agenda |comics | discos | editorial | festivales | fastfood | música | living | pelis | recitales | tevelandia | wonderland

.::DISCOLANDIA/
Hoy: Desterrados y desesperados del mundo uníos - El disco más nuevo en la guantera de B.J. McKay - Más temitas para el musicalizador de Resistiré - Un teutón se hace el latino y anima tu partuza cul
>> Tram - A kind of Closure  


La invitación más refinada a la melancolía desde Red House Painters. Paul Anderson, el muchacho detrás de todas estas canciones, es el tipo de hombre que buscamos.
¿Cómo son estos hombres? Hombres que soportan de manera difícil las cargas del machismo que le imponen las mujeres. Hombres que soportan mal la expulsión del paraíso. Hombres que soportan mal el ruido y los comentarios groseros. Hombres que pasan largas horas con la mirada perdida en la nada. Hombres pudorosos.
Un artista de nuestro tiempo que se sustrae del mismo. Esa es la apuesta y desafío. Pertenecer y no pertenecer a este mundo, componer canciones a cambio de nada. ¿Que cómo lo sé? Leo el pensamiento entre las letras (entre la a, la e y la u). Adelante una voz distraída y que canta como le sale (muy bien). Atrás paisajes electrónicos fabricados con instrumentos análogos (¿alguien podría explicarme de qué se trata?) I feel so out of date, como dice en una de las canciones. Para los que les gustan atar cabos, este disco (y todos los de Tram, creo) lo produjo Simon Raymond, el gordo de Cocteau Twins. Dime a quién produces y te diré quién eres. Quienes ya habían quedado hechizados con One I was, canción de Tim Buckley hecha a medida, y ese maravilloso disco que es Frecuently Asked Questions, no serán defraudados por esta nueva entrega, a pesar de que sea más convencional en su instrumentación y un poco más quejosa en su lamento. Paul Anderson pertenece a esa clase de crooners como Brian Ferry, David Sylvian y el mismísimo David que jamás van resultar pesados, y sus quejas, mucho más que lamentar (envidia de los hombres), seducen. A aquellos que hoy lo descubren, les envidio ese primer día de amor en que se descubre que no todo es viejo bajo el sol.
Hombres a los que les ajustan los zapatos y nos convencen de todo.
Hombres con demasiado charme para un mundo que soporta mal la belleza.
El problema con estos tipos es que nunca quieren casarse, blup!

Miss Mundo

En pocas palabras: Elogio de la desesperación. Canciones finas del destierro.
Recomendado si te gusta: Spain, Lambchop, Red House Painters, Slowdive, Travis lento, David Sylvian sin el malhumorado de Fripp.
Para escuchar: Si estás demasiado feliz y tenés miedo de parecerte a cualquier estrellita de la tele.
Dijo Víctor: ¡A este lo tendría que agarrar la barra brava de Chacarita!
Linkología: http://www.jetsetrecords.com/ecards/tram.html



 
>> Songs: Ohia – Magnolia Electric Co.
¡Qué lindo que es escuchar por primera vez a una banda de la cual uno lee crítica tras crítica a favor!. Y qué lindo coincidir con ellas. Lindo y raro.
Jason Molina, fundador, compositor y único miembro estable del proyecto Songs: Ohia puede ser comparado con un Bruce Springsteen, un Bob Seger o, en un caso de extremismo extremista, un John "Ya-no-más-Cougar" Mellencamp. Sin embargo, sus estructuras compositivas lo acercan más a Neil Young, a Lambchop, a empresas un poco más ambiciosas, más arriesgadas. Con una clara influencia del rock setentoso y un fortísimo olor a establo estadounidense, Molina crea climas cargados de guitarras que juegan todo el tiempo con los límites entre el country, el rock alternativo y el folk, definiéndose hacia uno u otro lado en cada track, en cada coro, cada golpe de la batería, pasada del violín o aparición de la mandolina.
Cargado de melancolía campechana, con canciones tan poco pretenciosas como directas, este disco sería uno de los más amigables para el nuevo oyente. O sea, aprovechen si aún no escucharon a la banda; dan ganas de conseguir sus trabajos anteriores, discos, EPs y todo eso.
Magnolia Electric Co. es un excelente intento de democracia musical que le da paso a gente como Jennie Benford, que canta en Peoria Lunchbox Blues casi como si fuera la larguirucha Chan Marshall de Cat Power, dejando ganas de un dream-team Molina-Marshall. Lawrence Peters, en The Old Black Hen, arrulla esa "canción de cuna de mala suerte", un clásico del género. Ni siquiera la presencia de quienes, con maestría, ejecutan los instrumentos pasa desapercibida, gracias al productor del disco, un tal Steve Albini, comocido por sus trabajitos en Nevermind, Surfer Rosa y Rid Of Me, algunos títulos que no necesitan más aclaración.
El disco empieza y termina con dos canciones que superan los siete minutos de duración, cerrando un poco el concepto: el track 8, Hold On Magnolia es una rendición ante los pies del Oh Sagrado Espíritu del Country, mientras que el track 1, Farewell Transmission debería figurar en todos los rankings de rock alternativo del mundo, obligando a muchos de nosotros a que se nos pegue ese "long dark blue... listen" que cierra el tema. Si no me creen, consíganlo. No sólo no se van a arrepentir sino que me lo agradecerán.

