Cobertura Bafici 2004 / Las de directores consagrados
 

Elephant - Gus Van Sant
Después de perder el tiempo persiguiendo a Salinger o a Pynchon, vuelve un Van Sant menos vendido, menos arty y pretencioso que en Gerry y bien alejado de esa increíble autoparodia que llevó adelante de la mano del genial Kevin Smith en Jay & Silent Bob Strike Back, donde en vez de prestar atención a lo que pasaba en Good Will Hunting 2: Hunting Season, se concentraba en contar billetes.
Elephant es el punto de intersección exacto entre Larry Clark (Kids) y Richard Linklater (Slacker). Van Sant muestra una juventud estúpida, vacía y violenta, mientras sigue a los personajes con unos largos y muy cuidados steady cams, verdaderos desafíos para su director de fotografía. El uso de saltos en el tiempo de la narración, la reconstrucción de determinadas situaciones desde dos o tres puntos de vista diferentes y la cuidadísima labor de la banda sonora (envidiable por su extrema y efectiva sutileza), hablan de una intención de volver a las raíces y dejar un poco de lado los elencos estelares y los guiones de amigotes. Esperemos que sea el nuevo camino a seguir de Gus: el resultado es más que satisfactorio. Al menos no desilusiona, como se estaba volviendo costumbre en su filmografía. Uno no tiene que hacer fuerza para darle al menos un tímido visto bueno.
En pocas palabras, por su ritmo -aunque la palabra “cadencia” parece más ajustada- vale la pena seguir este tour de force a lo más profundo de la idiotez juvenil.
Pablo Conde

Coffee and Cigarettes - Jim Jarmusch
Los números puestos, esas películas que todo el mundo desespera por ver, no suelen ser lo mejor de los festivales. Esta peli parece ser la excepción a la regla: es profunda y absolutamente divertida. Por supuesto, sí es un poco snob, ya que basa la mitad de su eficacia en la suposición de que el público conoce -y reconoce- a los actores. Los actores, que despliegan algo así como sketchs, son ideales para animar cualquier fiesta: Iggy Pop versus Tom Waits, Alfred Molina versus Steve Coogan (absolutamente hilarante), Cate Blanchett versus ella misma, y apariciones estelares de Steve Buscemi, Bill Murray, los hermanitos Jack y Meg White y unos cuantos de los que me debo estar olvidando. Todos reuniditos con la excusa del café y los cigarrillos. Altamente recomendable.
Marcela Basch

Triple Agent - Eric Rohmer

Una historia lineal, bien contada, con el argumento por encima de cualquier preciosismo estético. ¡Gracias! Rohmer se mete con una de espías, y por supuesto no lo hace mal. Tampoco lo hace deslumbrantemente. 1936, París, un espía ruso antisoviético (¿antisoviético?) y su mujer griega, que quiere y no quiere saber más de los negocios del marido. Y sus vecinos comunistas, y los periódicos, y las noticias, y las huelgas y todo el paranoico clima de la época. Seguramente Rohmer habrá vivido esa época. Impecable. Y, por otro lado y quizás por eso, poco festivalera.
Marcela Basch

Triple agente - Eric Rohmer
Rohmer tiene más de ochenta años y entonces lo que para nosotros es una película histórica es para él una película sobre su juventud o adolescencia. La historia comienza en el París de 1936, en esos convulsionados años anteriores al desencadenamiemto de la segunda guerra y, de una manera entre irónica y sarcástica, reflexiona sobre las causas de tal suceso (o al menos algunas). Particularmente la de la ceguera y estupidez francesa, cuyos intelectuales y políticos no entienden nada cuando creen entenderlo todo, y como siempre y por lo tanto, juegan el papel de la histérica, la que nunca se entera de nada ni sabe qué papel le toca. Estamos frente a una película política e inteligente, que siempre dice una cosa y muestra otra, como el triple agente en cuestión, un ruso blanco (es decir despreciable y enemigo de la revolución roja aunque allí reside una de las ambigüedades) y por tal, natural, mal le pese a todos y en especial a su esposa, amigo de los nazis. Por ser tal el punto de partida, la película se emparenta con otro ensayo histórico de Rohmer, El duque y la dama, donde también el punto de vista era el más recalcitrante, no el de los revolucionarios sino el de la nobleza. Las acción se lleva adelante por los diálogos (en una ensalada de idiomas, ya que al ruso y francés se le suman nuestra traducción al español más los subtítulos en alemán que lleva la copia exhibida) y lo principal está siempre fuera de campo; lo que transforma al film, supongo que para decepción de muchos, en una buena obra de teatro. Pero no hay que temerle a las palabras, lo que nos lleva a la siguiente película.
Santiago B.

