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| Bienvenidos: una introducción al maravilloso mundo del encierro afuera... | ||
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| Estoy releyendo ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? (What do we talk about when we talk about love?), de Raymond Carver, con la excusa de leerlo en inglés, aunque la realidad se acerque más a la autoflagelación. Carver tiene la capacidad de hacer que el lector se sienta totalmente desolado, algo que pocos artistas logran con tanta efectividad. Volver a Carver es volver a escarbar dentro de uno. Es un viaje de ida, pero en un colectivo sin aire acondicionado, por el medio de un paisaje desierto, de noche. Con las luces apagadas. Y una gorra gastada con la visera hacia atrás. Y chicle pegado en el asiento. | ||
| Hace
poco, una chica se ofendió tras escucharme decir sin pensar –algo
que hago con una terrorífica frecuencia– que los
libros son un lugar seguro a donde volver. Se ofendió
en serio, diciendo que esperaba otra cosa de mí. En realidad, creo
que eso es una verdad a medias: hay libros que son lugares seguros, y
otros que son tormentas aún más indomables en la segunda
que en la primer lectura. Lo mismo pasa con las películas, con
la música y con cada expresión artística y/o comercial
con la que nos topemos. Se puede volver a ver las películas de John Hughes porque siempre Molly Ringwald
va a quedarse con el muchachito indicado, tras un par de obligadas vueltas.
O se puede volver a una letra de Nick Drake que tiempo
atrás tenía un significado y ahora, después de lo
recién vivido, se transforma completamente y pasa a ser una cosa
aún más trágica, o aún más feliz (y
créanme, hay canciones felices dentro de la discografía
de don Nicolás Drake). |
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| La idea que tenemos acá,
en encerrados afuera, es hablar de todo
lo que nos gusta, nos repele o nos es indiferente, de lo que
disfrutamos y de lo que sufrimos, un poco por compartirlo y otro poco
por evitar que otros la pasen mal. Porque todos los que escribiremos
aquí
nos enojamos, reímos, amamos u odiamos a los autores o intérpretes
de las distintas obras. Trataremos de evitar que las notas que se vean publicadas por estas páginas sean vistas como grandes verdades. No es el tono que buscamos, así que no duden en avisarnos cuando crean que nos zarpamos en algo (para eso existe el mail, amigos!). Odié, odio y odiaré las publicaciones en las cuales uno nota como los cronistas se masturban mentalmente con sus propias palabras. No nos interesa llegar a eso, lo que no quita que haya análisis profundos o informes complejos por aquí o por allá. También agradeceremos las colaboraciones: contacténse con nosotros si quieren enviarnos algo que acaban de escribir, si es en la –difusa– línea en las que nos manejamos, ¡bienvenido! Nuestro
nombre viene de lo que, creo recordar, son las palabras de Carver con
las que concluye uno de sus cuentos: una pareja de personas grises, cuida
el departamento de sus vecinos, los que viven la vida a pleno, mientras
estos están de vacaciones. Tras descubrir que los dos, a escondidas
del otro, soñaban con dejar de lado sus vidas
y ser un poco como los vacacionantes, terminan en el pasillo del edificio,
mientras que la llave de sus vecinos queda del lado de adentro del departamento.
Carver concluye -si mal no recuerdo- diciendo que "así
es como se quedaron encerrados afuera" (las comillas son un atrevimiento
mío). Así que, bienvenidos. Va a ser un largo viaje si todo resulta
bien. Esperamos poder disfrutar de vuestra compañía durante
todo el trayecto. Y por favor, no duden en despertarnos si cabeceamos
o en darnos charla para mantenernos atentos. Se agradecen los mates con
bizcochitos.
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