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| >> Be
Here To Love Me. A Film About Townes Van Zandt (banda de sonido original
de la película) |
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| Vení,
vamos a la montaña que te cuento un secreto... |
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| Con la excusa de ser
la banda de sonido del documental sobre la vida de Townes
Van Zandt (que, por una de esas intervenciones divinas
que tienen lugar cada tanto en Buenos Aires, pudo verse en el último BAFICI con
la directora Margaret Brown presente), Be
Here To Love Me reúne lo más destacable
de la obra de este singer-songwriter cuyas canciones fueron grabadas,
entre otros, por Tindersticks, Nacho Vegas, The
Cowboy Junkies (sus fans número uno), Norah
Jones y virtualmente todos los cantautores texanos desde Willie
Nelson en adelante.
La historia de Townes Van Zandt es la de un texano
atormentado, nacido en el seno de una de las familias tradicionales
del estado de George
W., que a lo largo de su vida fue abandonándolo casi
todo (comodidades, estudios, esposas y, sobre todo, a sí mismo)
para perseguir su sueño de salvar al mundo con una canción.
"Me gustaría alterar el curso del universo, volverlo
un lugar más feliz. Sin muerte. Sin enfermedades. Sin depresión"
dijo Townes alguna vez y, si bien no parecen tener la virtud de vencer
la fatalidad de la muerte, sus canciones -como toda buena canción-
tienen éxito en eso de hacer más llevadero nuestro
paso por este mundo. Y no es que sean canciones felices. Tampoco
son canciones tristes con letras de autoayuda del tipo Everybody
Hurts de R.E.M. o Don't
Give Up de Peter Gabriel. Más bien,
todo lo contrario. La mayor parte del repertorio de Van
Zandt está compuesto
por canciones folk totalmente desesperanzadas, abarcando un rango
que va desde la melancolía hasta la depresión. Son
canciones que, como las de Nick Drake o Elliott
Smith, tienen la capacidad
de que una persona deprimida se sienta un poco mejor (Townes solía
comentar con orgullo que la mitad de las cartas de fans que recibía
provenía de hospitales psiquiátricos) o de que alguien
que gusta de este tipo de canciones se sienta como en casa.
En pocas
palabras: Hay que tenerlo. Parecido al primer Bob
Dylan, pero con
acento sureño, sin la pose de canchero y mucho
más triste.
Para escuchar: Preferentemente, solo.
Recomendado si te gusta: Jay
Farrar, The Cowboy Junkies, Will
Oldham,
Jason Molina, Nick Drake, los
dos primeros discos de Elliott Smith.
Dijo Víctor: ¡Pare
de sufrir!
Linkología: www.townesvanzandt.com/ - www.townesthemovie.com/ Nicolás S.
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| >> Popdylan
- Hacé algo lindo mientras puedas |
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| All
you need is pop (y un poco de ¡plop!) |
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Siempre es un alivio
descubrir que detrás de un nombre ingenioso hay algo que
lo sustente.
Y también es un alivio descubrir que aún hay gente que usa sus
influencias como caballito de batalla, tanto ideológíca como
comercialmente. Pero, por sobre todo, como una forma de hacer. Declaración
de principios, lo llaman algunos. Y de eso se trata el disco debut de los Popdylan:
una hermosa colección de canciones pop, guitarreras al extremo, felices
y dicharacheras, de esas que te hacen sonreír como un idiota cuando
cantás los pegadizos coritos.
Líneas de bajo jesus&marychaineanos, guitarras pavementeras, baterías
ramoneras, además de una simpática y constante paredcita de sonido
spectoriana, hacen de este un disco homenaje a estas y otras tantas influencias.
Quizá el único momento en que esto les juega un poco en contra
es en alguna que otra melodía que recuerda demasiado a Belle & Sebastian.
Pero ¡hey! ya desde la tapa del disco está claro que es una importante
influencia para la banda.
