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Elephant - Gus Van Sant
Después de perder el tiempo persiguiendo a Salinger o a Pynchon, vuelve
un Van Sant menos vendido, menos arty y pretencioso que en Gerry y
bien alejado de esa increíble autoparodia que llevó adelante
de la mano del genial Kevin Smith en Jay & Silent Bob Strike
Back,
donde en vez de prestar atención a lo que pasaba en Good Will
Hunting 2: Hunting Season, se concentraba en contar billetes.
Elephant es el punto de intersección exacto entre Larry
Clark (Kids) y Richard Linklater (Slacker).
Van Sant muestra una juventud estúpida, vacía y violenta, mientras
sigue a los personajes con unos largos y muy cuidados steady cams, verdaderos
desafíos para su director de fotografía. El uso de saltos en el
tiempo de la narración, la reconstrucción de determinadas situaciones
desde dos o tres puntos de vista diferentes y la cuidadísima labor de
la banda sonora (envidiable por su extrema y efectiva sutileza), hablan de una
intención de volver a las raíces y dejar un poco de lado los elencos
estelares y los guiones de amigotes. Esperemos que sea el nuevo camino a seguir
de Gus: el resultado es más que satisfactorio. Al menos no desilusiona,
como se estaba volviendo costumbre en su filmografía. Uno no tiene que
hacer fuerza para darle al menos un tímido visto bueno.
En pocas palabras, por su ritmo -aunque la palabra “cadencia” parece más
ajustada- vale la pena seguir este tour de force a lo más profundo de
la idiotez juvenil.
Pablo Conde
Coffee
and Cigarettes - Jim Jarmusch
Los números puestos, esas películas que todo el mundo
desespera por ver, no suelen ser lo mejor de los festivales. Esta
peli parece ser la excepción
a la regla: es profunda y absolutamente divertida. Por supuesto, sí es
un poco snob, ya que basa la mitad de su eficacia en la suposición
de que el público conoce -y reconoce- a los actores. Los actores,
que despliegan algo así como sketchs, son ideales para animar cualquier
fiesta: Iggy Pop versus Tom Waits, Alfred Molina versus Steve Coogan (absolutamente
hilarante), Cate Blanchett versus ella misma, y apariciones estelares de
Steve Buscemi, Bill Murray, los hermanitos Jack y Meg White y unos cuantos
de los que me debo estar olvidando. Todos reuniditos con la excusa del café y
los cigarrillos. Altamente recomendable.
Marcela Basch
Triple Agent - Eric Rohmer
Una historia lineal, bien contada, con el argumento por encima de
cualquier preciosismo estético. ¡Gracias! Rohmer se mete con una de espías, y por
supuesto no lo hace mal. Tampoco lo hace deslumbrantemente. 1936, París,
un espía ruso antisoviético (¿antisoviético?) y su
mujer griega, que quiere y no quiere saber más de los negocios del marido.
Y sus vecinos comunistas, y los periódicos, y las noticias, y las huelgas
y todo el paranoico clima de la época. Seguramente Rohmer habrá vivido
esa época. Impecable. Y, por otro lado y quizás por eso, poco festivalera.
Marcela Basch
Triple agente - Eric Rohmer
Rohmer tiene más de ochenta años y entonces lo que para nosotros
es una película histórica es para él una película
sobre su juventud o adolescencia. La historia comienza en el París de
1936, en esos convulsionados años anteriores al desencadenamiemto de la
segunda guerra y, de una manera entre irónica y sarcástica, reflexiona
sobre las causas de tal suceso (o al menos algunas). Particularmente la de la
ceguera y estupidez francesa, cuyos intelectuales y políticos no entienden
nada cuando creen entenderlo todo, y como siempre y por lo tanto, juegan el papel
de la histérica, la que nunca se entera de nada ni sabe qué papel
le toca. Estamos frente a una película política e inteligente,
que siempre dice una cosa y muestra otra, como el triple agente en cuestión,
un ruso blanco (es decir despreciable y enemigo de la revolución roja
aunque allí reside una de las ambigüedades) y por tal, natural, mal
le pese a todos y en especial a su esposa, amigo de los nazis. Por ser tal el
punto de partida, la película se emparenta con otro ensayo histórico de
Rohmer, El duque y la dama, donde también el punto de vista era
el más recalcitrante, no el de los revolucionarios sino el de la nobleza.
