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Mi vida en La Feliz, parte I. Informe de mitad de semana

Otro festival más y los ojos siguen sin cansarse, habría que ver qué pasa con el cerebro que siempre es mucho más difícil de medir el daño (periodismo de divulgación científica). Mi semana empezó el viernes, cuando llegué, así que hoy es mitad de semana tirando incluso a un jueves. La consigna parece ser la siguiente: veo todo lo que puedo y después veo. ¿Se entiende, no? A primera vista no se presenta una edición canchera como fue el año pasado con Movern Callar, Spun, Las Reglas de la atracción y 24 hs. Party People , sino más bien viejos grandes nombres como Bertolucci, Greenaway, Ken Russell y otros. Un poco como Monsters of Rock o ir a ver a Jethro Tull que tocan el 23 en el Gran Rex (a principios de mes tocó Jon Anderson). No iría a ver a Jethro Tull, aunque cada tanto pongo alguno de los discos viejos cuando me junto con algún amigo al que quiero sorprender con mis vinilos importados; sin embargo fui a ver la última de Greenaway. La de Bertolucci la dejamos para otro día, baste decir que la vi el primer día y supe que ninguna otra la iba a superar y baste decir que ya está entre las tres que voy a votar a fin de año y baste decir que ya está entre las diez de mi vida, seguramente.
La cosa es que haciéndome el gil retiré mi entradita y me fui a ver la última de Greenaway (T.L.S.: the moab story), quien fuera mi director favorito (y también lo fuera de quien mi actual novia llama la gestión anterior). Me gustó mucho, qué se le va a hacer (periodismo verdad), podría defenderla incluso pero prefiero pararme afuera del tiempo y decir: una película de la vieja vanguardia, una película de viejo intelectual. Es Greenaway cien por cien y entonces pienso que quizá esa vanguardia siempre fue vieja, que Greenaway aún siendo joven era un viejo intelectual. Estructuralista, foucaultiano, borgiano incluso. Todas sus referencias son del gran arte, o bien la literatura o bien la pintura o bien el teatro. Lo interesante es que por supuesto las referencias son a Ionesco, a Beckett, a Joyce, y a pesar de que mi mamá seguramente no entendería un joraca de lo que pasaba en la pantalla todo es viejo, antiguo. No crean que se me pasa que es difícil el asunto pero sigamos. Por suerte cambió al menos de compositor, Michael Nyman seguía haciendo demasiado covers de sí mismo para citar a la amiga Laura (ver sus columnas en este mismo sitio, periodismo corporativo). El ritmo es más ágil y la película también lo es. Film coral, film sinfonía. En una época estos eran halagos, hoy es una marca del paso del tiempo. Y sigue siendo un gran film y entonces me pregunto: ¿cuándo nos mirarán pasar y dirán, ahí van los antiguos modernos? (Ya nadie vivirá en Palermo). ¿Es ello una especie de maldición? No el de envejecer claro, sino el de ya vivir en otro mundo.
Es una película de viejo intelectual (los nuevos intelectuales leen comics y escuchan, bueno, escuchan la música que escuchamos nosotros) y por ello tiene un mensaje humanista que todos compartimos: el americano medio es un nazi.
Salí de ahí contento y me fui a ver la biografía de Jackie Chan. Resulta que esta persona china (una vez le escuché decir a Ante Garmaz, estoy acá con una gente china) se enteró de que cuando su padre se fue de la China Comunista a Hong Kong dejó atrás dos hijos, y que su madre tenía por otro lado otras dos hijas y que vendía opio. Muy lindas imágenes de archivo aunque todo contado como esos videos que se hacen ahora para pasar en cumpleaños de quince y casamientos. A mí me interesa la historia de China y también quería saber un poco de dónde viene este pibe que me cae muy simpático (aunque todavía no vi de él una peli buena buena como sí vi de Jet Li, periodismo polémico) pero lo tuve que ver haciendo karaoké dos veces la misma horrible canción y cantándole a su madre que está en una silla de rueda onda vegetal. Too much.
Siguiendo con los grandes nombres, me fui a ver The soul of a man, el documental de Wenders, parte de una serie producida por el gran Martín Scorsese sobre la historia del blues. Too much de bueno! Una música increíble y unos personajes increíbles. Enseguida pensás, cuándo fue que empecé a decir que el blues es aburrido, dónde dejé los discos de Steve Ray Vaughan.
Ahora quiero terminar con una página de periodismo familiar y a la vez periodismo extorsivo (estoy aprendiendo de Rial). Uno de esos personajes es un tal Skip James, grabó un disco inconseguible e increíble en el año 1931. Después se hizo pastor y lo encontraron medio muerto en los sesenta cuando volvió a grabar. Cantaba una canción que decía así mi amor (le hablo a mi novia): prefiero ser el diablo antes que dejarme manejar por una mujer.
No me apuren, me tomo mi tiempo y ahora rajo para el cine a verme dos pelis más.

DJ Malhumor

 

 
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