Muchas de las letras son fotografías de momentos puntuales de la vida
de personajes un poco a la deriva, con decisiones importantes entre las manos
o al borde de rupturas amorosas, lo que remite directamente a los Belle,
pero trasladados a América latina. En vez de Mary Jo, Judy ó Seymour,
acá nos encontramos con Esteban y con Diego,
y con otras historias que pordrían ser la intersección exacta
entre los caminos de los Smiths, los Belle y
los cuentos de Carver.
De las doce canciones que tiene el disco, quizá los mejores momentos
están en las primeras tres: Sarah, el hit instantáneo; Roma,
con sus palmas contagiosas y Spector, con sus guitarras y
castañuelas directamente arrancadas de Then He Kissed Me,
ese gran himno adolescente.
En resumen, un disco feliz que vale la pena visitar.
En
pocas palabras: Una catarata de canciones cargadas
de felices nostalgias.
Para escuchar: Saltando sobre la cama,
susurrándole los coritos al oído a alguien especial.
Recomendado si te gusta: todo lo arriba
enumerado.
Dijo Víctor: ¡Loco,
qué ladrones de guante blanco!
Linkología: www.popdylan.com
Pablo Conde
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>> Mataplantas
- El sueño del hombre pulpo |
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| ¡Mamá Pulpa! |
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Detrás de este título
de trasnochada película clase b se esconde una de las más
agradables sorpresas del 2005.
Cuando los escuché por primera vez pensé en Puerto Deseado o Puerto
San Julián, ciudades costeras de nuestra Patagonia con
recuerdos de naufragios, clima hostil y viento en la cara durante todo el año,
con costas desoladas, faros a la vista y gaviotas que te sobrevuelan como cuervos,
paisaje muy parecido al de ciudades costeras del Mar del Norte o
del Mersey que tanto le sugirió a The Coral,
la gran banda de inspiración acuática de los últimos años
y referente en algunos momentos de este disco. Ciudades tan cercanas a Las
Heras, la capital nacional del suicidio adolescente (lean si no Los
suicidas del fin del mundo de Leila Guerriero).
Lo raro es que los Mataplantas son de La Plata,
ciudad sin algas ni agua salada. Es un misterio saber cómo se las arreglaron
para llegar a hacer este gran disco de acantilados y playas, playas oscuras y
también fluorescentes, arena en los pies en el atardecer es lo que piden
en sus momentos más luminosos, que son tantos y tan buenos como los sombríos.
Ritmos y letras que remiten a Peligrosos Gorriones, voces que
a veces recuerdan a El Otro yo y por momentos (los más
pop) a Turf, pero con onda, lo bueno es que después de
un par de escuchadas esto no molesta y uno enseguida se olvida de Joaquín
Levinton y piensa más en los hermanos Wilson.
El sueño del hombre pulpo está impecablemente
producido por Volco que también aporta coros
y teclados, hay muy buena presencia de guitarras ¡y theremin
bien usado! (impactante aparición en Velado Vivo,
el gran momento de sicodelia marítima, que luego de un "los
días que fueron / me vuelvo a matar" desesperado
y tanguero estalla para llevarte a sobrevolar el mar argentino a
ras del agua para que no nos detecten los radares, el theremin nos
mantiene en suspensión un rato largo hasta que aparece un "gigante
colgado en la misma pared").
Canciones angustiantes, perfectas para estos días apocalípticos,
y por qué no válidas también para los apocalipsis personales,
como Cuervo, la que estaba en repeat en mi mente cuando me desperté hoy: "Yo
me duermo y me despierto de un susto/ y pienso en las canciones que por la mañana
no le cantaré a nadie". Grandes hits para auriculares y viajes
matutinos como el guitarrero El día de los muertos y
el irresistible Infinito. Hay una canción de cuna (Angelitos),
un par de instrumentales sugerentes y un final épico y optimista: "y
al final del mundo alguien nos puede esperar/ con todo listo para festejar/ porque
en el universo hay/ planetas para conquistar". El tema se llama La
mejor de las fiestas, dura nueve minutos y cierra perfectamente un disco
ciclotímico y saludablemente pretencioso.
En
pocas palabras: Oscuros y luminosos por igual. Uno de los mejores
debuts en mucho tiempo, que sorprende por su madurez.