Las acción se lleva adelante por los diálogos (en una ensalada
de idiomas, ya que al ruso y francés se le suman nuestra traducción
al español más los subtítulos en alemán que lleva
la copia exhibida) y lo principal está siempre fuera de campo; lo que
transforma al film, supongo que para decepción de muchos, en una buena
obra de teatro. Pero no hay que temerle a las palabras, lo que nos lleva a la
siguiente película.
Santiago B.
El tiempo del lobo - Michael Haneke
película de género apocalíptico. La podríamos
situar entre dos parámetros, las películas de este género,
más
bien de clase b y el tratamiento de la alta literatura, desde La
peste de Camus
hasta Ensayo sobre la ceguera de Saramago. En un cóctel explosivo
que la hace una seria candidata al clavo de oro del festival,
tiene lo peor de ambos. Es decir, la tosquedad de la clase b bien b y las
pretenciones de la películas de género artísticas.
Una catástrofe no identificada aísla a distintos grupos autoorganizados en
una zona rural. Esperan un tren que los saque de allí, sin agua, ni
comida y el hombre vuelto lobo de hombre. Se pueden imaginar. Desde el minuto
diez, cuando todo queda planteado, ya querés que termine. Es una película
chillona llena de niños
que lloran, madres histéricas y hombres malos que se aprovechan de
la situación. Por supuesto que se trata de realismo europeo y no esperamos
un héroe que se haga cargo. En el mejor momento la muchedumbre junto
a unos vagones abandonados nos trae feos recuerdos de ghettos reales en catástrofes
reales. Pero pasa. La fotografía también es lograda aunque
no alcanza, hasta molesta y para peor de todo hay que remontar a Isabelle
Hupert que a esta altura es la Cecilia Roth francesa. Alguien
dirá que
peor es Juliette Binoche. Cada uno con sus fobias. Haneke era un director
que nos gustaba y que empezó a empeorar a medida que ganaba premios,
si no hace algo pronto pasará al listado extenso de los directores
sobrevalorados (cada uno tiene su lista, el nombre que me vino a la cabeza
fue Theo Angelópoulus).
Prueba que la condición de autor en el cine, a diferencia de la literatura,
no se sostiene tan bien en el tiempo sin hacer alguna película buena
de vez en cuando. Salgo agradecido del cine porque me soltaron.
Dj Malhumor
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Trois vies et une seule mort
La verdad es que no me he animado a ver las pelis viejas de Ruiz que
están
pasando en su ciclo dentro del festival (algún valiente podría
contar), pero la de los noventa son realmente buenas. Esta es una de ellas.
Desde el inicio tenía algo irresistible que invitaba a verla, el gran Marcello
Mastroiani en uno de sus últimos papeles, a quien como el título
de la peli, una vida sola no le alcanza. Especie de Amelie downtempo,
la peli comienza a contar una historia detrás de la otra, aparentemente
independientes, para descubrir después que no lo son tanto. Las historias
son muy entretenidas y graciosas, pero además con un humor inteligente
y por sobre todo sabio. La película podría ser una introducción
a la vida filosófica, pero no a la filosofía de la universidad,
sino a la filosofía sin más, en fin, cómo vivir una vida feliz
incluso ante la existencia de la muerte. Marcelo nos enseña, amar
y ser amado puede ser el peor de los infiernos, o la caridad es la
peor de las tiranías. Cada cual tomará la que le convenga.
Cada historia es contada por un relator radial, lo cual la acerca al cuento
y por extensión
a la literatura; de hecho (no es raro en alguien que adaptó a
Proust) los nombres de George Perec y sus Vida, intrucciones de
uso o Calvino y Si una
noche de invierno un viajero, vienen casi naturalmente a la cabeza. Una
película inteligente y sabia (por lo tanto graciosa) que se puede emparentar
a los momentos felices de Rohmer (aunque esta película es en general
mucho más gentil que la mayoría de Rohmer) y a otro viejo zorro
que vimos en el festival hace un par de años atrás, Otar Ioselani.
Sí,
sí, la recomiendo.
Santiago B.
