Ciclo OJO DE PEZ - Cine en el Club Cultural Matienzo, Matienzo 2424 (altura Cabildo al 300) - www.cicloojodepez.blogspot.com - www.ccmatienzo.com.ar
Miércoles | Entrada $10
Selección y textos: Fernando Milsztajn  

PENDEJOS
¿Por qué siempre prefiero ver una de Adam Sandler antes que una de Fassbinder? Tengo que abandonar mi pereza intelectual. El otro día vi una película que me movió algo ahí dentro. No fue cómodo ni fácil, pero me hizo pensar. Y sentir. Decidí programarla y cambiar otras tantas cosas. Basta de ahorrar películas. Cierto, el invierno trae menos público y tal vez grandes funciones pasen desapercibidas, pero voy a poner toda la carne al asador, sin especular. Y olvídense de las gacetillas informativas. Escribiré lo que me pasa cuando veo cada película. Hay que volver a las raíces, hacer lo que nos de la gana. Total, ¿quién está leyendo esto? ¿Usted? ¿Y a usted le molesta? Ah, la temática es de Pendejos. Creo que se entiende. Si no, avisame, y te la explico.


Miércoles 27-jul  Os famosos e os duendes da morte, de Esmir Filho (2009)
Acá tenés la película que generó el texto de la temática. La que me abrió el pecho y me hizo sentir más de la cuenta. Tuve que pararla tres veces para pensar en cosas que nada tenían que ver con la película. Puede que sea yo, o lo que había fumado, pero si un obra te hace reflexionar y tomar decisiones acerca de tu propia vida (aunque nunca las lleves a cabo) vale la pena recomendarla.  
No estoy convencido de que sea excelente, pero de lo que sí estoy seguro es que nos recuerda lo fundamental que puede ser la fotografía y la iluminación para transmitir emociones. Que tiene una sensibilidad adolescente desgarradora y una de las mejores escenas de amigos con marihuana. Que es la ópera prima de un director brasilero al que habría que prestarle atención. Y que te hunde tanto en un clima que a veces hasta se hace difícil seguir una historia que tiene a dos pendejos, un suicidio y la muerte siempre flotando en la niebla. 



HIJOS DE PUTA
Nunca entendí al pavote que recibe agravios sin inmutarse hasta que le cantan Hijo de puta, y reacciona como McFly cuando Biff grita ¡Gallina! ¿Con mi madre no te metas? No entiendo. Si no la conozco a tu madre, ¡te estoy puteando a vos! Los insultos son palabras, el significado depende de nosotros. Y el Hijo de puta tiene una entidad que no se puede explicar de otra manera. Es la versión masculina de la Conchuda. Si pueden te la ponen y, sino, buscan la manera y te la ponen igual. El Hijo de puta y la Conchuda deberían casarse, mudarse a un país lejano y ser infelices para siempre. ¿Pero qué actor no soñó con ser Hijo de puta algún día? Son papeles que pueden eternizarte. Fijate sino los que quedaron afuera: Scarface, Keiser Soze, el Guasón, Dennis Hopper, Macri según Fito. Y en el cine, decime, quién no ama a un buen villano. Acá los tenemos carniceros, policías, bailarines, gangsters y, por supuesto, directores. Porque como en la vida, el verdadero hijo de puta siempe está oculto, manejando los hilos, detrás de cámara. 

Miércoles 03-ago Solo contra todos, de Gaspar Noé (1998)
Miércoles 10-ago Animal Kingdom, de David Michod (2010)
Miércoles 17-ago El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, de Peter Greenaway (1989)
Miércoles 24-ago Un maldito policía en Nueva Orleans, de Werner Herzog (2009)
Miércoles 31-ago Tony Manero, de Pablo Larraín (2008)

SOLO CONTRA TODOS
De Gaspar Noé
Tremendo Hijo de puta Gaspar Noé. Tenía que ser argentino. Recuerden sino el matafuegos partiendo el cráneo del violador en Irreversible o fúmense las quemantes tres horas y pico de Enter the void, esa genialidad que no me animo a programar. ¿Ética? ¿Qué es eso? Estamos haciendo arte. O shock. Ustedes decidan. Pero si de cada película se puede rescatar una escena, las de este autor serán siempre inolvidables pegadas al ¡qué hijo de puta! que las acompañan.

¿Qué vamos a ver? La manija sin pausa de un carnicero de cincuenta años, al límite, contando sus últimas monedas y sin el menor atisbo de moral en su conducta. Un pensamiento en off continúo de lo más hijo de puta que hay permitiéndose descargas de humor potenciado por interesantísimos efectos y movimientos de cámara. La sensación palpable de una cuenta regresiva: algo está por explotar. Y preparate: si sos mujer, vas a tener que taparte los ojos. Y si sos bien hombre, demostralo sin cerrarlos. 

