Los
guantes mágicos - Martín Rejtman
¡Se largó el festival! Y con Rejtman, siempre tan igual a sí mismo.
Debo decir que no vi Rapado, pero de todas formas Los
guantes mágicosme resultó demasiado parecida a Silvia
Prieto. Los mismos diálogos
absurdos fuera de cualquier verosímil, las mismas obsesiones construidas
sobre tres o cuatro elementos, en un mundo cerrado (donde antes había
pollo trozado ahora hay flancitos, donde había una esquina en particular
hay un aeropuerto). El elenco es casi el mismo: Vicentico, Valeria Bertucelli,
la histriónica histérica Susana Pampín. Otra vez, los personajes
circulan y se interrelacionan siguiendo alguna lógica extraña,
donde no se sabe (nadie sabe) bien por qué hacen lo que hacen: formar
una pareja o deshacerla, empezar o terminar un negocio, curarse en salud, cambiar
de casa o de trabajo o de país, todo ocurre de la misma manera abúlica,
sin razón ni pasión. Es probable que esto sea el sello de Rejtman,
su poética; es más que probable que la mayor parte de los actos
de todas las vidas se realicen así, sin saber muy bien por qué,
con su propia lógica interna e incuestionada. Pero lo cierto es que Los
guantes mágicos abusa un poco del recurso. Pasa algo con las segundas
partes: lo que antes fascinaba ahora no convence. O quizás me pasa a mí.
Me pasó con El abrazo partido en relación con la tanto más
tierna y desprolija Esperando al Mesías, y me pasa ahora con estos Guantes
mágicos en relación con Silvia Prieto. Los guantes mágicos:
cualquiera puede ponérselos y se le adaptan, como las vidas de la película.
Sí, como chiste está muy bien. Para verla como primer Rejtman debe
estar muy bien, también.
Marcela Basch
La
quimera de los héroes - Daniel Rosenfeld
Vamos todavía con los documentales argentinos. Un documental argentino
como una fábula oriental, casi como un haiku. Cómo se hace un haiku
en Formosa, teniendo como materiales el rugby, un grupo de pibes tobas, un entrenador
filofascista y un montón de armas y milicos es algo que bien podría
preguntársele al amigo Rosenfeld. Un anécdota mínima que
se expande para todos lados: un ex rugbier, grandote, cabezón, hipercristiano
y facho él como corresponde, toma como su misión en esta tierra
constituir un equipo de rugby aborigen. En el medio, les dice que no chupen,
que se respeten ("eso implica que pueden pasar por arriba del otro, rugbísticamente
hablando"), que su único ascenso social posible es ganarles a los Pumitas
y ya que estamos les predica tradición, familia y propiedad. En serio.
En sus términos, claro.
La secuencia final trata a un partido de rugby con un spleen digno de la más
melancólica toma europea. Cosa seria.
Marcela Basch
El amor, primera parte - Fadel, Mauregui, Mitre, Schnitman
¡Por fin una película para recomendarle a mis amigas! Inteligente,
cómica, tierna, emocionante, querible. Sí, una película
de amor. Disculpen si esto resulta ñoño. Una de amor, muy bien
hechita, y argentina.
La peli tiene un solo objetivo, claro y delimitado: retratar una historia de
amor de seres de veintipico desde su nacimiento hasta su muerte. Y tiene cuatro
directores, uno a cargo de cada etapa: flechazo, primeros pasos, convivencia
y crisis. Estos cuatro directores se mueven como uno, aunque algunos se vuelcan
más a ciertos recursos que otros. En la deliciosa primera parte, recursos
de cine mudo, de películas de Chaplin: escenas sin diálogos y
placas con fondo negro explicando la situación. Más adelante,
se usa el falso documental, con unas imágenes sacadas de atlas del cuerpo
humano, de esas que explican qué pasa en el hipotálamo al besar.
Pero lo más importante no es eso, no son los guiños; lo mejor
es simplemente el romance, ese romance igual a todos, bien actuado por buenos
actores que lo hacen natural (Luciano Cáceres y Leonora Balcarce, chapeaux).
Están
todas esas cosas que conoce el que ha estado ahí: el hablar todo el
tiempo de la otra persona pero decir "no
sé si esto es amor", las despedidas eternas, las coincidencias inexplicables,
el sexo prodigioso, y después las discusiones incomprensibles, la irritación
por los ruidos que antes resultaban maravillosos, las pequeñas cosas
cotidianas vueltas elementos siniestros, el aburrimiento, la desconfianza,
la paranoia. Todo está ahí, retratado con una cercanía
pocas veces vista, ayudado por una musicalización más que compañera.
Dicen que esta es "primera parte" porque planean hacer otra dentro de diez
años, con seres de treintaypico. Ojalá.