Para escuchar: A volumen alto (suena mucho
mejor), haciendo snorkelling en el jardín del pulpo, perdido
en la isla de Gilligan (¡que es la de Lost!,
pero cuando están empepados).
Recomendado si te gusta: Jacques
Cousteau, The Waterboys, The Coral, Peligrosos
Gorriones, los Beach Boys drogones, El
pulpo negro y Viaje a lo inesperado.
Dijo Victor: Por un fin un grupo nuevo
arty, dark y ... ¡que no se parece a Radiohead!
Linkología: www.mataplantas.com.ar
Jack Perdido
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| >> Kate
Bush - Aerial |
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| Canciones
de una ama de casa desesperada |
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Es ella. La que me ponía
la piel de gallina con eso de don't give up, we are proud of
who you are. Un no sé qué en su voz hacía
que le creyera. Eso que tienen las canciones cuando son de verdad,
o cuando funcionan como si lo fueran.
Es ella, Lady Kate Bush, pero del otro lado del tiempo. Both
sides now. Después de tantos años, emerge con un disco doméstico,
pero no por eso menor ni tonto. Una suerte de sinfonía doméstica,
si no sonara pomposo. She' s a big girl now, y nos trae un disco hecho desde
la cocina que eleva la cocina a la condición de castillo. Pinta el universo
de puertas adentro a lo Emily Dickinson, dándole a cada
detalle el interés que se merece. Las nubes, la ropa colgada, las palomas,
la sonrisa de su hijo. Las voces de los chicos, las nubes otra vez. Los números,
los colores, las canciones. La lluvia desde la ventana. El mundo desde la ventana.
El lavarropas. Milady no necesita que nadie la rescate de la torre; ella eligió estar
ahí.
Desde esas cumbres ahora límpidas, Lady Bush saca a su
otro yo: Mrs. Bartolozzi. La señora de al lado, la amable
ama de casa suburbana. Pero sabemos su secreto: Mrs. Bartolozzi esconde
al monstruo intacto. Ahí está ella, colgando el espíritu
en la soga del patio.
Un disco desde adentro, en la senda de las canciones de Joni Mitchell pero
más calmo, cerca de los cuentos de Lorrie Moore pero
mucho más feliz. Un disco profundamente femenino, con el centro del misterio
pudorosamente escondido en el lavadero. Ropa colgada y palomas. Y la voz contenida
ahí entre la ropa sucia, y una luz de atardecer, y una nena con tinta
china atrás de una ventana, mirando a los ojos hacia adentro. Y el piano.
What a lovely afternoon. La luz de la tarde que cambia, esas cosas.
Canciones pegadas entre sí, suavemente encadenadas, por su música
y por su letra y por su color y por su espíritu. Ligadas como una tarde
que se hace noche, como si fuera todo el tiempo la misma canción.
Canciones sobre cómo hacerse invisible (que no es lo mismo que desaparecer,
más bien es una suerte de truco óptico, un confundirse en la luz).
Canciones sobre Juana de Arco. Canciones sobre qué se siente poner la
mano sobre el costado de un bote. Sobre el mundo limpio y vacío, como
recién hecho. Canciones de agua y de aire. Y la canción del atardecer,
con coro.
Kate Bush hace cosas que ya nadie hace. Y le quedan bien. Hace un disco que se
llama Aerial, con imágenes de un atardecer dorado, de reflejos
sobre el agua, y –increíble– no es una porquería new age.
No sé por qué le creo, pero le creo. Me parece que es algo en su
voz. Aerial. Aéreo. O mejor, etéreo. De aire, o mejor, de cielo. ¿Cómo
hacer canciones de cielo sin quedar más cursi que Rubén
Darío? Ahhhh, no sé. Pregúntenle a Milady.
Y cuando llega el canto de pájaros en directo, pájaros del crepúsculo,
lo siento, tengo que dejarlos. Tengo que subirme al tejado. Ya. Aunque tenga
que salir a buscar un tejado especialmente. En
pocas palabras: Íntimo e interactivo. Aéreo
y acuático.
