| El
viaje
Antes de subir al bondi miré detenidamente a los pasajeros, buscando pistas
que me indicaran si iban a Mar del Plata a ver películas. Mi radar
me marcó que no había cinéfilos en el viaje: algunos jubilados,
señoras de mediana edad con equipos de mate y muchas bolsas de plástico,
estudiantes de ciencias económicas con pinta de ir a visitar a los padres,
un par de solitarios misteriosos con pinta de asesinos seriales, una mujer vestida
como azafata y alguna parejita rollinga/ricotera/callejera (a esta altura casi
no hay diferencias). La chica más linda del colectivo se sienta a mi lado, ¡nunca
me pasaba eso cuando era soltero!, tiene pinta de ir al festival pero más
tarde me enteraré que sólo ve comedias de Jennifer Aniston y
que viaja para ver a un novio.
Apenas dejamos la ciudad empieza la peli que la compañía transportista
eligió para este tramo. Hace mucho que no disfruto de una sesión
de "cine a bordo", y tampoco lo haré en esta oportunidad, estoy
lejos del televisor, a 6 hileras de asientos, eso es muy lejos si el monitor
parece tener menos de 14 pulgadas, así que practico inglés escuchando
a actores a los que no les distingo la cara, parece que están en Miami
y es una comedia. No hay títulos porque es una de esas pelis que arrancan
y no paran y recién al final te tiran la información. A los 10
minutos la pantalla queda a oscuras, pero el audio sigue: esto es lo que yo llamo
cine negro. Después de un rato alguien se para y va a quejarse, el copiloto
se acerca lentamente al monitor y empieza a meter mano, toca atrás mientras
mira la pantalla con la nariz casi apoyada en ella. No pasa nada, le dice algo
a los de las primeras filas, apaga la tele y se acaba la función. Mala
señal si uno está viajando a otra ciudad solo para ver películas,
pero decido ignorar esta señal y tengo suerte porque la voy a pasar muy
bien durante los dos días siguientes.
Sábado 28 de octubre
La primer sorpresa agradable es el catálogo, es como un libro normal (como
los de la colección Andanzas de Tusquets), y no pesa nada, no es el clásico
bodoque que te puede arruinar la espalda después de llevarlo varios días
en la mochila. Se va a ver chiquito al lado de mi colección de catálogos
festivaleros, pero ahora está perfecto, es cómodo para llevar en
la mano y no ocupa lugar en la mesa mientras lo estudio tomando un café.
Está escrito con menos excesos verbales que de costumbre, y se agradece.
Todavía falta para la primera función, a las dos de la tarde arrancan
las proyecciones en las seis salas dedicadas al festival. Estudio las opciones:
dos Elegías de Sokurov, unos cortos
del brasileño Sergio Bianchi, una de vecinos de Saladillo,
una de Letonia que según el catálogo es un retrato de "la
angustia humana en espacios de honda desolación", una selección
de cortos y un documental sobre los corridos mexicanos con música de Los
tigres del Norte entre otros. Elijo esta y como creo que tengo tiempo,
salgo en busca de una comiquería que conocí en una visita anterior,
pero mi recuerdo no era tan preciso como creía y después de la
segunda galería de la peatonal explorada con resultados negativos me rindo
y descubro que pasaron algunos minutos de las dos de la tarde. Shit.
Estoy cerca de donde Damián Szifron da una Master Class
de cine policial y me mando a chusmear un poco y a ver si me cruzo con algún
conocido. Llego temprano, están terminando los cortos que proyectaban
antes de la charla. Justo está entrando Szifrón y me saluda, no
sé si es que saluda a todo el mundo, o me confunde con alguien, o será que
nos conocemos de otro lado. Cuando lo veía venir lo veía conocido,
pero me di cuenta de que era Szifrón porque mientras
pasaba el grupete de chicas que estaba al lado dejó de cuchichear e hizo
silencio, creo que escuché suspiros después.
Me quedo un rato merodeando pero no pasa nada, me voy caminando despacito hacia
la próxima sala.
Sinfonía vietnamita
(Vietnam Symphony) de Tom Zubrycki.