El tiempo del lobo - Michael Haneke
película de género apocalíptico. La podríamos situar entre dos parámetros, las películas de este género, más bien de clase b y el tratamiento de la alta literatura, desde La peste de Camus hasta Ensayo sobre la ceguera de Saramago. En un cóctel explosivo que la hace una seria candidata al clavo de oro del festival, tiene lo peor de ambos. Es decir, la tosquedad de la clase b bien b y las pretenciones de la películas de género artísticas. Una catástrofe no identificada aísla a distintos grupos autoorganizados en una zona rural. Esperan un tren que los saque de allí, sin agua, ni comida y el hombre vuelto lobo de hombre. Se pueden imaginar. Desde el minuto diez, cuando todo queda planteado, ya querés que termine. Es una película chillona llena de niños que lloran, madres histéricas y hombres malos que se aprovechan de la situación. Por supuesto que se trata de realismo europeo y no esperamos un héroe que se haga cargo. En el mejor momento la muchedumbre junto a unos vagones abandonados nos trae feos recuerdos de ghettos reales en catástrofes reales. Pero pasa. La fotografía también es lograda aunque no alcanza, hasta molesta y para peor de todo hay que remontar a Isabelle Hupert que a esta altura es la Cecilia Roth francesa. Alguien dirá que peor es Juliette Binoche. Cada uno con sus fobias. Haneke era un director que nos gustaba y que empezó a empeorar a medida que ganaba premios, si no hace algo pronto pasará al listado extenso de los directores sobrevalorados (cada uno tiene su lista, el nombre que me vino a la cabeza fue Theo Angelópoulus). Prueba que la condición de autor en el cine, a diferencia de la literatura, no se sostiene tan bien en el tiempo sin hacer alguna película buena de vez en cuando. Salgo agradecido del cine porque me soltaron.
Dj Malhumor

LAS DE RA(O)UL RUIZ


Trois vies et une seule mort
La verdad es que no me he animado a ver las pelis viejas de Ruiz que están pasando en su ciclo dentro del festival (algún valiente podría contar), pero la de los noventa son realmente buenas. Esta es una de ellas. Desde el inicio tenía algo irresistible que invitaba a verla, el gran Marcello Mastroiani en uno de sus últimos papeles, a quien como el título de la peli, una vida sola no le alcanza. Especie de Amelie downtempo, la peli comienza a contar una historia detrás de la otra, aparentemente independientes, para descubrir después que no lo son tanto. Las historias son muy entretenidas y graciosas, pero además con un humor inteligente y por sobre todo sabio. La película podría ser una introducción a la vida filosófica, pero no a la filosofía de la universidad, sino a la filosofía sin más, en fin, cómo vivir una vida feliz incluso ante la existencia de la muerte. Marcelo nos enseña, amar y ser amado puede ser el peor de los infiernos, o la caridad es la peor de las tiranías. Cada cual tomará la que le convenga. Cada historia es contada por un relator radial, lo cual la acerca al cuento y por extensión a la literatura; de hecho (no es raro en alguien que adaptó a Proust) los nombres de George Perec y sus Vida, intrucciones de uso o Calvino y Si una noche de invierno un viajero, vienen casi naturalmente a la cabeza. Una película inteligente y sabia (por lo tanto graciosa) que se puede emparentar a los momentos felices de Rohmer (aunque esta película es en general mucho más gentil que la mayoría de Rohmer) y a otro viejo zorro que vimos en el festival hace un par de años atrás, Otar Ioselani. Sí, sí, la recomiendo.
Santiago B.