Trois vies et une seule morte
Bueno, me enteré tarde pero es mejor tarde que nunca:
este Ruiz es realmente un grande. En el contexto del festival
sus películas son, en términos de los Auténticos
Decadentes, estrellas en la noche de la mediocridad. Y
Trois vies es extraordinaria. Marcello Mastroianni
juega cuatro personajes, o un personaje cuádruple,
como se quiera ver; lo rodean un destacado elenco, que
incluye a Marisa Paredes y a Chiara Mastroianni, viva
imagen de su padre. El guión, tal como acostumbra
Ruiz, no tiene fisuras; tres historias aparentemente independientes
se entrelazan a la perfección. El tema, si es que
se puede decir así, son las vueltas de la vida,
de cómo el
exceso de felicidad puede causar desdicha y el exceso
de generosidad puede causar pobreza, en fin, esas cosas.
También
es una película acerca de los deseos profundos,
esos que no se explican, que simplemente acechan la normalidad.
Una gran película, deliciosamente filmada
al borde del Sena (y no empalaga).
Marcela Basch
Ce jour là: Gozu para
padres
Es un poco exagerada (un poquito nomás) la comparación
pero aprovecho para recordarles que no se pierdan Gozu del
demente Takashi Miike. Más vale una comedia
negra con final negrísimo, género refinado que
aceptan aquellos que le temen un poco a la sangre. Aquí tenemos
unos cuantos cadáveres y cada nuevo asesinato nos produce
risa, lo que nos ayuda a soportar de qué se trata todo.
Este Ruiz (que como Miike es capaz de hacer cinco o más
películas en un año) es un caso serio, porque
cuando todo bien podría haber virado hacia la farsa,
su inteligencia y sensibilidad lo desvía hacia donde más
duele, incluso más que los martillazos en la cabeza
que reciben algunos personajes. Ver muchas pelis juntas te
permite comparar, Ruiz logra lo que otros directores en algún
punto afines (como el Chabrol de Gracias
por el chocolate y Las
flores del mal o la Chantal
Akerman de este
festival) no logran, ser agudos en la simpleza sin ser pavos.
No es menor tampoco que Ruiz sea alguien que ame tanto
la literatura como el cine, es decir, nunca una va en contra
del otro. Pero eso lo dejamos para otro día.
Santiago B.
Ce jour là
Disculpen si últimamente ando medio en contra del
espíritu festivalero, pero, por favor, ¡cómo
se nota cuando una peli está hecha por un profesional!
Es el caso de esta maravillosa comedia-noir-trascendental
que transcurre en un futuro próximo y mezcla ángeles
con asesinos con locos con intereses económicos
con dios. En base a un guión excelente, bien
actuada, bien dirigida, con hermosa fotografía,
funciona como un mecanismo de relojería y así y
todo mantiene su riesgo, nunca es previsible, y se siente
francesa y, si la miramos con cuidado y amor por los
detalles, también algo chilena. Un montón
de muertos y sin embargo, no hay sadismo, no hay tortura,
no hay personaje más simpático que el
asesino. La peli se estructura quizás en la vieja
paradoja acerca de la locura: ¿acaso los locos
no son los más cuerdos de todo? Algo de eso.
En fin, véanla.
Y si no esperen, que seguramente se estrenará en
breve.
Marcela Basch
L' Hipothèse du tableau volé
Es una pena que el adjetivo intelectual, con razón, haya pasado
a transformarse en una clase de insulto. La intelectualidad no es
entre nosotros más que un sentido común de segundo
grado, mucho más prepotente y tributario de coyunturas de
poder que otra cosa. En general las películas intelectuales,
amadas por nuestros intelectuales no pueden ser más
que el ritual de algunos gestos, la confirmación de algún
canon que funciona como código de entrada a algún grupete.
Se entienden las reacciones viscerales entonces de huirle a todo
lo que tenga ese tufillo. Pero bueno, esta es una película
intelectual, verdadera. Un coleccionista de arte nos habla de una
serie de cuadros (de un pintor academicista) y de una serie de hipótesis
que justamente giran alrededor del vacío que produce el cuadro
faltante del título. Las hipótesis que se siguen, propias
de Borges,
Peirce o Calvino, nos hablan mucho menos de lo
endeble del conocimiento en general (mucho más en estas materias)
e incluso nos habla menos de la vanidad de los intelectuales, que
de lo maravilloso, complejo y siempre en fuga de los acontecimientos
del mundo. Porque se trata de un hombre que piensa y no tiene miedo
a hacerlo, porque justamente piensa (y fantasea) y no finge hacerlo.