Pablo Conde

En pocas palabras
: ¡Eso sí que es pereza! ¡Lee lo de arriba que son pocas palabras!
Recomendado si te gusta: Lambchop, el bife de chorizo.
Para escuchar: A toda velocidad en tu Ford 100, con los faros prendidos, de noche.
Dijo Víctor: ¡Sacá a ese grasa que me da fiebre de heno!
Linkología: http://www.songsohia.com/



>> The sea and cake - One bedroom
The sea and cake es un grupo al que le tomamos cariño. ¿Cómo no íbamos a querer a un grupo con ese nombre? Como los muchachos del heavy metal aman la letra k (curiosamente oficialista en estos tiempos) nosotros amamos un poco la inteligencia y el sentido del humor, pero muchachos, en cualquier momento nos aburrimos, ¡hagan algo por favor!
Yo sé que no es un argumento en contra (es más, puede ser a favor) pero sus discos se parecen demasiado entre sí y dentro de sí mismos (lo que es peor). Esa intranquilidad color pastel se repite lo mismo que ese organito que les gusta tanto. Es curioso que el fantasma de lo mismo sobrevuele a un grupo emparentado con lo diferente por vocación. El mismo problema tenemos a veces con Tortoise, por ejemplo, con quien comparten promiscuamente baterista y transitivamente una obsesión por ciertos ritmos. El conjunto del disco adquiere por momentos un tinte monocorde, un poco como locutor en piloto automático. ¿Le vamos a echar toda la culpa por ello al cantante? No estoy muy convencido que así sea. En algún momento asoma una ironía que nos trae antiguos sabores Pavement, en otros The sea & cake me parece un Tahiti 80 para intelectuales, o al revés, Tahiti 80 es un sea & cake para oyentes remolones y un poco proclives a placeres inmediatos. En todo caso los dos tienen sus excelentes momentos, aunque por supuesto, los coqueteos jazzísticos vuelven a los muchachos de la torta bastante más adultos. En fin.
Una a favor, muy a favor es la inclusión de ese funky del planeta Marte que es Sound & Vision del querido Bowie. La versión destila demencia en su serenidad. Parecería imposible en un grupo tan medido como ellos pero allí está la prueba, ¿o será tan sólo que es imposible versionar mal al maestro? Esa es la teoría de aquellos que un día se sorprendieron al descubrir que les gustaba la versión de Ashes to ashes hecha por Tears for fears!! ¡Quelle horreur, me gusta Tears for fears!! Seamos justos, aquí hay mucho más y entonces sea & cake te damos otra oportunidad, ¡pero no abuses de nuestra paciencia!

Santiago B.

En pocas palabras: Un disco que puede levantar la cotización de tu departamento, sofisticado aunque un poco muzak.
Recomendado si te gusta: Tortoise, Tristeza, Japan Cakes (claro!), Mogwai.
Para escuchar: Cuando esa muchacha de pelo muy corto y vestimenta europea toca a tu puerta.
Dijo Víctor: ¿Le podés pinchar el culo a ese cantante?
Linkología: http://www.theseaandcake.com



>> Señor Coconut – Fiesta Songs
El alemanote Coconut ataca de nuevo. Pero bajen el pánico: esta vez apenas sale airoso. El primer disco, cover tras cover de los otros alemanotes, los Kraftwerk, era una excelente relectura en clave polkosa de una banda pionera de la tecno music, un álbum para recomendar aclarando que de ahí había salido el tema del dandy de la bebida esa. En este caso, Coconut se malcopa y hace un disco que no está mal, pero no deja de parecer un chiste contado por segunda vez. Sí, hay algunos chistes que la segunda vez también resultan graciosos, pero no sé si este es el caso. La elección de temas no está mal y su readaptación es impecable, pero ya está muy muy muy visto. Oído, quise decir, perdón. Está bien, es gracioso escuchar Smoke On The Water, Riders On The Storm y Smooth Operator en versiones mambo o chachachá, pero el disco no tiene la consistencia del anterior, ni la cohesión, ni la coherencia, ni la coerción. Sí, ya sé esa última palabra está de más, sólo quería ver si me seguías atentamente.
Eso sí, escuchar este disco sin bailarlo es un poco tonto. Porque como bien dice su título, son canciones para fiestas. Sólo para fiestas. Al ponerlo de fondo para escribir estas palabras, Víctor se adelantó y quiso agregar su opinión de antemano diciendo "¡otra vez este disquito!". Y por primera vez coincido con él: si uno no baila al escucharlo (ya sea porque escribe un comentario sobre el disco o se pregunta quién cortó la página del rubro 59 del Clarín), está incurriendo en un error. Este disco no es para escuchar, es para bailar, tema más, tema menos. Para sentirse cool delante de los amigos y conocidos por tenerlo. Un disco que se acaba cuando el último de los invitados vomita sobre tu alfombra o se pone la pantalla de la lampara como sombrero: o sea, para escucharlo hasta que la fiesta deja de ser divertida.
Si este disco ha sido de tu total agrado y te parece algo como para escuchar seguido, además de recibir desde mí una simpática puteada, te recomiendo que compres una colección de discos que venden por Corrientes a precio conveniente, llamada Space Age Pop. No tiene desperdicio y nunca pretendió ser cool y todo eso.
¡Ah! Me pregunto si Michael Jackon escuchó el remozado cover de Beat It y qué opina al respecto. Al escuchar esa versión sí que me reí. Aunque una sola vez...

Pablo Conde

En pocas palabras: "A bailar que se acaba el mundo" diría el bigotes de Baccarat, mientras se refriega las manos y escucha atentamente.
Recomendado si te gusta: Bailar chachachá.
Para escuchar: Bueno, por esta vez no escribiré cosas obvias.
Dijo Victor:  ¡Si Emilio canta Las maracas de Machín una vez más, lo estrangulo!
Linkología: http://www.multicolor-recordings.de/senorcoconut/



Los discos comentados en esta sección son cortesía de Oíd Mortales, Corrientes 1145 Local 17. ¡Gracias, chicos!
 
.:: encerradosafuera.com.ar - made in b.a., argentina - 2004 - contacto: correo@encerradosafuera.com.ar ::.