Trois vies et une seule morte

Bueno, me enteré tarde pero es mejor tarde que nunca: este Ruiz es realmente un grande. En el contexto del festival sus películas son, en términos de los Auténticos Decadentes, estrellas en la noche de la mediocridad. Y Trois vies es extraordinaria. Marcello Mastroianni juega cuatro personajes, o un personaje cuádruple, como se quiera ver; lo rodean un destacado elenco, que incluye a Marisa Paredes y a Chiara Mastroianni, viva imagen de su padre. El guión, tal como acostumbra Ruiz, no tiene fisuras; tres historias aparentemente independientes se entrelazan a la perfección. El tema, si es que se puede decir así, son las vueltas de la vida, de cómo el exceso de felicidad puede causar desdicha y el exceso de generosidad puede causar pobreza, en fin, esas cosas. También es una película acerca de los deseos profundos, esos que no se explican, que simplemente acechan la normalidad. Una gran película, deliciosamente filmada al borde del Sena (y no empalaga).
Marcela Basch

Ce jour là: Gozu para padres
Es un poco exagerada (un poquito nomás) la comparación pero aprovecho para recordarles que no se pierdan Gozu del demente Takashi Miike. Más vale una comedia negra con final negrísimo, género refinado que aceptan aquellos que le temen un poco a la sangre. Aquí tenemos unos cuantos cadáveres y cada nuevo asesinato nos produce risa, lo que nos ayuda a soportar de qué se trata todo. Este Ruiz (que como Miike es capaz de hacer cinco o más películas en un año) es un caso serio, porque cuando todo bien podría haber virado hacia la farsa, su inteligencia y sensibilidad lo desvía hacia donde más duele, incluso más que los martillazos en la cabeza que reciben algunos personajes. Ver muchas pelis juntas te permite comparar, Ruiz logra lo que otros directores en algún punto afines (como el Chabrol de Gracias por el chocolate y Las flores del mal o la Chantal Akerman de este festival) no logran, ser agudos en la simpleza sin ser pavos. No es menor tampoco que Ruiz sea alguien que ame tanto la literatura como el cine, es decir, nunca una va en contra del otro. Pero eso lo dejamos para otro día.
Santiago B.

Ce jour là
Disculpen si últimamente ando medio en contra del espíritu festivalero, pero, por favor, ¡cómo se nota cuando una peli está hecha por un profesional! Es el caso de esta maravillosa comedia-noir-trascendental que transcurre en un futuro próximo y mezcla ángeles con asesinos con locos con intereses económicos con dios. En base a un guión excelente, bien actuada, bien dirigida, con hermosa fotografía, funciona como un mecanismo de relojería y así y todo mantiene su riesgo, nunca es previsible, y se siente francesa y, si la miramos con cuidado y amor por los detalles, también algo chilena. Un montón de muertos y sin embargo, no hay sadismo, no hay tortura, no hay personaje más simpático que el asesino. La peli se estructura quizás en la vieja paradoja acerca de la locura: ¿acaso los locos no son los más cuerdos de todo? Algo de eso. En fin, véanla. Y si no esperen, que seguramente se estrenará en breve.
Marcela Basch

L' Hipothèse du tableau volé
Es una pena que el adjetivo intelectual, con razón, haya pasado a transformarse en una clase de insulto. La intelectualidad no es entre nosotros más que un sentido común de segundo grado, mucho más prepotente y tributario de coyunturas de poder que otra cosa. En general las películas intelectuales, amadas por nuestros intelectuales no pueden ser más que el ritual de algunos gestos, la confirmación de algún canon que funciona como código de entrada a algún grupete. Se entienden las reacciones viscerales entonces de huirle a todo lo que tenga ese tufillo. Pero bueno, esta es una película intelectual, verdadera. Un coleccionista de arte nos habla de una serie de cuadros (de un pintor academicista) y de una serie de hipótesis que justamente giran alrededor del vacío que produce el cuadro faltante del título. Las hipótesis que se siguen, propias de Borges, Peirce o Calvino, nos hablan mucho menos de lo endeble del conocimiento en general (mucho más en estas materias) e incluso nos habla menos de la vanidad de los intelectuales, que de lo maravilloso, complejo y siempre en fuga de los acontecimientos del mundo. Porque se trata de un hombre que piensa y no tiene miedo a hacerlo, porque justamente piensa (y fantasea) y no finge hacerlo. La película -del año 1978, debería haber hecho las delicias de Foucault, no lo sé-, casi como una adaptación de Las palabras y las cosas que indaga el problema de la representación, la transposición de medios (de la literatura a la pintura, de esta al cine), es también una película policial, porque claro, un cuadro es siempre un misterio y ya de hace tiempo se ha emparentado a los expertos de arte (en especial aquellos en descubrir falsificaciones) con los detectives (y en especial con uno de los detectives por antonomasia, Sherlock Holmes). Supongo que la película también podría haber sido descripta como un hombre que habla todo el tiempo paseándose entre tableau vivants (puesta en escena de los cuadros por personas a la manera de decorados teatrales, género mixto si lo hay) pero sería algo estrecho. Lo que nos lleva a la siguiente y sorprendente película.
Santiago B.