Una de Vietnam, pero hecha por australianos. Hanoi, 1965. Los alumnos y profesores
del Conservatorio Nacional deben dejar la ciudad escapando de los bombardeos
y se van a vivir a un pueblito rural para que las clases no se detengan. En 2005
algunos de ellos regresan para dar un concierto. Alumnos de aquella época
que ahora son profesores y profesores que ya son abuelos. Recuerdos de una guerra
que pasó muy cerca. Buen material de archivo y unos 30 minutos en los
que luché contra el sueño, por momentos siendo doblegado. A pesar
de esto la película se entiende perfectamente (¿se nota que estoy
en un festival de cine? Arranco viendo entusiasmado algo que en un zapping no
soportaría ni 2 minutos).
Éste es Gary McFarland
(This Is Gary McFarland) de Kristian St. Clair
http://www.thisisgarymcfarland.com/
La pasaban junto a la vietnamita. Para cuando empezó yo ya estaba bien
despierto. Un músico y arreglador, estrella del jazz de los sesentas,
cae en desgracia cuando empieza a grabar bossa nova y muere en un confuso episodio
en un bar. Bah, un loco suelto le convida un vaso de metadona que lo aniquila.
Documental lleno de buenas anécdotas bien contadas. Aparecen Stan
Getz, Bill Evans, Lalo Schifrin, y
muchos jazzeros de los sesentas (¡Jobim hablando en inglés!).
En las imágenes del casamiento de McFarland se los ve
a todos, daban ganas de haber estado ahí o por lo menos haber pasado alguna
noche por el bar de New York que servía de aguantadero a estos músicos.
En los títulos del final, el bajista y el baterista de la banda de McFarland miran
los vinilos en los que habían tocado, leen las listas de músicos
que habían grabado en esos discos, y repasan el estado actual de estos.
La mayoría son fiambres. La secuencia empieza graciosa pero termina siendo
muy incómoda.
Rolling Like A Stone
de Stefan Berg y Magnus Gertten
http://www.autoimages.se/
La novia sueca de Brian Jones imagina que si ella lo hubiera
seguido a Londres en lugar de quedarse en Mälmo, donde vivía, el
stone rubio tal vez estaría con vida (¿y ella sería otra Marianne
Faithfull?).
Peli amarga, como todas las que muestran el paso arrollador de la vida. El punto
de partida es una filmación casera donde vemos a los Stones en
una fiesta armada por unos chicos suecos en su casa mientras los padres están
de viaje. Esos chicos, 40 años después, hablan de esa noche y esos
días. Risas nerviosas en el cine al ver el contraste entre la belleza
de la juventud y el presente. Rockeros que envejecen sin botox ni cirugías.
El tiempo no espera a nadie, las arrugas, el pelo y las panzas, tampoco.
Uno de ellos cantaba en los Namelosers, una banda al parecer
muy popular en los sixties suecos. En el presente el tipo está arruinado
y junta a la banda con la excusa de celebrar los 40 años de un club de
la época. Al tiempo se muere el bajista, la cámara venía
siguiendo al cantante como si fuera un reality show y vemos cómo se desarma
al enterarse de la noticia. Termina en una oficina del Estado hablando con un
funcionario que es su fan y le estaba buscando trabajo, como no consigue nada
para alguien de su edad le sugiere que es mejor que se jubile.
Por cada Jagger o Iggy Pop, exitoso y millonario, ¿cuántos
sexagenarios estarán enterándose de que no pueden jubilarse como
rockeros?
Let's Rock Again
de Dick Rude
http://www.dickrude.biz/_lets_rock/_lets_rock_intro.htm
Las últimas aventuras de Joe Strummer, uno que no llegará a
jubilarse. Viendo este documental confirmamos que no era el momento de que Strummer dejara
este mundo. ¡Si estaba hecho un pibe! Aquí lo vemos rockeando en
Japón, de gira por los Estados Unidos, golpeando la puerta de una radio
para que le permitan pasar un chivo del recital de esa noche, volanteando por
las calles de Atlantic City, reflexionando sobre diversos temas en varios reportajes,
sonriendo en una fiesta post show con Jim Jarmusch, Sara
Driver y Wes Anderson. Y encima había temas
en vivo, todo grabado con sonido impecable y con las cámaras bien puestas,
mostrando que Strummer estaba en un muy buen momento, sin dormirse
en los laureles y viviendo el presente.