La película
-del año
1978, debería haber hecho las delicias de Foucault, no
lo sé-, casi como una adaptación de Las palabras
y las cosas que indaga el problema de la representación,
la transposición
de medios (de la literatura a la pintura, de esta al cine), es también
una película policial, porque claro, un cuadro es siempre
un misterio y ya de hace tiempo se ha emparentado a los expertos
de arte (en especial aquellos en descubrir falsificaciones) con los
detectives (y en especial con uno de los detectives por antonomasia, Sherlock
Holmes). Supongo que la película también podría
haber sido descripta como un hombre que habla todo el tiempo paseándose
entre tableau vivants (puesta en escena de los cuadros por
personas a la manera de decorados teatrales, género mixto
si lo hay) pero sería algo estrecho. Lo que nos lleva a la
siguiente y sorprendente película.
Santiago B.
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Los Angeles plays itself
¡Me encantó!! Mucho para decir de esta película
que pareciera un documental pero es un ensayo, de una película sobre el
cine pero donde es el cine el que habla. Este Andersen es un
teórico e historiador del cine que con un relato en off
nos muestra la historia de su ciudad en tres horas de imágenes
continuas. Desde Terminator a The Player,
desde El enemigo público a Blade y Cassavettes,
más innumerables películas clase b que querríamos
correr a conseguir. Todo bajo la guía maestra del escritor
y director (?). Vemos y aprendemos a mirar al mismo tiempo, un
buen paralelo sería el exquisito libro de John Berger, Ways
of Seeing. Observamos arquitecturas y sus usos múltiples,
vemos decorados y su ideología y múltiples anacronismos.
Y todo el tiempo sin dejar de ver películas, porque más
allá de la postura y la idea directriz que guía
al fin (y que descubriremos con todas sus letras al final) se
trata de películas, y películas donde incluso las
malas adquieren su belleza (buen tema para un ensayo). En realidad
son varias, una de ellas es es la que mejor retrata al Los Angeles
real, situación que justamente Hollywood intento oscurecer
desde el inicio (es decir, Los Angeles no existe). La otra idea
es que quienes mejor han realizado este contraprograma de hacer
aparecer a la ciudad son los cineastas negros independientes,
los olvidados por antonomasia. Decía que a pesar de la
profunda crítica ideológica hay un amor al cine,
más una crítica que tanto se la puede agarrar con
la clase b recalcitrante como con Cassavettes. Aunque a veces
pareciera que sí, no hay buenos y malos y Ozu puede aparecer
en un policial clase b como una persecusión de autos llevar
a cabo el programa del pionero ruso Vertov. Esto lo acerca más
a las lecturas de Scorsese (al menos en espíritu) que
a Godard. A dios gracias, y eso hace que las tres horas pasen
volando.
Dj Malhumor
Eadweard MuyBridge,
Zoopraxographer
Primer trabajo del director de la supercomentada Los
Angeles plays itself. Es un trabajo erudito
de tesis así que no se te ocurra acercarte
al cine medio dormido. El señor del título
fue el antecedente de Edison y los hermanos Lumiere
en la creación del cinematógrafo,
como aprendemos en el film, no por continuidad
tecnológica (el cine nació a través
de otra tecnología) sino por la resolución
de un problema filosófico, cómo captar
con medios finitos (una sucesión de fotos
en este caso) algo infinito por definición
como el movimiento y por extensión el
tiempo. El asunto es que el tipo sacó miles
y miles de fotos sucesivas de animales y personas
en movimiento. El resultado es fantástico.
Hay en el trabajo de este científico algo
loco (mató al amante de su joven esposa
de un tiro), una manera de ver las imágenes
que de algún modo reaparece en el reciente
trabajo de Andersen (Los Angeles...).
La imagen de un movimiento abstracto,
el cuerpo por el cuerpo mismo (las imágenes
que fotografió recuerdan los estudios
sobre el cuerpo humano del renacimiento y no
por nada en el film se cita a Leonardo). Piensen
en Matrix, piensen en las coreografías
de mucho cine de acción (a veces el más
berreta). Paradójicamente es un cine despreciado
por la crítica seria, que es en definitiva
como simpre conservadora y victoriana; el placer
del cuerpo sólo se permite por un gran
director o idealizado o ideologizado. Un film
extraño como el personaje que retrata.
Se puede pensar mirando.