Las de Thom Andersen


Los Angeles plays itself

¡Me encantó!! Mucho para decir de esta película que pareciera un documental pero es un ensayo, de una película sobre el cine pero donde es el cine el que habla. Este Andersen es un teórico e historiador del cine que con un relato en off nos muestra la historia de su ciudad en tres horas de imágenes continuas. Desde Terminator a The Player, desde El enemigo público a Blade y Cassavettes, más innumerables películas clase b que querríamos correr a conseguir. Todo bajo la guía maestra del escritor y director (?). Vemos y aprendemos a mirar al mismo tiempo, un buen paralelo sería el exquisito libro de John Berger, Ways of Seeing. Observamos arquitecturas y sus usos múltiples, vemos decorados y su ideología y múltiples anacronismos. Y todo el tiempo sin dejar de ver películas, porque más allá de la postura y la idea directriz que guía al fin (y que descubriremos con todas sus letras al final) se trata de películas, y películas donde incluso las malas adquieren su belleza (buen tema para un ensayo). En realidad son varias, una de ellas es es la que mejor retrata al Los Angeles real, situación que justamente Hollywood intento oscurecer desde el inicio (es decir, Los Angeles no existe). La otra idea es que quienes mejor han realizado este contraprograma de hacer aparecer a la ciudad son los cineastas negros independientes, los olvidados por antonomasia. Decía que a pesar de la profunda crítica ideológica hay un amor al cine, más una crítica que tanto se la puede agarrar con la clase b recalcitrante como con Cassavettes. Aunque a veces pareciera que sí, no hay buenos y malos y Ozu puede aparecer en un policial clase b como una persecusión de autos llevar a cabo el programa del pionero ruso Vertov. Esto lo acerca más a las lecturas de Scorsese (al menos en espíritu) que a Godard. A dios gracias, y eso hace que las tres horas pasen volando.
Dj Malhumor

Eadweard MuyBridge, Zoopraxographer
Primer trabajo del director de la supercomentada Los Angeles plays itself. Es un trabajo erudito de tesis así que no se te ocurra acercarte al cine medio dormido. El señor del título fue el antecedente de Edison y los hermanos Lumiere en la creación del cinematógrafo, como aprendemos en el film, no por continuidad tecnológica (el cine nació a través de otra tecnología) sino por la resolución de un problema filosófico, cómo captar con medios finitos (una sucesión de fotos en este caso) algo infinito por definición como el movimiento y por extensión el tiempo. El asunto es que el tipo sacó miles y miles de fotos sucesivas de animales y personas en movimiento. El resultado es fantástico. Hay en el trabajo de este científico algo loco (mató al amante de su joven esposa de un tiro), una manera de ver las imágenes que de algún modo reaparece en el reciente trabajo de Andersen (Los Angeles...). La imagen de un movimiento abstracto, el cuerpo por el cuerpo mismo (las imágenes que fotografió recuerdan los estudios sobre el cuerpo humano del renacimiento y no por nada en el film se cita a Leonardo). Piensen en Matrix, piensen en las coreografías de mucho cine de acción (a veces el más berreta). Paradójicamente es un cine despreciado por la crítica seria, que es en definitiva como simpre conservadora y victoriana; el placer del cuerpo sólo se permite por un gran director o idealizado o ideologizado. Un film extraño como el personaje que retrata. Se puede pensar mirando.
Dj Malhumor