Para escuchar: En el atardecer de un
domingo de lluvia. O en cualquier atardecer. O en cualquier lluvia.
O en cualquier domingo.
Recomendado si te gusta: Los cuentos
de Lorrie Moore. Spinetta Jade. Joni
Mitchell. Laurie Anderson. Colgarte
a mirar los cambios de luz.
Dijo Víctor: ¿De
qué secta se escapó esta? Pero andá a
lavar los platos...
Linkología:www.katebush.com
Marcela Basch
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| >> J.
Mann - Too Much Theatre |
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| Yo
hago teatro pa' no pagar sicólogo, viste... |
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| Qué gusto da toparse con discos como este. Un cd-r sin mucha
pretensión pero con mucha ambición, de la sana.
J. Mann es el alias que, por el momento, está usando Jordan
Mitchell, canadiense de nacimiento, español por adopción,
tras una gira mundial de esas que uno envidia, de las que se aprende
en serio. Trotamundos incansable, Mitchell encontró en
Barcelona un buen lugar para acampar por un buen rato, formar una
banda llamada The Customers -junto a dos argentinos
y un catalán- y deshacerla en buenas migas para dedicarse
a su carrera solista, guitarra en mano.
Too Much Theatre es su quinto disco, poblado de
melodías folk de espíritu low-fi, con una voz juguetona,
de esas en las que se nota que la están pasando bien, sin
necesidad de cuidar los modos, que para eso hay una industria entera.
Porque la corrección técnica en cuanto a lo vocal le
sacaría la emotividad, algo que puebla todo el disco, dando
una sensación de frescura que muchos matarían por tener.
Si bien su música tiene un punto de encuentro medio extraño con East
River Pipe, la "banda" de FM Cornog, el espíritu
con el que encara su carrera es muy similar a la de aquel: autoproducción,
autosuficiencia compositiva y, ante todo, autoindulgencia temática. A J.Mann le
da lo mismo cantarle a un perro conocido que le ladra seguido, como a una ciudad
que parece ser un set fílmico, respetando los climas que cada cosa requiere,
por supuesto.
El disco está lanzado por Middle of the Road Records,
el sello del mismísimo Mitchell, un buen motivo para
apoyar la movida independiente de ¿España? ¿Canadá?...
A mí me encantó This City Is A Movie
Set, el tema que abre el disco (que se puede bajar del sitio
oficial), pero me terminó de enganchar el segundo track, Pantleg,
que recuerda un poco a un temita de Crime & the City
Solution, lo suficiente como para ya simpatizar con este
personal cantautor. Porque sí, amigos, algunos parecidos nos
hacen sentir en casa. Y si bien -gracias a Dios- no todas las canciones
del disco recuerdan a algo, sí hay en ellas una tremenda sensación de
familiaridad. Eso vale. Y mucho.
En
pocas palabras: Un simpático disco que
no te cambiará la vida pero tampoco busca hacerlo.
Para escuchar: Con auriculares en momentos
de altibajos emocionales.
Recomendado si te gusta: East
River Pipe, Josh Rouse, Freedy
Johnston, algo de Syd Barrett.
Dijo Víctor: ¿Demasiado
teatro? ¿Demasiado teatro? ¡Andá a cantarle
a Gardel, piscuí!
Linkología: http://www.middleoftheroadrecords.com/jmmusic.htm
Pablo Conde
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| >> Nuevo
versión 1.0 |
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| A
mí me gusta la escena detergente |
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Lindo disco el del ciclo Nuevo.
Un viaje que nos lleva por ese mundo ancho y nunca bien explorado
que es el under / escena emergente / circuito indie (tachá las
definiciones que no te gusten o agregá una nueva).
Disco informativo, buen souvenir de esta época, un disco para recordar
algunos buenos momentos vividos en la sala A-B del Teatro San Martín.
Y por qué no, un disco que alimenta algún debate: ¿Nuevo?, ¿Que
hay de nuevo? ¿Acústicas y canciones de amor?
Algo así. Bandas de varios estilos que orbitan alrededor del pop conviven
sin chocarse, ningún tema desentona mucho con el anterior ni con el siguiente
y esto es mérito del que armó el playlist.
