. La lógica difusa
del cielo abierto, un camino es un río y el río es
un camino. Caminé y caminé. Me perdí. Pensé que
alguien me seguía como en una película japonesa pero
era un burro. Más tarde pude ver como una nube se tragaba
una montaña y con la montaña un pueblo entero. Después
viví más peripecias.
Fin de capítulo y temporada.
DJ Malhumor
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