Las de Kiyoshi Kurosawa


Bright Future
Otro clásico festivalero: películas japonesas y raras, de esas en las que alguien puede salir fascinado pregonando al nuevo profeta y el de a lado puede salir pidiendo que le devuelvan la guita. Los japoneses, por lo menos los que solemos ver acá, hacen lo opuesto al cine argentino clásico: muestran mucho y explican poco. Aquí por ejemplo tenemos una ciudad sucia y abarrotada, clima opresivo, trabajos industriales y departamentos que parecen de plástico, como comprados en el supermercado, y en el medio de todo eso, una luminosa medusa mutante. La medusa hasta tiene su propia música maravillosa. Ah, también están los chicos que usan remeras del Che.
Marcela Basch

Bright Future
Permítanme ir un poco en contra de la corriente, o al menos en contra del comentario de la Colorada. Esta película es bastante poco entretenida. Bastante odiosa y, sobre todo, bastante odiable. Sus personajes parecen sacados de un melodramón de la tarde, pero como hablan otro idioma se les permiten las rabietas de quinceañera histérica, los sentimentalismos baratos y las frases cursis disparadas con una asombrosa facilidad. El guión parece haberse escrito en la marcha, algo que no estaría mal si la película no fuera esta. Y no quiero siquiera hablar de la calidad de la imagen en determinados momentos. Ni de los actores. Ni de la música.
Y por favor, no me dejen hablar de los idiotas con remeras del Che y las cajas que patean, por que se pudre todo. Si sigue así a Kurosawa más que un futuro bright le espera uno muy dark…
Pablo Conde

Barren Ilusions
Eslabón perdido para comprender a este ponja. Como siempre, hay fantasmas en sus pelis; en esta el fantasma es de Tsai Ming Liang. Es decir, más vale cine de la disolución que de género terror para meter miedo y adrenalina como si subieras a la montaña rusa. Grupo de jóvenes (en general no hay viejos en sus películas, los jóvenes viven solos como nacidos de repollos) que van y vienen, se tiran a dormir, graban sonidos para loopear en sus computadoras y hacer música de películas, también trabajan. En un momento aparecen y desaparecen, literalmente, en momentos se sienten muertos, literalmente. No me voy a poner pesado pero aquí está lo más interesante de este tipo (y otros directores japoneses que se dedican a los géneros supuestamente populares), cómo otras preocupaciones (existenciales por ponerles un nombre chongo) iluminan el cine de género (y lo explican) y viceversa. En otras pelìs como Pulse hay fantasmas, en esta entendés qué es un fantasma y que cualquiera de nosotros puede serlo, ¿o es que nunca te has sentido muerto?
Dj Malhumor

Seance
Si de terror hablamos, esta es una verdadera falta de respeto al género. Con una historia tan poco sostenible como mal llevada adelante, unas actuaciones tan blandengues como poco interesantes y una fantasmita con menos onda que Gasparín en su versión computarizada, lo de terror es más por la calidad que por el género. Si bien hay un par de escenas interesantes, mueren ahí, dejando al espectador con unas terribles ganas de avanzar en un relato que parece no tener mucha intención de hacerlo, dando vueltas y vueltas, sosteniendo lo insostenible. Una lástima que esta peli manche la sección de Kurosawa. Ojalá sirva para desenmascarar a un poco director bastante poco parejo.
Pablo Conde

Pulse y Seance - Kurosawa por dos
Bastante difícil escribir sobre este pibe. Reconozco que se hace querer, que es esmerado, sensible y talentoso. Me lo imagino como esos muchachitos solitarios y temerosos del manga al estilo Evangelion o incluso de sus mismas películas. Pero... En algún punto sus pelis a la par que brillantes decepcionan, dicho rápido, no meten miedo como mete Ringu y para peor los intelectuales de esos que no nos gustan se las están apropiando. Por suerte no se lo tragan del todo y dicen que es un director desconcertante, lo que debe leerse: che pero hace pelìculas de terror, ¿eso no es demasiado popular?. Son películas excelentes pero que no tratan del miedo sino que tratan de la soledad (Pulse) y de la culpa (Seance), y se sabe que el género hace al espectador. Entonces es un tironeo; unos lo quieren traer para el lado de, digamos, Tsai Ming Liang, otros lo quisiéramos más del lado de Ringu. No sé, estaría bueno saber qué opina el espectador medio de pelis de terror. Estaría bueno.
Dj Malhumor

 
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