ANIMAL KINGDOM
De David Michod
Cody mira la tele mientras su madre duerme por sobredosis de heroína. Llega la policía, ella muere y él cae a la jaula de leones de la que mami lo protegió mientras vivía: La Familia de la Abuela Pitufo. Con la misma tensión latente de la vida cotidiana de Los Soprano, este grupo de mafiosos simpáticos nunca se sabe de lo que es capaz. Para saberlo, metete en su camino. Pero mejor no saberlo, porque los códigos no tienen lugar en el reino animal: allí rige el instinto de supervivencia.

Basada en una historia real, cuando en los 80s los policías de Merlbourne bajaban criminales a gatillo fácil, este debut glorioso de David  Muchod tiene el talento del director invisible: no se ve su mano porque cada cosa está en su lugar. Todo está impecablemente situado al servicio de una historia de la que no se nos permite despegar los ojos. Y el anonimato de los actores australianos (pelados, aparentemente inofensivos, mal vestidos, domésticos) brinda un placer que no llega fácil en el cine: el de no saber qué esperar. Lo digo yo: esperen lo peor.   

EL COCINERO, EL LADRÓN, SU MUJER Y SU AMANTE
De Peter Greenaway

Mi película preferida a la hora del dígalo con mímica. El título permite jugar, no es tan conocida, y va al grano. En la pantalla, los títulos que dicen todo dejan picando la idea de que lo fundamental no es qué se cuenta sino cómo se cuenta. Y si hablamos de Peter Greenaway, un pintor devenido cineasta con rasgos surrealistas, el plan es sentarse a darse una panzada de los colores que dispone la fotografía y el vestuario en cada escena. Esa virtud visual merece el calificativo de Obra Maestra de parte de los críticos. Y a esas hay que verlas: algo tienen.

Acá el ladrón se da un banquete todas las noches en un restorán, sometiendo al chef, maltratando a su mujer, monologando contra el mundo. Un cerdo en pantalones, El Hijo de puta en cuestión. Imaginen el riesgo que corre el amante al coger en sus narices con la mujer prohibida. Analogía del Thatcherismo, ópera de los oprimidos, canibalismo y sexualidad. Todo eso embebido en Arte.  

UN MALDITO POLICÍA EN NUEVA ORLEANS
De Werner Herzog

El poster muestra a Nicolas Cage y Eva Mendes en un policial de esos que hay de a montones. Pero atentos: esta es una película de Werner Herzog. Y no sólo eso: es una reversión de Un Maldito Policía, donde Karvey Keitel la descosía como un policía corrupto que se hunde en el juego y las drogas buscando redención en la iglesia. Abel Ferrara se sintió robado al enterarse que harían una remake. ¡Y con Nicolas Cage! ¡Dios! Pero Cage tiene sus excepciones (El ladrón de orquídeas) y acá las supera a todas. Claro que el mérito es de Herzog, que se despega de la moralina de la original para llevarnos a un lugar con más locura de la imaginada. Lleva un tiempo enterarse que la trama es la excusa para que las escenas vayan siempre en otra dirección. Y cómo se disfruta cuando entramos en el juego. Esto es perversión pura, humor hijo de puta, sin culpas. Uf.

Hablando de Hijos de puta –el de Cage casi lo redime de sus bodrios-, el director alemán es de los más famosos que hay en el cine. “Cada cana que hay en mi pelo la llamo Kinski”, dijo alguna vez: “Nos respetamos mutamente, incluso mientras planeábamos el asesinato del otro”. En Aguirre, la ira de Dios, cuando el actor quería renunciar al film Herzog le puso una pistola en la cabeza obligándolo a hacer la escena. Estaba dispuesto a matarlo y suicidarse ahí mismo, dicen. Cierto, ya varios indios habían ofrecido a asesinar a Klaus por ser imposible en el set. ¡Hijos de puta eran los de antes! Y los de ahora, porque esta película es un ejemplo de que Werner sigue vivo, haciendo de las suyas.

TONY MANERO
De Pablo Larraín
El mayor mérito de Tony Manero es el Hijo de Puta que encarnó Alfredo Castro, un recio psicópata de barrio cincuentón que tiene la manía de parecerse a Tony Manero, el ícono de la música disco que engendró John Travolta en Fiebre de Sábado a la Noche. Pero detrás de la historia que se nos cuenta –algo así como una versión chilena absurda de Taxi Driver-; Pablo Larraín logra una interesante metáfora entre el protagonista y su país. La doble lectura la potencia.  

El director sigue de cerca a alguien –un hombre, una nación- que pierde la identidad en su obsesión desesperada por adaptarse a la cultura americana, al punto que termina siendo una caricatura de sí mismo. Alguien que se cree poderoso y a su vez es impotente. Filmada con nervio, riesgo y profesionalismo, resulta una grata sorpresa de ese cine latinoamericano que, por culpa de tanto tanque yanqui, a veces nos cuesta ver.

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