Veamos rápido que hay: la apertura es con Una casa, una
canción inédita de Bicicletas que me hace acordar
a algún no hit de Pablo Honey. Inmejorable comienzo que
da pie para el saludo neo hippie de Ezequiel Borra. Sigue la
balada Amor de Rosal y luego el viaje se va
poniendo intenso de a poco, del júbilo centroaméricano de Los
Cocineros pasamos a un atardecer melancólico en el Tigre con Hamacas
al río y de ahí a la desértica nocturnidad de Los Álamos y
de ese desierto tex-mex al desierto patagónico de Lisandro Aristimuño que
abre una seguidilla de solistas, todos muy distintos entre sí."Cada
segundo para mí es egoísmo puro" canta Coiffeur en
una de las grandes canciones del año pasado y enseguida llega Florencia
Ruiz, esa chica tan rara para esta época, lo de ella necesita
de algunas escuchas para que el oído se acostumbre a su propuesta. Le
sigue Lucas Martí, otro personaje extraño para
esta época, aquí apareciendo en su faceta ultra pop. Luego Juan
Stewart nos trae un pasaje a los paisajes para celuloide que todos tenemos
en algún rincón de la mente, para después salir del ensueño
de un salto con Carmosina de Doris (sicodelia
mutante de las pampas).
Tres canciones de las buenas suenan en la recta final: Del lado del sol de Rubin, Fin
de fiesta de Valle de Muñecas y la canción
para marineros borrachos de Pablo Dacal y su Orquesta de Salón.
Los títulos del final suben con Gustavo Lamas.
En
pocas palabras: Una buena postal de la escena
indie porteña de la mitad de esta década. Como
en todos los compilados, hay momentos mejores que otros, y
uno encuentra enseguida cuáles son los temas a saltar.
Para escuchar: en la terraza tomando
mate con los amigos, haciendo apuestas sobre el futuro de estos
artistas. Antes o después de Kid Art,
gran compilado de grupos nuevos que ayuda a completar el panorama.
Recomendado si te gusta: las bandas que
aparecen, sentirte parte de la escena.
Dijo Víctor: ¿Under?, ¿qué under? ¡el
under es distorsión, escupitajos y baños sucios,
man!
Jorge Pérez
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| >> Stevie
Wonder - A Time To Love |
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A
Stevie se le escapó la tortuga otra vez |
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Stevie Wonder cada vez se toma más
tiempo entre disco y disco y, escuchando sus últimos trabajos,
uno imagina que la mayor parte de ese tiempo se la pasa durmiendo,
comiendo, meditando sobre el sentido de la vida, escuchando el
programa de Leto en Radio Mitre; en fin, haciendo cualquier cosa
que no sea preparar su próximo álbum.
Luego de diez años de espera, A Time To Love arranca
y termina inmejorablemente con If Your Love Cannot Be Moved (un
tema que parece Pastime
Paradise versionada
por The Neptunes) y la canción que da nombre al disco
(cantada a dúo
con India.Arie). Por desgracia, todo lo que hay en el medio
es el relleno que Stevie le viene poniendo a sus discos desde
hace 25 años y que básicamente
contiene grasa: baladas jazz-pop, copias de Superstition y
temas R&B/New
Jack Swing con menos onda que Dante Spinetta.
En pocas palabras: Más mersa que la hija de Calabró.
Ideal para el programa de Bobby Flores.
Para escuchar: En la clásica "posición
Stevie": arqueando
la cabeza un poco para atrás, moviéndola hacia los costados descoordinadamente,
sin dejar de sonreir ni por un instante.
Recomendado si te gusta: Los discos de Wonder de los '80 y '90, las baladas
de George Benson, el R&B/New Jack Swing de la primera mitad de los '90
(Babyface, Maxwell, R.
Kelly, Blackstreet, etc.)
Dijo Víctor: ¿Este
era ciego o sordo?
Linkología: http://www.steviewonder.net/
Nicolás S. |
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| Los
discos comentados en esta sección son cortesía de Oíd
Mortales, Corrientes 1145 Local 17 |
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