Dj Malhumor
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Bright Future
Otro clásico festivalero: películas japonesas y raras, de esas
en las que alguien puede salir fascinado pregonando al nuevo profeta y el de
a lado puede salir pidiendo que le devuelvan la guita. Los japoneses, por lo
menos los que solemos ver acá, hacen lo opuesto al cine argentino clásico:
muestran mucho y explican poco. Aquí por ejemplo tenemos una ciudad sucia
y abarrotada, clima opresivo, trabajos industriales y departamentos que parecen
de plástico, como comprados en el supermercado, y en el medio de todo
eso, una luminosa medusa mutante. La medusa hasta tiene su propia música
maravillosa. Ah, también están los chicos que usan remeras del
Che.
Marcela Basch
Bright
Future
Permítanme ir un poco en contra de la corriente, o al menos
en contra del comentario de la Colorada. Esta película es
bastante poco entretenida. Bastante odiosa y, sobre todo, bastante
odiable. Sus personajes parecen sacados de un melodramón
de la tarde, pero como hablan otro idioma se les permiten las rabietas
de quinceañera histérica, los sentimentalismos baratos
y las frases cursis disparadas con una asombrosa facilidad. El
guión parece haberse escrito en la marcha, algo que no estaría
mal si la película no fuera esta.
Y no quiero siquiera hablar de la calidad de la imagen en determinados
momentos. Ni de los actores. Ni de la música.
Y por favor, no me dejen hablar de los idiotas con remeras del Che
y las cajas que patean, por que se pudre todo. Si sigue así a Kurosawa más
que un futuro bright le espera uno muy dark…
Pablo Conde
Barren Ilusions
Eslabón perdido para comprender a este ponja.
Como siempre, hay fantasmas en sus pelis; en esta el
fantasma es de Tsai
Ming Liang. Es decir, más vale cine de la disolución
que de género terror para meter miedo y adrenalina
como si subieras a la montaña rusa. Grupo de jóvenes
(en general no hay viejos en sus películas, los jóvenes
viven solos como nacidos de repollos) que van y vienen, se tiran
a dormir, graban sonidos para loopear en sus computadoras y hacer
música de películas, también trabajan. En
un momento aparecen y desaparecen, literalmente, en momentos
se sienten muertos, literalmente. No me voy a poner pesado pero
aquí está lo más interesante de este tipo
(y otros directores japoneses que se dedican a los géneros
supuestamente populares), cómo otras preocupaciones (existenciales
por ponerles un nombre chongo) iluminan el cine de género
(y lo explican) y viceversa. En otras pelìs como Pulse hay
fantasmas, en esta entendés qué es un fantasma
y que cualquiera de nosotros puede serlo, ¿o es que nunca
te has sentido muerto?
Dj Malhumor
Seance
Si de terror hablamos, esta es una verdadera falta de respeto
al género. Con una historia tan poco sostenible como mal
llevada adelante, unas actuaciones tan blandengues como poco
interesantes y una fantasmita con menos onda que Gasparín
en su versión computarizada, lo de terror es más
por la calidad que por el género. Si bien hay un par de
escenas interesantes, mueren ahí, dejando al espectador
con unas terribles ganas de avanzar en un relato que parece no
tener mucha intención de hacerlo, dando vueltas y vueltas,
sosteniendo lo insostenible. Una lástima que esta peli
manche la sección de Kurosawa. Ojalá sirva para
desenmascarar a un poco director bastante poco parejo.
Pablo Conde
Pulse y Seance - Kurosawa por dos
Bastante difícil escribir sobre este pibe. Reconozco que
se hace querer, que es esmerado, sensible y talentoso. Me lo
imagino como esos muchachitos solitarios y temerosos del manga
al estilo Evangelion o incluso de sus mismas películas.
Pero... En algún punto sus pelis a la par que brillantes decepcionan,
dicho rápido, no meten miedo como mete Ringu y para peor los
intelectuales de esos que no nos gustan se las están apropiando. Por suerte no
se lo tragan del todo y dicen que es un director desconcertante, lo
que debe leerse: che pero hace pelìculas de terror, ¿eso no es demasiado
popular?.
Son películas excelentes pero que no tratan del miedo sino que tratan
de la soledad (Pulse) y de la culpa (Seance), y se sabe que el género
hace al espectador. Entonces es un tironeo; unos lo quieren traer para el lado
de, digamos, Tsai Ming Liang, otros lo quisiéramos más del lado
de Ringu. No sé, estaría bueno saber qué opina el espectador
medio de pelis de terror. Estaría bueno.
Dj Malhumor |
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