Domingo 29 de octubre
El segundo día empieza con los últimos pisos del edificio Havanna
tragados por las nubes. El paisaje es apocalíptico, la playa estaría
desierta si no fuera por los perros y alguna vendedora de chucherías.
Día gris, perfecto para quedarse en casa viendo Kim Ki Duk o Tsai
Ming Liang, sin embargo estoy tomando mate con nuevas amistades cinéfilas
(el festival no está completo si uno no hace amigos mientras se pasa datos
y advertencias de las pelis que se proyectan). Es mediodía, y en realidad
el día empezó mucho antes, pero el cerebro recién da el
presente con el primer mate que tomo en 48 horas. Me confirman que la restropectiva
de Gunnlaugsson es cosa seria y todos coinciden en que debería
haber visto la alemana 24/7 La pasión de la vida, por
lo que me cuentan, lo que dice el catálogo "un via crucis de una
religiosidad pornográficamente profana" está bien dicho.
La mateada está tan buena que se pasa el horario de la primer peli y ya
es hora de sacar las cosas del hotel. Termino viendo menos de lo planeado, poco
pero muy bueno.
El montículo sagrado
de Hrafn Gunnlaugsson
Me contaron La sombra del cuervo y El vikingo blanco,
dos de las pelis de la retrospectiva de Gunnlaugsson y lamenté no
haber podido verlas. Ya las agendé para cuando aparezca algún ciclo
que las rescate. Son, básicamente, historias de vikingos en Islandia,
no puede fallar. Esta es la única de las que se proyectan que está ambientada
en el siglo XX. Gestur, un niño de siete años (que juega a ser
vikingo) se enamora de una amiga de su padre, cree que es la princesa que tiene
que rescatar de un monstruo y se obsesiona con ella (y su cuerpo desnudo, la
ve mientras se baña y se pone como loco). Gestur se hace amigo de una
niña un par de años mayor que es un poco zarpada, juntos protagonizan
un par de escenas muy tiernas y graciosas, que pueden estar en cualquier antología
de cine hecho con niños.
Wattstax
de Mel Stuart
http://www.wattstax.com/
¡Soul! ¡de los 70s! ¡y peinados afro hasta en la sopa!
Hay fiesta en el barrio de Watt (Los Angeles), es un día de 1972 y hay
un festival de soul y funk que será conocido como el Woodstock negro.
Cultura negra en ebullición, los monólogos implacables de Richard
Pryor (otro que dejó el planeta antes de tiempo) no dejan aspecto
de la negritud al palo sin revisar. Los números musicales están
mezclados con testimonios de brothas and sistas discutiendo cuestiones políticas
y sociales de la época. Black is beautiful: The Bar-Kays, Rufus
Thomas, The Emotions, Albert King y Luther
Ingram van pasando por el escenario. El cierre es con Isaac
Hayes en el momento en que era el rey del mundo. Toca Shaft,
nada menos.
La mejor manera de cerrar mi incursión por el tercer Marfici.
The End
Además de algunas salas que ya conocía de otras oportunidades,
gracias a la muestra conocí un par de lugares más para ver cine
en Mardel. Vi una peli en el Roxy, un teatro gigante lleno de afiches que anunciaban
que allí tocaría en pocas días el maestro Antonio
Ríos, casi veo otra en una sala ubicada en la planta alta de
un shopping lleno de puestitos al paso que ofrecían 6 pares de medias
por $5 (entre otras ofertas que ahora me arrepiento de no haber aprovechado).
Buen marco para un festival de indudable espíritu indie,
sin VIPs (al único famoso de la tele que vi es a Polimeni),
con funciones llenas a full y otras casi de entrecasa, con algunas
proyecciones en DVD (con el menú de
Windows en la pantalla y los cables que enchufaban los proyectores al alcance
de la mano) y funciones que, como la de los cortos nacionales del domingo a la
mañana,
se demoraban porque el que tenía que abrir la sala se quedaba dormido.
Nada grave, en definitiva. ¡Ya tenemos una buena razón
para ir dos veces al año a la ciudad feliz!.
J. Pérez
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