Marcela Basch
Una de dos - Alejo
Taube
Señores, nuevo cine argentino en estado puro, y con nuevo
cine argentino quiero decir realismo social, buenos actores ya
elegidos previamente por Stagnaro y Caetano,
trasfondo histórico más que concreto, finales de
ambiguos para infelices y una moderada discursividad. Una de
dos se abre con las imágenes
televisadas de los saqueos de diciembre de 2001. En ese contexto, cuenta la
historia de un pibe de pueblo -cerca de Luján- que anda en auto nuevo
y paga las cervezas de todo el barrio gracias a ciertos negocios turbios que
tiene en "la capi", representado por el rubiecito de Okupas, que no sé si
no viene también de Pizza birra faso. Mientras tanto se pinta
el pueblo, la mishiadura, el deterioro de las relaciones sociales (el que vende
carne no le fía al del súper, el del súper no le fía
a los vecinos de siempre, los vecinos de siempre dejan de pagar y se pelean,
etc), y algo de romance con la siempre precisa Jimena Anganuzzi (la novia embarazada
de Tumberos). Mucha llanta quemada, muchas palabras localistas, mucha discusión
acerca de si vale la pena cambiar las cosas y un desenlace siempre a punto.
La peli no es mala, pero tampoco es nada nuevo.
Marcela Basch
Los muertos - Lisandro Alonso
Confesión de partes: yo era parte de ellos. Tras tantos días
de cine de 10 a 2, se hace difícil seguir una película tan morosa
a las once de la mañana. Lo cual no habla mal de la película,
sino de una servidora. Para quien haya visto el largo anterior de Alonso, La
libertad, un mensaje que circulaba en los pasillos del Abasto: esta tiene más
ritmo, es más fluida. En fin. Profundamente poética, imágenes
y sonido de lo más interesantes (un pasaje a la selva), y tres o cuatro,
no más pero fundamentales, escenas fuertísimas. Y sin ruido:
simplemente aparecen. Como en la vida: sin música de suspenso que avise.
En fin. Ojalá hubiera podido apreciarla mejor. Vayan con café.
Marcela Basch
B-Happy - Gonzalo Justiniano
Otra de esas pelis (y van...) que promete mucho, arranca muy bien,
y derrapa estrepitosamente a los cuarenta minutos. Una adolescente
de pueblo, rebelde ella, que asegura no tener miedo a nada. Su pueblo,
su padre ladrón,
la escuela, el chico que le gusta, el dueño del almacén que se
acuesta con la madre de ella. Hasta ahí bastante bien, hasta que empieza
la tragedia: en diez minutos la piba queda huérfana y sola en el mundo,
el patrón se la quiere voltear, y ella arranca para la gran ciudad.
Ahí aterriza derechito ¡en el reformatorio! Y no les contamos
más: simplemente, que tenemos todos los ingredientes para el dramón.
Si la hubieran actuado un poco peor, daba para Canal 9 un sábado a la
noche. Rescatemos, claro, el buen espíritu de la chica, que nos ahorra
el final trágico y vuelve al optimismo.
Marcela Basch
En la ciudad - Cesc Gay
Qué terrible descubrir que generalmente, las películas más
cumplidoras son las que tienen más posibilidades de estrenarse; mainstream,
diría un amigo que considera mainstream todo lo que es conocido por
alguien que hable español o inglés. En fin. En
la ciudad, el
nuevo opus del director de Krámpack, es una obra cumplidora,
que fuera del festival nos hubiera dado que hablar -va a dar que hablar, creo-
un ratito. Si pensamos en el quilombo que se armó con El último
beso, esa
italiana que fue avanzando
como en espiral, de semana en semana, y de repente todos nuestros amigos estaban
hablando de ella cuando de entrada la habíamos
considerado una comedieta romántica más, bueno, probablemente
esta pegará más fuerte. Esta no es una comedia, eso sí.
Es más bien amarga. Esquema simple, conocido: dos parejas de amigos,
más una amiga soltera y un amigo separado, treintañeros ellos,
y sus aventuras o más bien desventuras amorosas. No les va muy bien
a estos chicos. Lo imaginable: incomunicación, soledad, familias (levemente)
disfuncionales, y el sobrevuelo constante de los deseos que todos los días
se frustran para mantener el statu quo. La peli tiene un trabajo interesante
con las miradas, con la expresividad mínima que va revelando todo lo
que los personajes barren bajo la alfombra. Deja un gusto bastante
amargo, pero vale la pena.
Marcela Basch
Las horas del día
Vamos a decirlo de entrada: una (otra) de las decepciones del fest.
Esperábamos
más. Pasa algo raro con esta película: si se toma una escena,
cualquier escena, se piensa "ah, qué bueno". Cualquier escena promete;
si la encontráramos haciendo zapping, la aguantaríamos un rato
largo. Pero la totalidad no funciona. Seamos claros, el guión no funciona.
O quizás sea porque nosotros escribimos y nos interesa que los guiones
sigan existiendo. En fin, no importa. La película no es pésima;
por el contrario, es más bien inquietante. Está muy bien actuada
(el protagonista es el que en En la ciudad andaba con su alumnita
de 16, bonito muchacho) y además es catalana, cosa que siempre está bien.
Pero esperábamos
mucho más. Quizás nuestro problema sean las expectativas.
Marcela Basch
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